El caso Katharina, de Sigmund Freud

Estudios sobre la Histeria (1905) es la obra que signa, para muchos, el nacimiento del Psicoanálisis. Entre sus exposiciones, la importancia del Caso Katharina es central por lo que nos enseña acerca de la relación existente entre la sexualidad y la histeria. ¿Quieres saber más? ¡Haz clic aquí!

El caso Katharina, de Sigmund Freud

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Un poco de historia

En primer lugar, cabe hacer mención al contexto en el que se produce este texto, escrito entre los años 1893 y 1895. En ese momento, Freud había decidido tomarse unas vacaciones para dejar a un lado sus preocupaciones de la medicina. Sin embargo a los psicoanalistas a veces el oficio nos convoca de manera imprevista, y fue esto lo que le ocurrió al padre del psicoanálisis.

Cierto día, Freud se desvió para llegar a un monte, en el cual estaba seguro de que encontraría un paisaje para distenderse. Allí había un hotel en el cual se tuvo que inscribir y dejar registrados todos sus datos, incluida su profesión como médico. Unos momentos más tarde, una muchacha de unos 18 años se acercó a Freud para hacerle saber de un problema particular que la aquejaba.

Los síntomas de Katharina

Katharina, quien resultó ser la hija de la dueña de la posada donde Freud se hospedaba, le hizo saber sobre unos “ataques de nervios” que ningún profesional había podido curar hasta entonces. Freud le pidió que le describa sus síntomas a fin de establecer un diagnóstico más preciso. Entonces, ella argumentó que sentía una “falta de aire” y padecía una cierta sensación de ahogo.

Profundizando, le mencionó que en ocasiones la cabeza le “martillaba hasta estallar” y sentía una opresión en el pecho que le impedía respirar. Esos síntomas, que hoy serían descritos como una “sensación de angustia” e incluso como un ataque de ansiedad (o ataque de pánico) se complementaban con algo muy curioso: cada vez que esto le ocurría, Katharina mencionaba que tenía la sensación de que alguien se encontraba detrás suyo y que la agarraría de repente.

Luego de escuchar esta primera aproximación al caso, Freud decide seguir indagando en la etiología de esta misteriosa sintomatología. La joven señaló, además, que cuando le ocurrían esos ataques inexplicables, aparecía un rostro indescriptible -pero horripilante-, que la miraba con furia. Freud le pregunó si ella reconocía ese rostro, a lo que ella respondió que no.

Las series traumáticas del caso

Descartando la hipnosis para este tratamiento, Freud decidió, simplemente, tener una conversación con la muchacha. Es decir, en el caso Katharina Freud practicó la técnica de la asociación libre, brindándole la palabra a su nueva "paciente" a fin de que ella relatara con la mayor claridad posible todos los hechos que consideraba significativos, así como sus posibles interpretaciones.

Rememorando, la joven mencionó que su primer ataque le había ocurrido hacía dos años, cuando vivía con su tía en el otro monte.

El médico ya había evidenciado que con frecuencia se producían crisis de angustia en mujeres vírgenes que estaban abriéndose al mundo de la sexualidad. Teniendo en cuenta este contexto, Freud pensó que, tal vez, en algún momento cuando tuvo su primera crisis debió de haber visto algo que le causó mucha vergüenza, y que habría deseado no haber visto. Es decir, su primera “experiencia” sexual, por más que ésta no hubiera sido suya.

Repasando sucesos anteriores de significatividad, Katharina advirtió en su relato que el primer ataque de angustia le ocurrió cuando creyó haber sorprendido, a través de la ventana de un cuarto, a su tío con su prima Franziska. A pesar de su corta edad, ella al ver a su tío yacer sobre su prima, supo que se trataba de una actitud prohibida, aunque el carácter sexual de esa situación sólo lo entendería a posteriori.

Katharina le reconoció a Freud que luego de haber visto eso no pudo dejar de pensar en la situación. Así es que, luego de un primer momento en el que siguió trabajando en la posada sin decir nada, comenzó a sufrir mareos y vómitos que se instalaron de forma permanente.

