Dependencia e independencia en psicoanálisis

Actualmente está muy en boga pregonar la independencia y la liberación como valores máximos a conquistar. Asimismo, la dependencia (emocional, económica) se asocia directamente a debilidades en el orden de la salud subjetiva. En este artículo, H. Racker nos interpela: ¿y si se trata de prejuicios?

Dependencia e independencia en psicoanálisis

* El presente artículo de Heinrich Racker está extraído del trabajo titulado "Técnica analítica y la manía inconsciente del analista", publicado en el Volumen 8 de la Revista Psicoanalítica Samiksa, y recopilado en el célebre libro "Estudios sobre Técnica Psicoanalítica", del mismo autor. Cabe destacar que el artículo no es reproducido en su totalidad, sino que solamente he transcripto los fragmentos que considero útiles para describir la problemática de la dependencia y la independencia a la luz de la investigación psicoanalítica.

Quisiera poner en tela de juicio los conceptos de “independencia” y de “dependencia”. Rige una marcada tendencia a considerar la independencia como algo francamente positivo, y la dependencia como algo francamente negativo, desde el punto de vista de la curación o evolución psicológica. 

De esta manera, el aspecto positivo de la independencia encubre al negativo, por lo que se vuelve apto para enmascarar fines neuróticos. Análogamente, el aspecto negativo de la dependencia encubre al positivo, por lo que la crítica a la dependencia puede ser también puesta al servicio de tendencias o defensas patológicas. 

El aspecto positivo de la independencia puede ser descripto como el estar libre de angustia neurótica en las relaciones de objeto; su aspecto negativo es el rechazo de la entrega libidinal y afectiva. En otras palabras: lo que se llama “independencia” bien puede ser una formación reactiva a una dependencia neurótica, siendo aquélla en tal caso tan (o más) neurótica que ésta. El aspecto negativo de la dependencia sería el amor con temor y odio neurótico. Por otro lado, la capacidad de dependencia es positiva: es la capacidad para depositar en un objeto una considerable parte de libido, confiando en la buena respuesta de éste.

El mal uso de estos conceptos consiste, en primer término, en que el grito de batalla de la “independencia” y el rechazo de la dependencia, son puestos al servicio de tendencias narcisistas y agresivas, o bien al servicio de la defensa frente a angustias vinculadas con la entrega libidinal y afectiva.

(…)

Todo amar liga y todo ligamen hace depender. Esto significa que la “verdadera independencia” se basa en un depender de un objeto interno que no impone ni exige, sino que ama, aceptando o rechazando sin temor ni enojo. En cuanto a las relaciones con los objetos externos, sean ellos como fueren, no pueden modificar esta armónica relación interna, siendo además ésta la que determina las relaciones de objeto externas y la conducta del ser.

En la medida en que el analista realiza aquella imagen ideal del objeto interno bueno, puede contribuir a que el analizado alcance cierto grado de “independencia verdadera”, es decir, que a través de la revivencia transferencial de los conflictos infantiles en circunstancias mejores, alcance una mejor dependencia interna.

Esto presupone que el analista debe estar altamente libre de angustia, de manera que sus deseos enlazados con su trabajo –como el deseo de curar, de comprender, de tener éxito, de ser amado, de satisfacer su curiosidad, etc- lo sean sin compulsión y que pueda él soportar y elaborar fácilmente las continuas frustraciones al respecto.

Aparentemente nos hemos alejado del tema, pero en realidad nos hemos acercado a él. Pues en estas circunstancias psicológicas del analista están las causas de aquellos malentendidos. El analista que tema la dependencia –es decir, quien vive en angustiosa dependencia de sus objetos internos- tratará de empujar al analizado hacia una “actuación independiente”, y tendrá dificultad para llevarlo a que elabore y supere su dependencia neurótica frente al analista mismo.

Estaremos tentados de buscar el éxito terapéutico a través de tales cambios externos o superficiales del analizado en la medida en que nosotros mismos busquemos nuestro éxito por este camino.

(…)

Los malentendidos aquí tratados pueden ser resumidos como confusión entre salud y manía, ya que la pseudoindependencia (la negación de la dependencia) y la pseudoliberación instintiva (la negación del sentimiento de culpa) pertenecen a las características principales de la manía. Si controlamos nuestras propias tendencias a la manía, sabremos también preservarnos de estimular a los analizados –tiendan éstos o no a “huir hacia la salud”- a servirse de la misma defensa.

Autor: H. Racker. Recopilación: Guillermo Miatello

Compartir
Más articulos
Cerrar X