¿Cómo impactan las noticias en los niños? La psicología infantil en tiempos de contingencia

En momentos de contingencia como los que estamos atravesando, los niños están -más que nunca- expuestos a todo lo que se transmite en los medios. Así pues, cabe preguntarnos: ¿Hace falta que estén enterados de las noticias?¿De qué manera les transmitimos a ellos nuestra angustia? ¿Cómo limitar esto?

¿Cómo impactan las noticias en los niños? La psicología infantil en tiempos de contingencia
Esta es la información que encontrarás en este articulo

Cuidarlos...de nuestra propia angustia

En momento de contingencia como el que estamos transitando a causa del Coronavirus, se suele estar más atento a las noticias y quizás podemos ser más susceptibles a diarios y páginas en redes que saturan el muro con el contenido del momento en búsqueda de reconocimiento y nuevos seguidores. Algunos no tienen escrúpulos a la hora de presentar el contenido altamente dramático de turno, generando la reacción visceral de los espectadores.

Sin embargo los adultos somos ese filtro, podemos representar ese límite, esa barrera, ese "alto" a lo que no es prudente ni saludable para los niños, pudiendo separar aquello que es ominoso o en donde están en juego nuestras fantasías sádicas para no usar la educación como excusa de su satisfacción. Los adultos somos responsables de cómo educar a nuestros hijos, y hemos de asumir ese compromiso.

Los niños y la televisión

¿Cómo les presentamos a los niños las noticias? No hay una respuesta absoluta al respecto. Esto dependerá de la singularidad del niño, de su edad, de cómo se encuentra desarrollado su mundo interno, sus ideas, qué etapa evolutiva transita, entre otros factores. Ahora bien, es importante tener en cuenta que se ha comprobado que aunque los niños tengan restringido el contenido del noticiero, no dejan de percibir de manera constante el estado de ánimo de sus padres, abuelos y seres queridos. Ellos siguen percibiendo el mundo a través del ánimo de sus padres.

Es importante que los adultos tengamos presente que el niño, teniendo en cuenta su desarrollo cognitivo y emocional, le preocupa casi exclusivamente su mundo interno, personal. Para complicar aún más las cosas, los niños sólo son conscientes de este mundo de una manera limitada, ya que se encuentran en un permanente proceso activo de internalización de reglas y normas de funcionamiento que los anteceden y a las cuales deben adaptarse.

Esos locos bajitos...

El niño tiene sus "guerras internas" y si su conducta es acorde con las normas civilizadas, esto se debe a un enorme esfuerzo y desgaste que a veces no es posible mantener todo el tiempo. En ocasiones, los adultos olvidamos esto y nos alteramos al verlos perder el control, olvidando el esfuerzo constante que realizan por hacer las cosas "bien", por complacernos, por buscar nuestro reconocimiento y afecto.

Muchas veces se vuelven también destinatarios de nuestras frustraciones y de nuestro sadismo, culpándolos de todo cuanto falla o no está del todo bien en nuestro propio mundo. A veces pecamos de soberbios y creemos que ellos no sienten o no advierten la realidad que les rodea. Ahora bien, si nos tomamos la molestia de preguntarles, nos daremos cuenta de que ya saben bastante sobre la codicia, el temor, el odio, la justicia, el amor la ansiedad y la tristeza pues su mundo imaginario es tan real como el de afuera.

Su mundo interno es ya a la edad de 3, 4, 5 años rico en afectos, emociones y ellos tienen ya bien establecida la noción de "bueno" y "malo" según haya sido su experiencia previa, recordando que "bueno" engloba aquellas experiencias placenteras asociadas a la calma, la regulación y el sostén constante de los padres, y "malo" reúne aquellas fallas en la adaptación prematuras o muy fuertes que sobrepasan su madurez.

Comprender la psicología infantil

Para comprender el impacto que tienen las noticias en los niños, hace falta comprender previamente el mundo interno del niño que es el trasfondo o base donde impacta todo lo que ocurre en el mundo externo. En la medida en que el niño madura, es posible que pueda distinguir entre sus fantasías y mundo externo, y hacer que estos campos se enriquezcan mutuamente. Ahora bien, para llegar a estas etapas más maduras hace falta que el ambiente funcione como un sostén constante y confiable durante un tiempo prolongado. Cabe aclarar que cuando hablo de fantasías, no me refiero a los aspectos imaginarios de sus juegos o a meros "inventos", sino estrictamente a su mundo interno, inconsciente.

