El Principito: una lectura desde el psicoanálisis

El principito es un bello cuento poético cuyo protagonista es un niño, pero que ha sido escrito sin dudas para ser leída por adultos. Aborda temáticas complejas y relevantes acerca de la condición humana y ha tenido, a lo largo de los años, muchas lecturas e interpretaciones. ¿Quieres saber más?

El Principito: una lectura desde el psicoanálisis
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Argumento general

En esta obra literaria Antoine de Saint-Exupéry, escritor y piloto aviador narra su encuentro con un pequeño príncipe: un niño de cabellos dorados y alma inocente venido de otro planeta. Este encuentro se produjo cuando su avión, por una avería, se vio forzado a aterrizar en la inmensa soledad del desierto del Sahara.

El autor inicia la obra con un relato de su propia historia de cuando tenía seis años, impresionado por la selva virgen, animales salvajes, serpientes y boas. En este contexto, el autor intentó hacer su  primer dibujo de una boa devorando a un elefante. Al mostrarlo orgullosamente a las personas mayores, éstas no entendieron el significado ni la importancia de su dibujo, trataron de corregirlo, lo desanimaron y le sugirieron abandonar la carrera de pintor y se dedicara a algo más productivo.

“Las personas mayores nunca comprenden nada solas, y los niños se cansan de darles explicaciones a todas horas". Así, pues, en todo el texto se repite frecuentemente esta idea, como queriendo separar el mundo de los niños del de los adultos para resaltar en los niños las virtudes de inocencia, sinceridad, sencillez y candor, que se van perdiendo al madurar.

La primera mañana después del aterrizaje el aviador escuchó una vocecita que le hablaba. Para su sorpresa, vio a un pequeño niño que insistentemente le pedía que le dibujara un cordero. Cuando el aviador decide mostrarle su viejo dibujo, el "pequeño príncipe" lo interpretó correctamente como una boa que se tragó un elefante, cosa que las personas mayores nunca habían podido hacer.

A partir de allí el aviador, impresionado por la sinceridad y la nobleza del alma del niño, estableció una relación de amistad con él. El niño convive con el aviador, le cuenta de su vida en su planeta alejado de la civilización, y a través de esta narración el autor narra, por medio de simbolismos, acerca de sentimientos como, el amor, la amistad, la templanza, la tristeza y de cómo las personas se encierran en su mundo con sus ideas que las obsesionan sin tomar en cuenta ninguna otra opción.

La historia tiene una temática filosófica, que incluye críticas a las cosas que los adultos, muchas veces, consideran "importantes" y se subvierten muchas valoraciones con frecuencia dadas por sentadas. En el presente artículo intentaremos comprender algunos sentimientos, emociones y conductas de los personajes de esta obra desde la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud.

La constitución del yo y el desarrollo psicosexual

Efectivamente, tal como lo advierte Freud, el niño tendrá que pasar varias etapas en el desarrollo de su aparato psíquico hasta convertirse en el adulto que se piensa que es más racional que emotivo. Desde el psicoanálisis según la teoría Freudiana el niño al nacer se encuentra totalmente desprotegido, dependendiendo totalmente del otro, que suele ser la madre o la cuidadora.

El niño, desde la inmadurez de su sistema nervioso no puede lograr la integración de las diferentes partes de su cuerpo; su sexualidad es autoerótica y su libido se dirige a su yo, mediante el narcisismo primario- via la relación dual que sostiene con ese otro que, en un primer momento es "todo" para él: por lo regular su madre.

Aun sin estar enteramente constituido como tal, el niño se conduce por el principio de placer y busca el goce máximo por la via más directa y de manera alucinatoria. Como decíamos, la libido se fija en su yo -en formación- y ese momento experimenta el "sentimiento oceánico" de su narcisismo primario.

Sólo a partir de este momento constitutivo el sujeto podrá, más tarde dirigir su libido hacia un objeto externo de la realidad, es decir, constituir objetos de amor como tales e investirlos libidinalmente -esto es- amarlos.

