El duelo y la melancolía desde el film Melancolía, de Lars Von Trier

En esta oportunidad analizamos la distinción realizada por Freud entre el duelo y la melancolía tomando como referencia el film "Melancolía", dirigido por el eximio realizador danés Lars von Trier. Si quieres conocer más acerca de estos conceptos, te invitamos a leer el siguiente artículo...

El duelo y la melancolía desde el film Melancolía, de Lars Von Trier
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Sinopsis

“Melancolía” narra la historia de dos hermanas (Justine y Claire) y sus distintas reacciones ante el inevitable apocalipsis del planeta Tierra causado por la colisión con un planeta desconocido que se esconde detrás del sol, y cuyo nombre es "Melancolía". Partiendo de esta destrucción fnal, el relato se divide en dos partes: la primera muestra la celebración de la boda de Justine y su posterior caída en una severa depresión. La segunda está centrada en su hermana Claire, que reacciona de manera muy diferente ante la inminente catástrofe.

Introducción

El cine es una forma de arte en la que el tempo y el espacio son sus principales fuentes de expresión, pero ¿qué sucede cuando estos conceptos se distorsionan a través de la lente de la depresión? Una película que explora minuciosamente esta distorsión de la realidad es Melancolía, de Lars von Trier.

El flm constituye básicamente una representación cinematográfca de la depresión y la ansiedad. O mejor dicho, su visión de ella a través de un afuera (el planeta Melancolía) que nos permite observar la transformación de la protagonista.

Podríamos definir la melancolía como una profunda tristeza, sosegada y permanente, enmarcada en un tipo de depresión severa. Freud la defne como una reacción dolorosa ante la pérdida de un objeto amado que se sustrae a la conciencia, lo que psicoanalítcamente se traduciría por una carga erótica (libido) donde no hay constancia del objeto, sino sólo una suspensión de éste.

¿Qué le ocurre a un melancólico? ¿Por qué toda esa apatìa, ese abatmiento, ese cese del interés por absolutamente todo, incluida su propia persona? Para echar luz sobre algunas de estas cuestones, Freud comenzará comparando este estado patológico con su afecto análogo normal: el duelo.

¿Qué es el duelo?

El duelo es, según Freud, la reacción anímica dolorosa y desoladora que un sujeto experimenta ante una pérdida grave, que bien puede ser la de una persona u objeto real amado, o la de un ideal.

Frente a dicha pérdida, el sujeto, consternado y afligido, no puede más que apartarse de toda función no relacionada con la memoria de lo querido. En otras palabras, al estar el yo totalmente entregado al duelo, todas sus funciones y sus relaciones con aquello que no tiene que ver con lo desaparecido quedan inhibidas y restringidas.

No obstante, en un determinado tiempo y de forma paulatina, se espera que ese sentimiento sea vencido gracias a la labor de la tristeza. Dicha labor se explica, en términos económicos, por la sobrecatexis (sobreexposición psíquica) de cada uno de los recuerdos y esperanzas que constituyen un punto de enlace entre la libido y el objeto perdido, realizándose en ellos la sustracción de aquélla. Una vez concretada dicha sustracción, se espera que la libido se encuentre nuevamente disponible para adherirse a nuevos objetos.

Como se podrá advertir, si bien el trabajo del duelo (que Freud asimila a una especie de "examen de realidad") es costoso en tanto que los seres humanos nos hallamos en general poco dispuestos a abandonar cualquier posición libidinosa (más aún cuando ésta ha resultado satisfactoria) su elevado costo es también algo verosímil, tanto para el luctuoso como para el observador.

¿Qué es la melancolía?

La melancolía se parece al duelo tanto en lo que refiere a la causa como en lo que hace a la descripción del dolor. Pero a pesar de tales similitudes, en el cuadro del duelo y la melancolía habrá que señalar las diferencias que nos llevan a considerar al primero como algo perfectamente normal y necesario, y a la segunda como una patología inexplicable.

En la melancolía, si la reacción a la pérdida de un objeto amado la acerca al duelo, la diferencia radica en que esa sustracción es desconocida para el sujeto. La melancolía se caracteriza por ser, según Freud, una pérdida que se sustrae a la conciencia.

No se sabe a ciencia cierta qué es lo que se ha perdido con eso que se ha ido, con eso que ya no está. Es precisamente a causa de este motivo que la inhibición melancólica nos produce una impresión enigmática: porque no podemos inquirir qué es lo que cautva tan por completo al aquejado. Lo que sí advertimos, Freud nos señala, es el dato económico de la regresión de la libido objetal al yo.

Otro de los contrastes que Freud ubica como existentes entre ambos estados anímicos es que, así como en el duelo es el mundo el que aparece desierto y empobrecido, en la melancolía es el yo el que adopta esos rasgos. El sujeto ve perturbado su amor propio y se colma de autorreproches y acusaciones delirantes haciéndose a sí mismo objeto de un impiadoso castigo.

