Comentario psicoanalítico sobre el film -Un día de furia- (1993)

En El Malestar en la Cultura, Freud nos habla de las consecuencias de la limitación de las libertades individuales impuestas por la vida en sociedad. El Film "Un día de Furia" retoma esta problemática -la represión de la pulsión destructiva inherente al ser humano- de una manera muy ácida y real...

Comentario psicoanalítico sobre el film -Un día de furia- (1993)
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Introducción

"Tribu" (del término latino tribus) es un tipo de grupo humano unido por un idioma, costumbres, instituciones y tradiciones.

A pesar de que hoy valoramos el individualismo y la libertad como atributos máximos, los seres humanos somos seres frágiles, desprovistos de garras para defendernos de los depredadores y de una piel resistente a climas extremos.

Como forma de protección, los seres humanos hemos desarrollado mecanismos para convivir en sociedad y superar la adversidad. Uno de estos mecanismos es la vida en grupo. Los humanos, por tanto, viven en grupos, entre otras razones, porque de esta forma se protegen entre sí.

¡Hasta allí la idea luce genial! Pero como bien sabemos, no lo es tanto. Esto se debe a que, cuando el ser humano comenzó a vivir en grupo, surgió la necesidad de establecer reglas para su convivencia, limitaciones a la individualidad que pudieran sostener la vida en sociedad.

Como resultado, instituciones como el Estado y la familia "comenzaron" a inmiscuirse en las relaciones entre las personas, a regular y normativizar las actividades, relaciones, muchas veces adoptando medidas para la preservación y resguardo de derechos que amenazaron con excluir o someter a aquellos integrantes del grupo que no "encajaban".

El malestar en la cultura

Freud analiza hacia el final de su producción hasta qué punto esta restricción sobre la descarga pulsional repercute en la salud mental de las personas, esto es: ¿Cuáles son las consecuencias de esta privación de los deseos humanos? ¿Cuál es el precio a pagar? ¿Por qué sentimos que la felicidad es incompatible con las exigencias de la vida social? ¿Existen formas de vida en las que las restricciones culturales y las expectativas de realización personal puedan convivir en armonía? ¿Por qué es tan difícil ser feliz?

Preguntas de este tipo hicieron de la obra “El malestar en la cultura” quizás la más leída de Freud. Escrito en el período de entreguerras (en 1930) no es casualidad que se refiera a momentos álgidos de la historia de la humanidad: la Primera posguerra mundial, la gripe española, el auge del nazifascismo.

El presente trabajo aborda el contenido de la obra de Freud, trayendo al diálogo la película “Falling Down” (Joel Schumacher, 1993. Traducida en español como "Un día de Furia"). El guión de este film está lleno de críticas ácidas a las desventuras de la convivencia entre los seres humanos: al consumismo, el contraste entre ricos y pobres, los prejuicios, la opresión y sobre todo la preocupación generada por la limitación de las libertades individuales impuestas por la vida en sociedad.


Joel Schumacher.

Desarrollo

En Los Ángeles, un hombre con trastornos emocionales que perdió su trabajo, va a encontrarse con su ex esposa (que terminó con él) y su hija, cuando su auto se queda atrapado en un enorme atasco. No tarda mucho y decide abandonar el vehículo y caminar. Entonces comienza el viaje aprensivo de un hombre indiferente a todo lo que le rodea.

El sentimiento de claustrofobia que inicialmente siente por estar encerrado el interior de su vehículo en un día caluroso, adquiere mayores dimensiones y se expande a un intenso enfrentamiento con todo cuanto lo rodea. En ese periplo la escalada simétrica crece al punto de que llega a ponerse en serio riesgo atacando con un bate de beisbol a unos malvivientes, e inclusive adquirir armas de fuego en un barrio latino.

En este "día de Furia", el protagonista vive momentos inusualmente tensos que ponen a prueba su estabilidad emocional, provocando una serie de situaciones extremas, mientras lo persigue un viejo policía en vísperas de su jubilación (Robert Duvall). Es una situación fuera de control, con el hombre decidido a seguir sus propias reglas.

Cuando se vuelve el blanco  de bandidos vengativos, sale ileso, pero no muestra compasión por los heridos y los muertos que quedan en el camino. En otra escena, luego de ingresar a una cafetería y que se le niega su pedido de desayuno debido a la hora, se niega a seguir las reglas del entorno, que le sugieren que debe ordenar un almuerzo. Lo que sigue son momentos de tensión, con el hombre empuñando un arma y hablando de la mala calidad de los productos servidos.