Con el "sepultamiento" del complejo de Edipo y los normales desengaños que sufre, va tomando primacía en la dinámica de su aparato psíquico el principio de realidad, lo que posibilita toda una serie de nuevas funciones imprescindibles para la vida en sociedad. A partir de este pasaje, se produce la instauración de una nueva forma de canalizar esa energía libidinal: la fantasía, que no es juzgada por la realidad y que se mantiene en el inconsciente junto al principio de placer.

Superyó: el heredero del complejo de Edipo

El niño en un principio es amoral, no tiene inhibiciones internas que le indiquen cómo debe de comportarse. Sólo dispone de la autoridad parental como referencia pues en un comienzo depende enteramente de ellos.

El superyó, instancia que se forma como heredera del complejo de Edipo, después dominará su conciencia moral, animándolo a comportarse de una forma conveniente que lo prepara para su integración en la sociedad. Ahora bien, Freud nos habla también de una vertiente "tiránica" del superyó que crece "en las sombras", y que es causante de muchas neurosis: se refiere a un superyó exigente que nos bombardea con órdenes imposibles de cumplir y que mientras más le obedecemos, más culpable nos hace sentir.

La presencia de la fantasía en la vida adulta

Tal como antes hemos mencionado, en los primeros años de la vida emocional del niño tiene su primacía el principio de placer. Sin embargo, las experiencias lo irán "situando" poco a poco en la realidad. Así, se espera que el sujeto al "madurar" vaya saliendo progresivamente del mundo de la fantasía.

Ahora bien, este supuesto proceso de "adaptación" no puede implicar una desmentida o un desconocimiento del mundo de los impulsos, de los sentimientos, de las emociones y de la sexualidad, sino a riesgo de devenir enfermizo para el sujeto adulto.

En otras palabras, es importante que, en tanto adultos estemos en contacto con nuestro "niño" interior, sabiendo que en ciertos sentidos las modalidades del afecto y de relación con los otros que rigen nuestras primeras experiencias, persisten inalteradas a lo largo de nuestra vida.

Esto es lo que hace a los niños como en el caso del principito, entender y participar de ciertas cosas inconcebibles fuera de los limites estrechos de la realidad, como boas gigantes devorando un elefante, árboles gigantes como los "Baobabs" que al crecer hacen estallar un planeta, flores veleidosas que hay que regar diariamente y habitantes excéntricos y solitarios en pequeños planetas.

Las personas mayores, al vivir pendientes de un sinfín de reglas morales, preceptos sociales y modos de "ser", encuentran muchas veces dificultad en tener una perspectiva más flexible y comprensiva. Por lo general, se encuentran demasiado ocupados en atender prejuicios y condicionamientos respecto de cómo ser y de cómo actuar, que no les permiten ser libres y espontáneos.

“A los adultos si les dices: la prueba de que el principito existió es que era un ser encantador, que se reía y quería un cordero y querer un cordero prueba que uno existe, encogerán los hombros y te tratarán como a un niño. En cambio, si les dices vino del asteroide B612, se darán por satisfechos y no te molestarán con más preguntas. Son así..."

Una flor muy especial...

El principito en su planeta tiene una flor muy especial, diferente a todas las demás flores. La cuida con mucho esmero, todos los días la riega y la protege de las fuertes corrientes de aire. Esta flor es exigente y vanidosa, pero tiene gran significado para el principito: “la flor cobijada en su aposento de color verde, parecía que nunca iba a terminar de acicalarse. Escogía con cuidado sus colores y se vestía lentamente ajustando uno a uno sus pétalos…. Quería aparecer con todo el esplendor de su belleza. ¡Pues sí! Era muy presumida, su misterioso atavío duro días y días y al final un mañana justo a la salida del sol se mostró”

Desde el psicoanálisis podíamos considerarla como un símbolo de la feminidad. Freud relaciona fuertemente el narcisismo con el enigma de lo femenino. Es como si la mujer en la asunción de su sexo y en el pasaje a la heterosexualidad (objeto de amor madre-objeto de amor padre) conservara ese lazo con el narcisismo primario (via identificación con la madre) que la vuelve objeto causa del deseo (mujer) y portadora de un enigma (madre), de aquello que a cada uno lo remite al origen.