Freud destaca en este punto que con Breuer estaban desarrollando este método novedoso que les permitía interpretar los síntomas simbólicamente, lo que remite a Freud al asco moral y psíquico respecto de algo que ella entendió en esa escena y le produjo rechazo, pero a la vez que no podía decir (vomitar) por su carácter prohibido y traumático.

Una vez recuperada de uno de estos ataques, decidió comentarle a su tía lo que había visto, suceso a raíz del cual sus tíos se separaron en muy malas condiciones. Su prima, que había quedado embarazada, se quedó con el padre en la cabaña del otro monte.

La asociación con nuevos recuerdos

Aunque el diagnóstico parecía estar claro, la conversación siguió su curso. Para sorpresa de Freud, ella recordó dos series de historias más antiguas, es decir, asociaciones que se formaron dos o tres años antes del suceso traumático que habría provocado sus vómitos y sus sensaciones de asco y nerviosismo.

La primera serie de recuerdos se dio cuando ella solamente tenía 14 años. Cuando se encontraba dormida, su propio tío subió a la habitación y decidió acostarse en la misma cama que ella. Cuando notó esa situación, se despertó molesta, porque sentía que no la dejaban dormir, aunque no advirtió las verdaderas intenciones de su tío. Es decir, no discirnió esa acción como un ataque sexual sino que, simplemente, le resultaba desagradable que no la dejasen dormir.

Luego de esto, Katharina repasó algunas vivencias posteriores, como otra ocasión en la que tuvo que defenderse de él cuando se encontraba alcoholizado. Freud le preguntó si en estas ocasiones tuvo sensaciones similares a las que suele experimentar en sus ataques, a lo que ella respondió que siempre sintió una “presión en los ojos”, aunque la más intensa fue la primera.

Después de recordar estos acontecimientos, comenzó a revelar una segunda serie de recuerdos. Señaló haber presenciado mucho antes algunas escenas sospechosas entre su tío y Franziska. En una ocasión, al despertarse en medio de la madrugada vio a su tío caminando "confundido" por la casa en dirección, precisamente, al dormitorio de su prima.

Ella fue recordando todos estos eventos a medida que hablaba con Freud. Señaló, asimismo, que era probable que en ocasión de estos acontecimientos haya aflorado la angustia por primera vez. No obstante, Freud observó en relación con esto, que ella recordaba, pero que no valorizaba ni sacaba conclusiones sobre su caso.

La acometida "en dos tiempos" de la vida sexual

Desde el punto de vista del médico existían, entonces, dos series de vivencia que ella recordaba. Al ver a su tío y Franziska juntos en un encuentro sexual, estableció la conexión inmediata con los hechos anteriores. Allí comenzó a comprender de qué se trataban las escenas que había presenciado anteriormente y lo que había sentido en dichas ocasiones.

Luego de eso, surgió un período de incubación, donde se dieron los síntomas de la conversión. El vómito aparecía como el sustituto del asco moral y psíquico. No le dio asco haber visto a su tío con su prima, sino que esa visión le evocó un recuerdo doloroso: el asalto nocturno de su tío, cuando ella sintió su cuerpo, aunque sin comprender muy bien qué estaba sucediendo. Así pues, al ver a su tío yacer sobre Franziska, estableció la asociación y comprendió: "-lo que está haciendo con mi prima es lo que en su momento, quiso hacer conmigo"

Quedaba simplemente por comprender cómo funcionaba esa “alucinación” que era recurrente en sus ataques. Pues bien, la imagen que Katharina veía cada vez que sentía la angustia era, ni más ni menos, que la imagen de su tío enojado buscando agredirla, teniendo en cuenta que luego de haber ocurrido esos episodios, ella le mencionó a su tía lo que había pasado.

Ante esto, su tío había acusado a la niña de mentirosa, haciéndola sentir culpable de todo. Es decir, si no hubiese revelado lo ocurrido, no habría sucedido la separación. El hombre siempre la había amenazado con hacerle algo en represalia, por lo que, cuando la vio a lo lejos, una vez su rostro se desfiguró por la furia e intentó acercarse hacia ella con la mano levantada.

