El malestar en la cultura según Freud

Las dificultades de la vida con sus padecimientos, el hecho de convivir con otros en comunidad más la búsqueda de un sentimiento de plenitud individual nos han convertido,  al decir de Freud, en «Dioses con prótesis». ¿De qué trata el malestar en la cultura? ¡Entra aquí para averiguarlo!

El malestar en la cultura según Freud
En este artículo encontrarás:

¿Qué se entiende cuando decimos «cultura»? Introducción

La pregunta por la cultura inicia en la Alemania de finales del siglo XVIII y principios del XIX, en el enfrentamiento de la cultura neoclásica greco-romana versus un tipo de cultura autóctona, de cuño teutón. El personaje histórico que recoge ambas posiciones es Goethe, de allí que aseverase como lo propiamente alemán lo gótico (por eso su estilo de letra llamada Fraktur) despreciado además por el Iluminismo de corte francés y el Renacimiento de corte italiano.

Este conflicto es recogido por los pensadores románticos alemanes, incluido Hegel, cuyo resultado último llega hasta Nietzsche en su Origen de la tragedia a partir del espíritu de la música. Asimismo, analistas de la talla de Jung o Rafael López Pedraza recogen como fuentes del conflicto no la expresión superficial de la cultura, sino el modo de ser habitados en el inconsciente por arquetipos específicos de manera colectiva.

Todo lo anterior desemboca en la lucha racial, manera ideológica de disfrazar el conflicto político (de carácter imaginario de la lógica de amigo-enemigo) y de allí en el enfrentamiento mundial de unos contra otros. Incluso en el ámbito científico se perpetúan las antítesis, ora con Leibniz versus Newton, o Newton versus Einstein; o en la filosofía inglesa analítica (Bertrand Russell) y la filosofía germana-francesa continental (Husserl, existencialismos y estructuralismos).

El malestar en la cultura según Freud

La cultura como expresión de lo político

La antropología nos enseña que no todas las civilizaciones tienen la misma cosmovisión, pero que de alguna forma guardan una cierta relación entre sí con algunos elementos fundamentales, tales como el lenguaje o las formas de organización social y política.

Desde los antiguos griegos se sostiene una lucha por formas de concebir y ordenar la vida pública, es decir, por las maneras de ejercer lo político, de allí que la Liga de Delos, ateniense, disputase la hegemonía con la Liga del Peloponeso, lacedemónica.

En la película «300» dirigida por Zack Snyder, observamos que la vida de los espartanos (Lacedemonia) estaba dedicada al combate y la lucha, cuyo sistema político era monárquico bajo el consejo de los éforos, conservando el statu quo. Los atenienses, por su parte -esos «pederastas, poetas y filósofos» al decir del rey espartano Leónidas- estaban dedicados a las artes y ciencias o la música (lo relativo a las musas). Su sistema político era democrático pero imperial, guiado bajo la idea de libertad.

Por todo lo anterior se puede sostener que la cultura es un producto espiritual que implica la interrelación de los sistemas social, económico y político en determinado tiempo histórico: «el elevado nivel cultural de un país cuando comprobamos que en él se realiza con perfección y eficacia cuanto atañe a la explotación de la tierra por el hombre y a la protección de éste contra las fuerzas elementales» (Freud, 210, p. 83). La cultura es una forma del desarrollo de lo político en tanto que obedece a un modo silencioso de conquista y ejercicio del poder para acrecentar lazos de unidad.

El malestar en la cultura desde el psicoanálisis

¿Qué entiende Freud por «cultura»?

Freud entiende a la cultura desde un código de lectura específico: «El complejo de Edipo» que instaura la ley universal de prohibición del incesto y determina las estructuras elementales del parentesco, es decir, la cultura es una producción simbólica que nos distingue del reino animal y de la naturaleza en sí misma.

En este sentido, la cultura es una expresión de la realidad psíquica. Freud entiende por cultura a «la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí» (Freud, 2010, p. 81).

Por otra parte, Freud piensa que las personas no poseemos una naturaleza benevolente, sino muy al contrario, una disposición nativa a la agresividad, a la crueldad, al egoísmo y a la satisfacción sexual; e intentamos satisfacer tales necesidades a expensas del prójimo, a través de la tendencia a la explotación (laboral y sexual), el robo de bienes (envidia), la muerte y la angustia puesta en el otro (sadismo).

En concordancia con lo anterior, la hipótesis que sostiene Freud en El malestar en la cultura versa sobre cómo ésta se impone sobre el individuo al reprimir tenazmente los deseos sexuales y agresivos, para expresar un cierto contenido pulsional aceptable -inhibido en su meta- que garantice la sobrevivencia colectiva.

La vida en comunidad es, pues, contraria a los impulsos sexuales y agresivos del individuo. Y toda cultura supone un intento por elaborar siempre infructuosamente el insoluble antagonismo entre las exigencias pulsionales y las restricciones culturales, que conflicto que en el nivel subjetivo se manifiesta a través del síntoma y el sufrimiento neurótico.

La civilización y sus mecanismos represivos

Para Freud, nuestro despliegue como individuos está sostenido por la interacción de dos urgencias similares a la propuesta aristotélica: En primer lugar, la búsqueda de la felicidad (que es una tendencia egoísta) y responde al principio de placer, es decir, a descargar tensiones y evitar el displacer. Y, en segunda instancia, por la unidad de vida social (“el hombre es una animal político”), tendencia que implica la tendencia altruista.