Si bien la intención del presente artículo no es brindar consejos de cómo educar a un niño, quizás quepa tener presente lo siguiente: resulta conveniente, a los fines de su crianza, que los niños se mantengan alejados de las noticias y que los padres ajusten y "dosifiquen" esa información traumática y traumatizante que viene del mundo exterior. Esto permite, en especial cuando aún son pequeños, protegerles no sólo de las malas noticias que llegan "desde afuera", sino principalmente de la angustia y ansiedades de los adultos...protegerlos de nosotros mismos.

La importancia del período de latencia

Para comprender el efecto de las contingencias sobre los niños es necesario considerar la capacidad que tienen ellos de asimilar estas contingencias y sus causas. Es cierto que lo que resulta válido para un niño puede no serlo para otro, pero hay algunas consideraciones generales que podemos tomar en cuenta.

En los niños pequeños, la perturbación más significativa suele estar asociada a la separación de lo familiar y cotidiano, a los cambios en esa rutina que hasta entonces representaba orden y seguridad, a la pérdida de contacto con los padres... Estos temores comienzan muchas veces a expresarse en juegos y cuentos. Con frecuencia advertimos también que los niños comienzan a implementar palabras de los adultos en los relatos que inventan.

La posición de Donald Winnicott

Winnicott planteaba que desde los 5 hasta los 11 años, el niño entra en un "periodo de latencia". Durante este período, los impulsos agresivos disminuyen y los niños esperan que un adulto les diga qué hacer y qué no, qué se considera bueno o malo. Es en este período cuando el niño termina de consolidarse como sujeto de la cultura y del orden simbólico.

En el periodo de latencia los niños comienzan a tener cierta noción de lo desagradable que implican las crisis del exterior: guerras, pandemias, crisis empiezan a cobrar un significado real para ellos. La violencia externa real ya les resulta molesta. Aunque los impulsos agresivos y sexuales están todavía inhibidos y recién harán su reaparición en la pubertad éstos ya aparecen en el juego y en sus fantasías con tintes románticos.

Mecanismos de defensa

Por lo general, los niños quitan de los estresores su valor negativo, colocando el acento en sus aspectos más elevados. Como puede verse en el célebre film La Vida es Bella, suelen valorar aspectos como la lucha, la empatía y la cooperación... Los doctores aparecen para ellos como héroes, los enfermos como los paladines de la resistencia y veneran la cooperación de la comunidad contra un enemigo común . 

Winnicott establece que estos periodos no siempre se superan del todo. De todos modos esto no es necesariamente un indicador de una predisposición psicopatológica. Muchas veces puede conducir a un desarrollo beneficioso para el sujeto y encaminarlo a un desempeño exitoso. Ahora bien, en otros casos, las contingencias pueden perturbar a estos niños devenidos adultos que han quedado fijados o adheridos a estás etapas y que -para complicar aún más las cosas- tienen ahora a su cuidado niños que transitan por esta etapa de latencia.

Padres emocionalmente inmaduros...

A veces el reencuentro con esto traumático, innombrable, conduce a que, en tanto padres, estas personas nieguen aspectos importantes de la realidad. En otros casos, el hecho de no haber dejado atrás del todo el periodo de latencia conduce al adulto a inclinarse por figuras autoritarias a las cuales se admira y de quienes se cree y se espera que controlarán con idealizada eficacia las crisis. Como consecuencia, perciben como un enemigo a todo aquel que no se someta a esta figura de autoridad.

Winnicott plantea que sólo a partir de una integración del mundo interno es posible acceder a una perspectiva más realista del mundo exterior. En los casos de contingencia como los que estamos viviendo actualmente, lo que ocurre con frecuencia es que se pierde el orden realista que el equilibrio de las fuerzas internas aporta a la perspectiva del mundo interior.

Todo esto es propio de la naturaleza de los niños que transitan por este periodo que llamamos "latencia", por lo que la contención equilibrada de los padres y una perspectiva humanizada que pueden aportar se torna indispensable para salir bien parados de este periodo. Ahora bien, es importante considerar que los padres debieron, a su vez, haber superado en ellos este mismo estadio del desarrollo para poder tolerar sin apuro ni confusión estos periodos transitorios en los chicos.