“El principito no pudo contener su admiración -que hermosa sois-   - ¿verdad? – respondió suavemente la flor – y he nacido al mismo tiempo que el sol…. El principito adivinó que no era muy modesta, pero era ¡tan conmovedora!...... y así fue como desde un principio lo atormentó con su vanidad algo susceptible”.

No hay dos sin tres

El autor advierte una relación de cierta dependencia del principito con su flor. Está ligado a ella, la admira, la quiere y en ocasiones se deja manejar por sus caprichos.  Freud dice que en las primeras etapas de la formación del yo la libido se vuelca al yo y es al mismo tiempo libido yoica y libido de objeto, solo cuando se hace la investidura del objeto amado la libido se puede diferenciar, se dice que no hay dos sin tres, el tres favorece la posibilidad de dos y dos hacen solo uno, es necesario el tercero para romper esa codependencia entre dos.

El principito empezó a tener dudas sobre su relación con la orgullosa flor y decidió abandonar su planeta para descansar de esa relación que empezaba a hacerlo infeliz. “-no se debe escuchar nunca a las flores. Hay que contemplarlas y olerlas“, comentó el principito con mucha melancolía.

El periplo por los asteroides

Durante su recorrido por los asteroides el principito visitó seis asteroides, todos ellos de muy pequeño tamaño y habitados por un solo individuo. En el primero de ellos habitaba un rey obsesionado por su grandeza de poder que, sintiéndose un soberano universal, no tenía un solo súbdito sobre quien reinar.

En el segundo asteroide habitaba un vanidoso que solo escuchaba las adulaciones y vivía solo sin quien lo admirara; en el tercer planeta vivía un borracho ensimismado en su vicio...el cuarto asteroide estaba habitado por un hombre ambicioso cuya obsesión residía en acumular bienes sin ninguna finalidad y sin tiempo para reflexionar; en el quinto planeta vivía un farolero, que desarrollaba un trabajo rutinario de prender y apagar un farol, sin descanso y sin pensar en más nada que prender y apagar un farol.

En el sexto y último asteroide, el más grande de todos, vivía un geógrafo que despertó la curiosidad del principito al verlo éste muy ocupado revisando grandes libros llenos de nombres de montañas, ríos y mares, pero sin conocer nada a su alrededor, pues nunca se había movido de su silla.

Acerca de la neurosis obsesiva

Mediante el relato del viaje del principito por estos planetas, el autor pareciera aludir al limitado mundo de muchas personas, que permanecen fijadas a una obsesión sin poder salir de los límites estrechos de su propia repetición. De este modo, el mundo de sus ideas y su forma de actuar parecen representar conductas neuróticas que obedecen a desviaciones en el desarrollo normal del aparato psíquico contenidas en la historia personal de cada uno.

Desde el psicoanálisis, los neuróticos obsesivos son sujetos que han tenido una experiencia sexual traumática y han desarrollado un conflicto psíquico, pero a diferencia de la histeria, el evento traumático no está totalmente olvidado ni reprimido en el inconsciente, sino que permanece aislado en una forma que no puede representarse.

Luego, bajo el influjo de una revuelta del yo se llega por una regresión de las pulsiones a una etapa anterior de la libido. La "contrainvestidura" en la neurosis obsesiva tiene un papel muy importante y se manifiesta como una formación reactiva del yo, con una exageración en la actitud opuesta a la pulsión que se reprime, y corresponde a rasgos de carácter normal que se desarrollan en el periodo de latencia, pero que el sujeto neurótico repite en forma exagerada: orden, meticulosidad, escrúpulos de la conciencia moral...

