El psicoanálisis en la obra de Emil Cioran

Emil Cioran fue un escritor y filósofo de origen rumano cuyo pensamiento se caracteriza por un extremo pesimismo y nihilismo. Al adentrarnos en su obra aparecen interesantes y valiosos puntos en común con la doctrina psicoanalítica. ¿Quieres saber de qué se trata? ¡Lee este artículo!

El psicoanálisis en la obra de Emil Cioran
En este artículo encontrarás:

Introducción 

Dice Fernando Savater en su tesis sobre Emil M. Cioran -y publicada bajo el título “Todo mi Cioran”- lo siguiente: “... las teorías interpretativas del marxismo y del psicoanálisis encontrarán en Cioran fácil pasto”. No le falta razón y son muchos los motivos por los que la figura del rumano se presta a ser psicoanalizada, ya sea a través de su propia biografía o del resultado de su obra. Será esta segunda opción la que hemos escogido para la realización de este trabajo, que no pretende otra cosa más que sacar a la luz algunas de las bases fundamentales del psicoanálisis Freudiano a través del análisis de algunos de los aforismos que tanto reconocimiento han otorgado al autor pesimista por excelencia. 

Si bien el análisis biográfico queda fuera de los límites del presente texto, no está de más indicar algunos puntos de partida que pueden poner luz sobre el carácter sombrío de la producción literaria de Cioran, comenzando por el trauma que modifica para siempre su modo de existir: nacido en Rasinari (Transilvania, Rumanía) a la edad de 10 años se ve obligado a trasladarse a Sibiu para continuar sus estudios. Este acto de castración deja en el psiquismo de Cioran una huella tan profunda que llega a manifestar cosas como que “Si la palabra paraíso tiene algún sentido, se aplica a ese período de mi vida” y que “No existe un solo instante en el que no haya estado consciente de encontrarme fuera del Paraíso”. Podemos atisbar en estas palabras ciertas reminiscencias de ese sentimiento oceánico que Freud discute en “El malestar en la cultura”. Si bien este concepto queda en segundo plano dentro de la obra no puede, en este caso, desecharse sin más. 

La relación con su padre, un sacerdote ortodoxo, nunca fué idílica y si bien siempre se declaró ateo, la religión ha sido fuente de muchos de sus escritos y llegó a sufrir numerosas crisis religiosas sin fe. Encontrar en estos hechos una muestra inequívoca de la ambivalencia del complejo paterno o de la función paterna no resulta complejo: la hostilidad hacia su progenitor manifestada en su relación personal y representada de forma desplazada en su ateísmo, choca frontalmente con su obsesión por tratar los temas religiosos en un posible intento desesperado de recuperar al padre. 

Para finalizar esta introducción no podemos pasar por alto la obsesión casi enfermiza de Cioran por el suicido. El suicidio es para Cioran motor de su propia vida: vive porque en cualquier momento puede dejar de hacerlo. Tal es la importancia que el sucidio tiene para la existencia misma, que llega a abandonar la idea de suicidarse en varias ocasiones ya que “No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde”. Para Cioran, el trauma de nacimiento (concepto formulado por primera vez por Otto Rank y al cual Lacan otorgó una vital importancia) es fundante de todo el malestar de la humanidad, llegando a titular uno de sus libros como “Del inconveniente de haber nacido”. La necesidad primaria de retornar a lo inanimado, tan característica de la pulsión de muerte es, en Cioran, directora de su psiquismo. 

Sigamos, a continuación, indagando en la teoría psicoanalítica a través de la producción aforística de Cioran. La selección de textos se ha realizado en función de su capacidad condensadora, tan propia de las producciones del inconsciente, y a su vez esclarecedora de los conceptos que se pretenden explicar.

Análisis de aforismos 

“A veces uno quisiera ser caníbal, no tanto por el placer de devorar a fulano o a mengano como por el de vomitarlo.” 

El canibalismo fué tratado por Freud de forma mítica en su libro “Totem y Tabú”. En dicho texto se establece un paralelismo entre el animal totémico y el padre. La prohibición de devorar al animal bajo pena del castigo divino por los dioses por él representados se ve transgredida durante el banquete totémico. La masa devora al animal en comunidad y con ello se identifica con el mismo adquiriendo sus cualidades. Lo mismo sucede con el padre. El padre es aniquilado y devorado con la intención de ocupar su posición con el fin de gozar de las mujeres de la tribu. Sólo un pequeño escollo impide un final satisfactorio: la instauración del complejo de culpa por la simple posibilidad de violar la Ley Universal de Prohibición del Incesto. 