No le preocupan los valores morales, sólo quiere seguir adelante, seguir su camino sin ser molestado (sin embargo, siempre cuestionando algo). Ni siquiera un simpatizante nazi, dueño de una tienda de variedades, es capaz de amedrentarlo.

Retrato de la vida moderna

Por supuesto que de una manera caricaturesca y algo exagerada, la película “Falling Down” nos presenta  un pequeño esbozo acerca de lo que sería la vida humana y las relaciones si cada uno diera rienda suelta a "la bestia feroz" que habita en su interior.

Asimismo, se presenta como la ácida crítica de una metrópoli civilizada que cree tener el desorden y el caos a raya, pero que en el ánimo de cada uno de sus habitantes se advierte la fragilidad de este equilibrio que se encuentra permanentemente amenazado.

Lejos de ser un alienado, el personaje principal constituye una suerte de síntesis de los sentimientos todos tenemos en un momento u otro, pero tal vez no los exteriorizamos y no nos consideramos locos por sentirlos.  El film retrata hasta qué punto "la paranoia urbana" parasita la sociedad llenándola de miedo al hoy, a los otros, al futuro, a la delincuencia, a la exclusión...

La explosión del personaje ocurre y se enciende en parte por el caótico tráfico, por la pérdida de su trabajo o incluso por sus problemas familiares. Pero claramente salta a la vista que estos son excusas o escenarios en los que se juega de manera desplazada la problemática de la relación del sujeto con la vida y sus limitaciones.

La vida cotidiana es entendida en este sentido como una suerte de prisión que enjaula al ser humano en un deber hacer común, a riesgo de quedar excluido o fuera de la aceptación, con la consecuente pérdida del placer. Más allá de lo reprobable de su conducta, ¿no sería la furia de ese hombre el despertar del sentido común y el discernimiento de una sociabilidad extremadamente mecanizada y de la artificialidad de las relaciones que rigen la vida?

a escena final de la película es inusual. El hombre desafía al policía que lo persigue a duelo y le dice que tiene una pistola en el bolsillo. Cuenta hasta tres y saca el arma, golpeando al policía antes de que lo maten a tiros. El arma que llevaba era una pistola de agua. Antes, sin embargo, pronuncia la siguiente frase emblemática:

"Hice todo lo que me dijeron...¿y resulta que soy el malo?"

El superyó: ¿una instancia ética o moral?

Como bien refiere Freud en "El malestar en la cultura", los hombres no son gentiles criaturas. Por el contrario, poseen una dotación pulsional que incluye una gran cuota de agresividad. La existencia de esta inclinación a la agresión es el factor que perturba las relaciones con nuestro vecino y obliga a la civilización a tan importante pérdida de energía. Como consecuencia de esta hostilidad primaria existente entre los seres humanos, la sociedad civilizada está permanentemente expuesta a la amenaza de la desintegración.

Las pasiones que vienen de lo pulsional son más fuertes que unos intereses racionales. El hombre culto ha cambiado un trozo de posibilidad de dicha por un trozo de seguridad. La sociedad canaliza la agresividad dirigiéndola contra el propio sujeto y generando en él una conciencia moral, que a su vez será la fuente del sentimiento de culpabilidad y la consiguiente necesidad de castigo.

La autoridad es internalizada, y el superyó tortura al yo 'pecaminoso' generándole angustia. Llegamos así a conocer dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: uno es el miedo a la autoridad, y otro, más reciente, el miedo al superyó. El primero insiste en que se renuncie a las satisfacciones pulsionales, mientras que el segundo exige además castigo, ya que los deseos prohibidos persisten y esto no puede ocultársele al superyó. Se crea así la conciencia moral, la cual a su vez exige más y más renuncias. El yo del hombre moderno ha devenido masoquista y autodestructivo.

Conciencia de culpa es la tensión entre el superyó que se ha vuelto severo y el yo que le está sometido. De este modo, la cultura yugula el peligroso gusto agresivo del ser humano debilitándolo, desarmándolo y vigilándolo mediante una instancia situada en su interior. El precio pagado por el progreso de la cultura reside en la pérdida de felicidad por aumento del sentimiento de culpabilidad.

La comunidad ha desarrollado un superyó bajo cuya influencia tiene lugar el desarrollo cultural. Este superyó cultural ha establecido sus ideales y demandas y el interrogante decisivo para la especie humana es si su desarrollo cultural logrará dominar, y en qué medida, el trastorno que produce la vida en común.

 

Autor: Hamilton Martins, alumno de la Academia de Psicoanálisis Madrid S.L.

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