El malestar en la cultura

Así pues, el personaje que habitaba el primer asteroide era un rey que tenía una gran necesidad de reconocimiento de poder, tal vez por sentirse inconscientemente "poca cosa", y repetía sin parar la misma conducta de mandar a cualquiera que se le pusiera enfrente.

El vanidoso del segundo asteroide era un narcisista que no podía ver más allá de su propio yo. El borracho tenía la compulsión de beber inventando cualquier pretexto para justificarlo. El contador de estrellas, en el cuarto planeta, acumulaba cualquier cosa sin límites, sin ni siquiera pensar por qué lo hacía. El farolero y el geógrafo, habitantes del quinto y sexto planeta, ejecutaban sin descanso una misma acción sin importar el fin, la utilidad ni el sentido de su trabajo. 

El regreso...a la soledad

Al principito no le interesó conocer más acerca de los asteroides y se dirigió a la tierra. "Una vez en la tierra, el principito se sorprendió al no ver a nadie. Empezaba a temer que se hubiera equivocado de planeta, -Buenas noches dijo el principito por lo que pudiera pasar- ….

-Buenas noches contestó la serpiente-… - ¡Ah! ¿no hay nadie en la tierra? -Estamos en el desierto. No hay nadie en los desiertos. La tierra es grande -dijo la serpiente-…  - ¿Dónde están los hombres? Prosiguió al cabo de un rato el principito-    Se está un poco solo en el desierto… - "En compañía de los hombres también se está solo" dijo la serpiente.

El principito es un personaje solitario. En su planeta solo está acompañado de una flor y tres volcanes a los que cuida. Sale de su planeta para conocer nuevos mundos, pero no obstante ello se mantiene solo: en el planeta tierra se encuentra con la soledad del desierto.  

Así, pareciera que el autor a través de un personaje tan enigmático como la serpiente da a conocer la soledad y el vacío de la vida de los humanos cuando predomina el egoísmo en su relación con los otros. El principito no parece estar exento de los rasgos neuróticos que de manera tan elocuente describe en los otros.  

Conclusión

En este cuento, el autor Antoine De Saint Exupéry penetra en el mundo de la fantasía para crear una historia en la cual cuestiona y subvierte una serie de creencias fuertemente arraigadas. La historia y los personajes le resultan útiles para hablar del amor, la amistad y otros valores, así como de los vicios en el entendimiento y comportamiento de las personas mayores, que al decir de los niños no entienden nada. 

En el desarrollo de este libro se deja ver que la gran mayoría de los temas corresponden a la autobiografía del autor, el aterrizaje en el desierto del Sahara, su experiencia como piloto, sus viajes por muchas partes del mundo, así como su experiencia amorosa con una pareja difícil.

El autor va mostrándolos a través de la narración del principito el significado de sentimientos como la amistad el amor y confianza. En los personajes que intervienen en la historia, como son los habitantes de los asteroides, se expresan modos del comportamiento humano, que hacen a una vida vacía, plagada de frustración e insatisfacciones.

Desde la óptica del psicoanálisis, se revisaron algunas partes del libro “El Principito”: allí consideramos aspectos sobre las conductas y los conflictos que surgen en la vida de estos personajes como son: los problemas de codependencia del principito con una flor narcisista y orgullosa, la vida neurótica de los habitantes de los asteroides encerrados en su propio mundo y, fundamentalmente, la soledad del principito en compañía con los hombres.

En resumen, el autor del libro “El Principito” Antoine De Saint-Exupéry muestra una historia tierna y emotiva que podría sin dudas, contener un buen material para su propio psicoanálisis. En ella expresa sus conflictos emocionales, su modo de sentir y de vivir a través de los personajes que ha creado.                   

Autor: Dulce María Hernández González, alumna de la Academia de Psicoanálisis Madrid S.L.

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