A primera vista este aforismo de Cioran parece llevarnos hacia el establecimiento del canibalismo como tema principal en su relación con el psicoanálisis. Pero nada más lejos de la realidad. Devorar a “fulano o a mengano” como metáfora de la introyección paterna sea quién o qué lo que soporta esta función, es irrelevante. El verdadero placer lo constituirá su expulsión, el vomitarlo. Este acto supondría la erradicación del complejo de culpa, de la conciencia moral que fundamenta la estructura del Superyó y la cual provocará la angustia neurótica. 

“No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo.” 

Los males violentos, entendidos en este caso como aquellos que pueden ser simbolizados, a saber, ligados correctamente a su representación inicial y cuyo afecto es descargado por la vía adecuada, no generan patología alguna. El psicoanálisis nos demuestra que el malestar neurótico se da en primera instancia tras un momento traumático pero mudo, que no logra manifestarse en la conciencia pero que, a posteriori, pugna constantemente por decirse mediante el desplazamiento de la representación inicial reprimida hacia otros significantes. 

El síntoma, diría Freud, es el retorno de lo reprimido (y todo lo reprimido es inconsciente, sordo) y en este aforismo Cioran muestra las características primordiales del mismo: insistente en tanto retornado de forma constante, tolerable en lo que a su doble beneficio, primario y secundario, atañe y rutinario en su presencia en la vida cotidiana del sujeto y al carácter “éxtimo” de la vida inconsciente.

El mantenimiento del síntoma mina la salud del neurótico y el psicoanálisis tiene como misión descubrir cuál es el mecanismo que perpetúa este Goce que siempre retorna y del que es imposible evadirse. 

“Podemos obtener más o menos todo, salvo lo que en secreto deseamos. Es sin duda justo que lo que más nos interesa resulte inalcanzable, que lo esencial de nosotros mismos y de nuestro camino permanezca oculto e irrealizado.” 

Este aforismo vuelve sobre el carácter inconsciente del deseo humano. Según las teorías freudianas todo deseo reprimido lo es porque de algún modo hace referencia a los deseos primarios, infantiles, los cuales son siempre incestuosos y por lo tanto prohibidos. Cioran hace hincapié en la justicia de que estos deseos, acompañados de sus pulsiones permanezcan ocultos e irrealizados, ya que, en caso de darles vía libre, la humanidad estaría condenada a su extinción. 

“No se pueden evitar los defectos de los hombres sin renunciar al mismo tiempo a sus virtudes.” 

Esta frase podría equipararse a la pronunciada por Freud en “El malestar en la cultura” en relación a la problemática de la necesidad de seguridad del ser humano:“El hombre culto ha cambiado un trozo de posibilidad de dicha por un trozo de seguridad”. La limitación pulsional, tanto erótica como destructiva, es característica del hombre introducido en la cultura. Esta limitación es imprescindible para la convivencia entre humanos y requiere la sublimación o el desplazamiento obligatorio de las pulsiones hacia otras actividades sustitutivas. 

Las tesis de Freud acerca del Superyó le llevan a descubrir que es en los sujetos virtuosos donde la conciencia moral actúa con mayor severidad. El Superyó castiga al Yo haciéndole renunciar a los deseos siempre pujantes del Ello con el fin de asemejarse lo máximo posible a su ideal del yo, a costa de perder su virtuosismo. 

“El ansioso construye sus temores, luego se instala en ellos.” 

“No contento con los sufrimientos reales, el ansioso se los impone imaginarios.” 

Vamos a permitirnos la libertad de equiparar, del mismo modo que se haría coloquialmente, la ansiedad con la angustia. En la primera teoría de la angustia Freud determina que esta aparece por la desligazón de la representación reprimida y su afecto. Este afecto desligado provoca la angustia. Sin embargo las cosas son muy distintas en la segunda teoría: la angustia se genera en el Yo al no poder satisfacer las exigencias de sus tres amos, a saber, la realidad objetiva, el Superyó y el Ello.

Cioran en estos dos aforismos hace referencia al sujeto angustiado que se prepara para un posible peligro no real, utilizando como arquetipo de defensa algún tipo de acto de castración previo con el fin de reaccionar ante el peligro imaginario de la misma manera. En ningún caso tal advenimiento es real y al contrario de lo que sucede con el miedo, la angustia carece de un objeto determinado. De esta última afirmación podemos extraer la construcción de los temores por parte del ansioso. 