La identificación con el agresor: via de escape del sadismo inconsciente

Muchos adultos retornan a este periodo de latencia después de varios intentos fallidos por madurar. Los principios que rigen la naturaleza de este período en los niños son aplicables en este tipo de casos en los adultos sólo que, en este último caso, nos produce sospecha, pues esta necesidad de ser controlados, de identificarse con el agresor y de ser guiados y cuidados puede derivar en tendencias y gustos autoritarios, como por ejemplo algún régimen de tipo fascista.

Estas inclinaciones generalmente son ignoradas con empatía por quienes entienden un poco las necesidades de los chicos y los no tan chicos (adultos infantilizados). Pues la realidad es, para este grupo, temible y esta relación entre la autoridad y el sometimiento es practicada por grupos que ya no tienen edad para esto, pero su temor y su gusto por la obediencia indican que hay algo temido y estresante de lo cual se necesita protección.

Los chicos que se acercan a etapas posteriores (pubertad), saliendo de este estado de latencia, van tomando noción de la responsabilidad de sus impulsos y su capacidad reparadora y creadora, y suelen usar las contingencias externas para proyectar en ellas esta lucha y esta creación de soluciones. De este modo, el adolescente experimenta ansiedad, retornan vivos los impulsos agresivos antes apagados y puede surgir un placer por los relatos y noticias de contenido violento y explícito donde descarga cierto contenido de sus fantasías inconscientes.

La importancia de las funciones parentales según Bowlby y Winnicott

En esta dinámica, autores como Bowlby y Winnicott sitúan la diferencia ente la salud y el malestar psíquico haciendo hincapié en la importancia de considerar la singularidad de cada niño. Para los adultos resulta indispensable conocer y entender el ambiente que prevalece en nuestros niños, es decir: escucharlos más.

En el contexto de la evacuación de Londres en el año (1940) Bowlby y Winnicott observaron una serie de características en niños que vivieron la guerra sometidos a situaciones estresantes. Pudieron diferenciar tres grandes grupos de características que estaban presentes de manera prevalente en estos niños:

1. Aquellos que tenían una inclinación por las malas noticias o el infortunio de otras personas. En estos grupos su impulso hacia la agresión y la hostilidad eran tales que no se atrevían a pensarlos sino que pasaban directamente a la actuación, donde los cuentos de terror son un somnífero.

2. Otro grupo que distinguieron Miller, Bowlby y Winnicott eran quienes se inclinaban a la preocupación y fácilmente podían sentirse perseguidos, con ideas fijas de que los buenos siempre pierden y con una fuerte tendencia al pensamiento derrotista.

3. Por último, estaban quienes se preocupaban y se sentían con la obligación de ayudar y solucionar los problemas, se preocupaban por la separación de sus padres, por los problemas económicos en casa, por la enfermedad de los abuelos y sentían que toda responsabilidad relativa a estas dificultades recaía sobre ellos. Esa predisposición a ocuparse de los demás, a velar por el bien de los otros persistía a lo largo de su desarrollo con independencia de las circunstancias reales que iban transitando en su vida adulta. Hoy en día lo vemos en pacientes que viven y se postergan eternamente para sus familiares, sacrificándose por ellos.

Algunas reflexiones finales

El objetivo de esta clasificación no era tanto el diagnóstico sino la asesoría y guía hacia los padres, maestros y educadores. La idea de base consistía en cuestionar la manera en la que ellos presentaban los acontecimientos terribles y traumáticos del mundo externo a sus hijos. Por ejemplo, tomemos el caso de un niño con tendencias antisociales: ¿qué efecto tendrán sobre él las noticias? ¿Y sobre un niño que tiene tendencia a preocuparse y angustiarse por todo?

Es necesario conocer en primer lugar las ideas, asociaciones, sentimientos, afectos y ansiedades que prevalecen en la personalidad del niño a fin de considerar cómo vamos a presentar las noticias, es decir a promover este encuentro responsable con la catástrofe que está allí afuera. La labor de los adultos es ser, en gran medida, "amortiguadores" de lo externo, ordenar ese mundo que a veces se torna impredecible, sin disputar el dominio con los niños, sin rivalizar con ellos sin criarlos, como suele decirse en términos cotidianos, "cuando ya no se está a medio criar".

Por Aribeth San Martín, Psicóloga, Psicoanalista. Integrante del equipo profesional de la Academia de Psicoanálisis

https://arypsicologia.wordpress.com/

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