Comentario psicoanalítico del film Memento, de Cristopher Nolan

A diferencia de la psiquiatría, el psicoanálisis propone pensar al yo y a la memoria como funciones que se relacionan de manera indisoluble con los afectos. Memento es un film dirigido por C. Nolan que ilustra claramente este curioso postulado. ¿Quieres saber más? ¡Adelante, continúa leyendo!

Comentario psicoanalítico del film Memento, de Cristopher Nolan
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Introducción: La institución de un yo racional

Desde René Descartes se instauró el pensamiento sobre el hombre a partir de un ente intensivo llamado “cogito”, monádico, contrapuesto a las expresiones ónticas extensas o físicas, ubicables en un tiempo y espacio (sea esto el plano cartesiano) susceptibles de separar y sintetizar.

Dicho cogito se relacionaba con las facultades racionales del hombre, aprehendiendo ideas y autopercibiéndose. A través del famoso “pienso luego soy” vemos como del contenido del pensar (o noema) pasa al nivel de la ideación (o noesis) y cómo de allí pasa a la ubicuidad del pensar.

La puridad del yo quedaba así asociada a la capacidad de pensar y ser consciente. Por ello, en el pensamiento occidental la conciencia implica lo racional. Ahora bien, vemos a partir de Kant cómo los contenidos del pensar son filtrados por condiciones del mismo, estéticas, lógicas y dialécticas: No todo pensamiento es igual.

Sin embargo, las fisuras del yo adquirieron su pleno desborde a partir de los "pensadores de la sospecha": con Nietzsche aprendimos que el sistema moral occidental, en sus máximas de conducta, es quebradizo; con Marx, que las relaciones socioeconómicas condicionan la consciencia del hombre y con Freud apercibimos la existencia del inconsciente y la división subjetiva.

El discurso como configurador de la identidad

El relato con que se instaura el yo cartesiano versa sobre el ejercicio de la duda, esto es, se pone en cuestión todo saber o preconcepción para llegar al principio mismo de la cogitación. Al dudar de todo, podemos llegar a la conclusión de que no podemos dudar de la duda misma. En consecuencia, si dudamos, pensamos y si pensamos somos.

Los principios discursivos o acroamas consisten en la averiguación de los conceptos base o fundamentales, contrarios a los axiomas o principios intuitivos: el discurso filosófico es acroamático, el matemático axiomático.

Al examinar las parcelas de la realidad, afirmamos propiedades de los entes que acontecen gracias a un sistema de codificación arbitrario. Los signos, palabras o expresiones, indican o señalan cosas.

Sin embargo, al examinar la pretensión universalista del lenguaje vemos cómo no existen propiedades esenciales o ideas puras que subsuman en generalidad a los entes individuales. Lo anterior se corrobora a través de la anulación de las particularidades intrínsecas a todo ente.

Un hombre no es solo un bípedo, racional, mamífero, sintiente; un yo, una identidad fija y concreta, etc., un hombre es “tal hombre en particular”, con lo que sea que ello signifique para ese mismo hombre en determinado contexto y para quienes participen de su vida.

Esto mismo es lo que define al protagonista del film Memento, Leonard Shelby quien, para tener una referencia de sí mismo, recurre a una serie de identificaciones precisas que ha marcado en su piel, pues su cuerpo es un efecto del discurso…

Memento como el acontecer de un no-ser

Memento es un film del año 2000 dirigido por Cristopher Nolan. De una manera peculiar, el célebre director nos narra una historia poniendo en jaque la idea lineal o progresiva de la temporalidad, lo cual -psicoanalíticamente- nos resuena a conceptos metapsicológicos como la atemporalidad del inconsciente.

La película empieza con nuestro protagonista llamado Leonard Shelby (Guy Pearce), un hombre que tras un golpe sufrido en la cabeza padece la incapacidad de poder almacenar nueva información en su memoria. Tras unos breves minutos en una vivencia específica, Leonard olvida ese cúmulo de información lo que lo lleva a no estar ubicado en ningún tiempo ni espacio subjetivo (amnesia anterógrada).

Para lograr una referencialidad y gracias a poseer, previo al accidente, un cúmulo de monemas identitarios que lo definen (era “investigador”, “tiene una condición en su memoria”, “necesita vengar la muerte de su esposa”, etc.), hace uso de fotografías y notas manuscritas.

Al instante de olvidar qué hacía en un lugar específico puede recurrir a tales instrumentos para situarse en un sentido orientador de su acción. Tiene tatuajes, cual verdades absolutas, que enuncian cápsulas de sentido para poder lograr su cometido: encontrar y matar al asesino de su esposa, causante a su vez de su pérdida de memoria.