La instalación patológica de la angustia puede darse de tres modos dependiendo del enemigo al que se enfrenta el sujeto angustiado: realista cuando el contrario es la vida exterior; neurótica por el enfrentamiento con las pulsiones en busca del placer que parten del Ello; moral por las presiones impuestas por el Superyó. 

“Nunca estoy a gusto en lo inmediato, sólo me seduce lo que me precede, lo que me aleja de aquí, los innúmeros instantes en que yo no fui: lo no nato, en suma.” 

En 1920 Freud inicia una nueva etapa conocida como “Más allá del principio del placer” tomando el título de uno de sus textos para denominarla. En este giro se da el pasaje del dualismo de las pulsiones de vida y autoconservativas al dualismo de las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte: “Existen en el alma ciertas fuerzas que contrarían el principio del placer”. 

La pulsión de muerte es, en palabras del propio Freud “un resto no ligado por Eros”, algo que va más allá de la cultura, de los vínculos creativos propios de la pulsión de vida y tal y como menciona Žižek “... más allá de la conformidad del hombre con su medio”. Y si hay un ser humano disconforme con su medio ese es Cioran quien, en este ejemplo, pone de manifiesto la relación introspectiva de la pulsión de muerte con lo inanimado que la lleva a buscar la destrucción y la disolución de lo vivo poniendo fin a todo rastro de tensión pulsional. 

“Y es que no puedo hablar de lo más profundo si no es a solas con alguien: ese momento en el que dos soledades pueden intentar comunicarse.” “Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.” 

No podíamos terminar este trabajo sin hablar mínimamente de uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: la transferencia. Si bien no se pueden tomar los dos aforismos de forma literal, ambos dan muestra, cada uno en lo suyo, de algunos aspectos fundamentales de la transferencia. 

Es en transferencia, en la soledad que abriga a analista y analizante, donde el dispositivo psicoanalítico tiene lugar y donde se instaura el llamado “sujeto supuesto saber” en la figura del analista. Sólo este marco especial habilita la posibilidad de la cura. De vital importancia es remarcar ese intento de comunicación del que habla Cioran ya que, como bien indica

Lacan, sólo existe en la comunicación exceso, malentendido y equívoco y es justamente en esta imprecisión de la donde se manifiesta el inconsciente. 

La regla fundamental del psicoanálisis “Hable”, o dicho de otro modo, la asociación libre, procura la liberación del sujeto de la presión de tener que efectuar un discurso racional. Esas grandes verdades dichas en los vestíbulos, y por qué no decirlo, a modo de chiste en muchas ocasiones, no hace sino referencia al abandono de cualquier intento de racionalización del discurso, a la relajación en el decir sabiéndose a salvo de cualquier reprimenda o sin temor a expresar algo incorrecto.

Conclusiones 

El lector de este trabajo se habrá percatado de la riqueza lingüística de la producción literaria de Cioran. En ella podemos encontrar un sinfín de material metafórico cargado de conceptos condensados en medio de una gran dosis de ironía y humor. Y ya sabemos de la importancia que el campo psicoanalítico otorga al humor. 

El análisis de los aforismos anteriores es sólo una muestra del potencial que Cioran brinda al campo del estudio del psicoanálisis. Sus cientos, quizás miles, de ideas y textos de carácter existencial, nihilista y pesimista están cargados de referencias a muchos de los temas ampliamente abordados por la doctrina freudiana y de las nacidas a su sombra: la melancolía, la religión, el suicidio, la razón, el lenguaje, el hecho del nacimiento, las dictaduras, los nacionalismos, etc. campan a sus anchas en la literatura de Cioran esperando a ser aprovechados por el buen estudiante de la teoría psicoanalítica así como por los ya duchos en la misma. 

Si bien Cioran rechazaría cualquier interpretación dada su aversión a la sistematización de la existencia humana, no cabe la menor duda de que su figura personal y el resultado de su trabajo intelectual son firmes candidatos a ser puestos bajo el objetivo del psicoanálisis y no desde una única perspectiva, ya que muchas de sus citas y textos pueden dar lugar a diferentes interpretaciones, incluso contrapuestas. Nada nuevo bajo el sol: no olvidemos que en el inconsciente amor y odio pueden convivir bajo el mismo paraguas.


Autor: David Área PérezAlumno de la Academia de Psicoanálisis Madrid S.L.

Compartir
Más articulos
Cerrar X