La elaboración infructuosa y contradictoria entre lo pulsional y la cultura tiene como resultado varias instituciones que “prometen” garantías sociales, a merced de la restricción del deseo y la sublimación de los impulsos sádicos y sexuales. Entre ellas podrían distinguirse:

  • La religión
  • El derecho
  • La política
  • La familia

En virtud de dichas instituciones culturales, con sus diques, preferencias y prohibiciones; la persona debe renunciar al principio de placer con el objeto de someterse a la realidad material y a las exigencias superyoicas impuestas por alguna de estas instancias, con el objeto de ganar “seguridad”.

Puede pensarse que el hombre sacrifica su dimensión de placer inmediato y sus impulsos destructivos, por la sobrevivencia social (aunque de manera latente y paradójica, exista la posibilidad del exterminio en masa por el uso de armas nucleares), cuyo costo es un malestar neurótico.

La represión y el malestar en la civilización desde el psicoanálisis

La cultura y el malestar neurótico

La cultura y el superyó, heredero del Complejo de Edipo, implican la manera de cómo a través de las generaciones se transmiten valores, gustos, reglas y tabúes que nos ligan hacia una unidad social en pro de ideales “buenos”, “bellos” “justos” y “pudorosos” como formaciones reactivas a los impulsos primitivos.

Si bien la cultura moldea el comportamiento, las necesidades y demandas, queda un resto indisoluble que puja desde la esfera íntima y que pugna por alcanzar la descarga no sólo con los valores e ideas establecidas sobre el bien y el placer, sino con el sufrimiento corporal, las amenazas exteriores y las relaciones interpersonales. Tal resto es la libido.

A ésta libido (o deseo) que implica la satisfacción de las pulsiones básicas y el acceso del placer; la cultura intenta combatirlas y aplacarlas mediante instrumentos coercitivos como por ej, la religión, la moral, el derecho, o psicofármacos, de modo que: «la satisfacción de los instintos…se convierte en causa de intenso sufrimiento cuando el mundo exterior nos priva de ella, negándonos la satisfacción de nuestras necesidades» (Freud, 2010, p.69).

Lo anterior conlleva a un sometimiento de la libido a la realidad exterior, comandada por instancias racionales y culturales, las cuales promueven una renuncia al principio del placer y la dificultad de alcanzar la felicidad individual dentro del marco cultural, lo que a su vez, genera un agudo sentimiento de culpa y una necesidad de castigo en el individuo.

Así, el constructo del Yo se somete a las demandas sociales, cediendo en sus impulsos pero con el costo de sufrimiento. Pues las pulsiones refrenadas, encuentran una satisfacción sustitutiva y de manera deformada para la consciencia, a manera de síntomas, inhibiciones o angustias, que sostienen un deseo sexual no realizado a través de diversas fantasías inconscientes.

La cultura y el malestar neurótico

La cultura y los calmantes sustitutivos ante el sufrimiento

La vida presenta una serie de matices con tragos dulces pero también amargos. Estos se reflejan por las limitaciones del cuerpo ante el envejecimiento o la enfermedad, por las catástrofes naturales que nos sobrepasan o por los conflictos interpersonales y las guerras, así como también por las pérdidas de seres queridos, de ideales o los duelos amorosos.

Pero ¿cómo afrontamos la vida cuando nos llega el turno de beber del trago amargo? Para afrontar el sufrimiento recurrimos a una serie de calmantes y Freud propondrá tres:

  1. Poderosas distracciones ante la miseria (como por ej. la religión)
  2. Satisfacciones sustitutivas que reduzcan el padecimiento (como el arte)
  3. Sustancias embriagadoras que nos hagan insensibles a la desgracia (como los fármacos)

No hay quien no pruebe de la copa amarga, que nos trae intensas sensaciones de angustias e infelicidad. La cultura como constructo simbólico intenta suplir las dificultades y carencias humanas en aras del progreso; bien expresó Freud: «tiempos futuros traerán nuevos y quizá inconcebibles progresos en este terreno de la cultura, exaltando aún más la deificación del hombre» (Freud, 2010, p. 83).

Tenemos por ejemplo los avances tecnológicos, las redes sociales, los viajes al espacio, la secuencia completa del genoma humano o la clonación, pero ¿podrán estos avances salvar lo que el padecimiento humano pareciera tener de irreductible? 

A pesar de nuestras fantasías colectivas de estar alcanzando la "Edad de Oro", la realidad es que los índices de sufrimiento, de agresión y de enfermedad no sólo no merman, sino que inclusive se multiplican, se "viralizan" hasta volverse cada vez más difíciles de domeñar. Quizás el psicoanálisis, al tener en cuenta el sufrimiento humano, constituya una puerta de acceso a su esclarecimiento y alivio.

Por: Psic. Kevin Samir Parra, redactor en la Academia de Psicoanálisis, Madrid SL.

Referencias bibliográficas

  • Freud, S. (2010). El malestar en la cultura y otros ensayos. (1930). Madrid España, Alianza editorial S.A

Artículos relacionados

Neurosis: definición, causa, síntomas y tratamiento

¿Qué es la represión? Una introducción al concepto

¿Qué es la histeria? Síntomas, causas y más

Masoquismo: definición, tratamiento, ejemplos y más

¿Quieres estudiar en profundidad los conceptos presentes en este artículo? Te invitamos a conocer nuestro Curso Online de Especialización en Psicoanálisis en el cual podrás acceder a una lectura sistemática y ordenada de la teoría y de la clínica de Freud y Lacan de una manera guiada, tutorizada y 100% online. Puedes realizar el Master en Psicoanálisis a tu propio ritmo, sin horarios y desde la comodidad de tu hogar. Para saber más ¡haz clic aquí!

Compartir
Más articulos
Cerrar X