Una nueva frontera

Si la melancolía arrastra al yo, contribuyendo a empobrecerlo “hasta los huesos”, el bello film del director danés da un paso más allá en esta dimensión del dolor al contraponer la depresión como estado psíquico que acompaña el final de la vida.

Esa investdura de objeto que supone el desplazamiento libidinoso hacia formas regresivas que pasan a formar parte del núcleo del superyó y al que, de manera común, llamamos carácter, es precisamente lo que se manifesta en Justine, la protagonista melancólica, que experimenta una transformación hacia el sosiego cada vez que el planeta destructor se acerca a la Tierra: el apocalipsis ha llegado, no hay escapatoria y, por tal motivo, no hay nada por lo que sufrir.

Lars Von Trier subraya su mirada poétca de la depresión fundiendo la noción del tempo y del espacio. La apertura de la película consiste en una serie de dieciséis planos, cada uno de ellos consistente en una versión en cámara lenta extrema de los momentos seminales de la película.

Aquí vemos a Claire, la hermana de Justine, mientras vadea por el barro con su hijo en brazos; vemos asimismo a la Tierra alineada con un planeta rojo que resulta ser Melancolía. Esta cámara lenta radical evoca la parálisis de la depresión crónica, la incapacidad de levantarse de la cama. La imagen de Justine deslizándose en el suave lodo, atrapada en la bilis negra, o arrastrando ese vestido de novia que se funde en los tentáculos de lana putrefacta pareciera retratar de algún modo lo que se siente en una depresión severa.

Una vez que Justine se entera de que el mundo está llegando a su fin, su melancolía desaparece. ¿Aparece la fase maníaca? Su libido parece haber sido restaurada, traspasada en todo aquello que la hace sentirse serena, incluso lúcida, cuando acierta la cantidad de bolas que hay en el frasco sin vacilar.

La vemos voraz en la mesa, hundiendo sus dedos en un frasco de mermelada, lamiendo la dulzura pegajosa de la punta de sus dedos y luego comiendo chocolates, uno tras otro.

A diferencia de Claire y su cuñado, Justine no amaba al mundo y sus cosas. Su melancolía era, en efecto, una especie de "alergia" o hipersensibilidad ante un mundo que es, para ella, un mundo caído, un mundo de maldad y oscuridad. ¿Y por qué querría ella permanecer en tal lugar?

Melancolía y psicosis

La primera parte del film hace referencia a la vida insatisfactoria de Justine: su trabajo en la agencia de publicidad, su aumento de sueldo, su apuesto marido que no puede ver más allá de su apariencia, el campo de golf, la limusina, el infantilismo de su padre y el repudio de su madre hacia todo el mundo.

A partir de la segunda parte, Justine aparece en el film como la única que es capaz de "ver". De hecho, cuando llega a la mansión, se detiene y, como por intuición, mira al cielo y pregunta, "-¿Qué estrella es esa?". Su cuñado (interpretado por Kiefer Sutherland), un científco y sabelotodo que asalta a todos con comentarios y correcciones, responde: "Me sorprende que puedas ver eso". Ella ve una estrella que nadie más ve.

Si trasladamos la visión al terreno de lo sagrado, diremos que existe la idea de que cuando uno está lleno de Dios, puede ver lo que otros no ven. En este caso, Justine sería una especie de "santa". Ella ve la superfcialidad de la boda - los modales de la rutina, el calendario sin sentdo de los eventos de la boda, la insistencia en que sea feliz - y esta forma aguda de ver, casi la termina conduciendo a la muerte.

En efecto, pareciera que las visiones y la muerte se confunden la una en la otra para Justine, quien se consume en la oscuridad de la melancolía, eso inexplicable que la quiere muerta, mientras manifiesta sus visiones como víctima de los efectos de una droga que ella ha consumido -o que la ha consumido a ella-. La melancolía es el espectro de la muerte, que se avecina.

Conclusión

“Melancolía", de Lars Von Trier nos invita a reescribir el contrato entre duelo y melancolía. Apuesta por deshacer el camino de lo aprendido y nos invita a separar la relación dolorosa entre la pérdida de objeto en la conciencia y aquello que ocurre en el terreno de lo inconsciente.

Justine, la protagonista, entra en el tortuoso y ciego mundo melancólico para salir en busca de un duelo reparador, que no consiste sino en la aniquilación de ese mundo ciego en el cual ella solía sentirse "muerta en vida". 

En ese contexto psíquico de libido desplazada, la energía psíquica de la reparación le retornará con fuerza inversamente proporcional a la perdida en el duelo. La fase maníaca de la enfermedad, la hará entonces aparecer como una visionaria, hecho que se representa para ella como la aparente restitución de un nuevo ideal del yo.

Autor: Sergi Moreno Soler, alumno de la Academia de Psicoanálisis

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