Rectificaciones en torno al caso

Más tarde, Freud sacó sus conclusiones del caso Katharina. Se trató de un caso de histeria que había sido provocada por dos series de vivencias eróticas con momentos traumáticos. Eso se logró reactivar gracias a la escena del descubrimiento de la pareja, que logró reactivarlas en su cadena de asociaciones.

Cualquier histeria que tenga por fundamento los traumas de índole sexual implica impresiones de la época presexual, donde no se tiene conocimiento de la temática. Es decir, surge una violencia traumática al abrirse el entendimiento de la vida sexual, por más de que en ese momento no se comprenda lo sucedido.

Una de las peculiaridades de este caso es que los síntomas de la conversión, que son producto de fenómenos histéricos, no suceden ni bien ocurrió el trauma. Es decir, se da un período de incubación, para que luego se hagan notar.

La angustia de Katharina era histérica, esto es, la reproducción de la angustia que surgió en sus traumas sexuales. Cabe destacar que Freud reveló, en una nota al pie de 1924, que Katharina no era la sobrina, sino la hija de la hospedera. Esto implicó que la muchacha enfermó a raíz de las inclinaciones sexuales de su propio padre y no las de su tío.

Este caso sentó precedentes para mostrar las características del abuso sexual y sus implicancias en la constitución subjetiva. En estos casos, muchas veces la víctima cree tener la culpa de lo acontecido y haber ocasionado el suceso, responsabilizándose incluso por las consecuencias de estos episodios a nivel de lo familiar, tal como le ocurre a Katharina.

Asimismo, este caso representa una prueba concluyente de la importancia de la sexualidad en la etiología de las neurosis, defendida a ultranza por Freud y negada por Breuer en la discusión entre ellos que derivó en el distanciamiento teórico, profesional y humano entre ellos. Cabe destacar, en este sentido, que Breuer no firmó el Capítulo n°4 del texto co-escrito con Freud en donde el médico vienés desarrolla en profundidad su hipótesis sobre las raíces sexuales de los síntomas histéricos.

Conclusiones

La escena del descubrimiento de su padre junto a su prima produjo los síntomas conversivos del asco a raíz de su recuerdo del abuso del que ella había sido víctima. Es decir, lo traumático para Katharina no fue haber visto la escena sexual, sino el hecho de que esta escena resignificó el recuerdo de su propia experiencia con su padre. De que lo mismo podría haberle sucedido a ella.

Otro aspecto importante a considerar, es la culpa que se produce en la propia víctima al revelar una situación de abuso y poner "patas para arriba" el disfuncional orden familiar. La aparición del rostro de su padre en sus visiones implicaba que él se enojase con ella a raíz de su separación, y La angustia de Katharina sucedía por pensar que sus padres se habían separado por su culpa.

El caso Katharina representa, por varios motivos, un caso fundamental en los orígenes del psicoanálisis:

  1. Demuestra la irrefutable importancia de las vivencias sexuales en la etiología de los síntomas neuróticos, así como el hecho de que los abusos intrafamiliares pueden ser algo más frecuente de lo que se cree.
  2. Demuestra la "acometida en dos tiempos de la vida sexual". A una primera escena traumática ocurrida en una época presexual, debe sumarse una escena auxiliar ocurrida en una época sexual, posterior a la fase de latencia (pubertad) en la cual ya se encuentran constituidos los diques morales y anímicos que permitirán interpretar y comprender dicha escena, así como resignificar el recuerdo traumático en términos de placer-displacer.
  3. Demuestra que, en repetidas ocasiones, es el sentimiento de culpa de la víctima el que se ubica en la base de distintos síntomas.
  4. Por último, es una muestra más de tantas que hallamos en su obra (otro gran ejemplo es el análisis de Signorelli) acerca de la gran disposición de Freud a la escucha y el trabajo psicoanalítico, de la pasión por su oficio así como del hecho de que el inconsciente no conoce de "fines de semana" ni de vacaciones.

Autor: Guillermo Miatello. Director Academia de Psicoanálisis.

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