Los tatuajes más relevantes enuncian “hechos”: hecho 1, hombre; hecho 2, blanco; hecho 3: John G, etc. Nuestro personaje asume en primer lugar una teleología (la venganza) basado en un sistema de codificación arbitrario (fotos y notas-tatuajes), retazos que articulan las coordenadas de su praxis.

Sin embargo, dichos retazos como constructos de la identidad pueden y son reinterpretados. El hecho fluctúa en la interpretación del éste, gracias a la flexibilidad y al carácter equívoco que otorga el lenguaje. Esto se ve corroborado en que toda la película transcurre buscando a alguien que no queda claro quién es, intentando concretar una tarea que no queda claro cuál es, reinterpretando constantemente los signos vacíos (tatuajes y notas) de significado pero no de referente específico.

Memento: el olvido como el goce del Otro

Como verás, memento ilustra la cuestión de la memoria, el olvido y la repetición como el goce de un Otro (encarnado en el asesino “John G”) a quien Leonard busca incansablemente, aun cuando su asesinato se presenta como una verdad oculta.

Podemos interpretar una posición padeciente, en cuanto Leonard es expoliado de su saber de sí mismo por un agente que gozaría de su calvario al haberlo sometido al quitarle sus recuerdos. Por tanto, sus conflictos imaginarios están determinados por el olvido y la repetición desde su plano simbólico.

Así el discurso del amo, -cuyo agente es el asesino-, se sostiene por la función de la verdad como algo escondido para que el guión del protagonista pueda marchar. Pues Leonard se ha quedado muy fijado al lugar de una verdad última: La existencia de “John G”, verdad que obtura el advenimiento de otra verdad (¿forcluida?) en relación al vínculo del protagonista con su mujer.

Memento y la temporalidad del inconsciente

Memento expone una de las cualidades del inconsciente señaladas por Freud: la atemporalidad, ligada al proceso primario. Bien afirma Lacan (Sem, 3): “Los fenómenos de memoria en los que Freud se interesa son siempre fenómenos de lenguaje” (p. 225).

Así, los recuerdos son moldeados por la cadena significante y constantemente investidos por  los deseos inconscientes dentro de un guion fantasmático, cosa que se observa en la relación del protagonista con los otros personajes.

Por un lado, la restitución de la identidad se da como un efecto de resignificanción y re-construcción de “un pasado” a merced de la naturaleza del significante. Es decir, éste tiene un efecto retroactivo, a posteriori (“nachträglich” freudiano) de un acontecimiento evocado para ser registrado como “trauma” a partir de una sucesión simbólicamente definida para el Yo.

El efecto retroactivo del significante se explicita magistralmente en el film, pues su fin da el sentido del principio y viceversa. Así, el inicio de los recuerdos de Leonard son constantemente modificados por las significaciones de los acontecimientos que siguen luego, armando un bucle con el final.

Memento y la relación con la realidad material

En el film podemos observar cómo Leonard vuelve a dar varios virajes hacia su imagen corporal para obtener una organización supletoria de su temática. De esta forma, hay un aspecto que no podrá integrar en su discurso: algo forcluido que se expresará a través de un delirio en lo real.

Vemos cómo surge la tendencia de proyectar constantemente la dimensión de un asesino en su “aquí y ahora” pero imposible de aclararse como un acontecimiento ya vivido, (pues es el motor de su sentido existencial), por lo que cae preso en un “eterno retorno de lo mismo”.

De esta manera, siempre existirá un “John G” marcado como una certeza en la imagen de su piel; -en su cuerpo como construcción simbólica-, que le dará no solo la clave para establecer un lazo con la realidad, sino una identidad para ser un signo, es decir “algo para alguien”.

En la resignificación de los acontecimientos está la causa del síntoma. Por tal, quedan preguntas latentes: ¿se reconoce nuestro protagonista en la lengua que habla? ¿Cuál es la relación entre el pasado y el presente frente al mundo?

La posición del inconsciente tiene un sentido de historicidad simbólica determinante en la vida actual. Bien recuerda Lacan (2009): “lo que le enseñamos al sujeto a reconocer como su inconsciente es su historia" (Ec, pág. 253).


Autor: Kevin Samir Parra. Psicólogo. Redactor en la Academia de Psicoanálisis, Madrid S.L.

Referencias:

  • Lacan, J. (2009). Escritos Volumen I. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI, Ediciones.
  • Lacan, J. (2009). El seminario de Jacques Lacan, libro 3 las psicosis. 1955-1956. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Paidós.
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