Guerra y destrucción desde el psicoanálisis

Teniendo en cuenta la difícil situación en Ucrania, nos preguntamos qué tiene para decir el psicoanálisis acerca de fenómenos como la guerra y la destrucción, que parecen repetirse de manera demoníaca en la historia individual y colectiva de la humanidad. ¿Quieres saber más? ¡Lee este artículo!

Guerra y destrucción desde el psicoanálisis

En este artículo encontrarás:

Introducción: la ubicuidad del conflicto

Pareciera que el conflicto es inherente a la condición humana. La clínica psicoanalítica constituye una de las vías de acceso a este fenómeno ubicuo y en apariencia indomeñable. Las personas vivimos en conflicto con los seres cercanos que participan de nuestro entorno, en nuestra relación de pareja, con nuestros hijos, con nuestros padres, con nuestras amistades o con nuestro jefe. Lo que nos dice el psicoanálisis al respecto es que, principalmente, vivimos enemistados con nosotros mismos.

Nos enfadamos y peleamos con aquellos que opinan distinto en relación con determinada temática o si sentimos que no hacen las cosas tal como se deberían hacer de acuerdo con nuestro criterio (el cual ni siquiera nos preguntamos de dónde proviene). Nos frustramos cuando las cosas no van de la manera que esperamos y con frecuencia adjudicamos a nuestro rival la responsabilidad de nuestro malestar.

-"Si hicieras las cosas distinto...si fueras diferente, yo no viviría tan preocupado, tan afligido, sería feliz". Es el momento en que entra en juego el reproche y el rencor que, como es de esperar, no conducen a nada bueno porque, como es esperable que ocurra, suelen ser vividos por el otro como un juicio, una agresión. En consecuencia, tienden a aumentar la escalada de violencia, a "echar más leña al fuego", como se dice coloquialmente.

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El pensamiento mágico

Muchas veces negamos, desde el pensamiento mágico, que la vida está llena de desgracias, de dificultades, de obstáculos. Que muchas veces es "pedirle al viento firmeza y al río que vuelva atrás" el exigir igualdad de criterios y de pensamientos, cuando la diversidad es parte de la vida. 

Los seres humanos no hemos aprendido a aceptar que la vida es difícil y que en ello radica, en gran medida, su encanto. Todos los totalitarismos, históricamente, se han basado en la negación de la diferencia, en la intolerancia hacia el disidente y en la construcción de un único enemigo como explicación simplista del malestar humano. 

Si nuestra vida no es la panacea, tal vez eso no se deba a las intenciones de un enemigo malvado que, insidiosamente, me "quita" el bienestar al que yo podría acceder....y además: si yo elimino a mi contrincante pensando que él constituye ese obstáculo (un otro con familia, con hijos, con seres queridos que lo esperan) puede que me esté eliminando a mí mismo en ese acto. ¿Cómo no identificarme con ese otro en quien descargo mi ira, si perfectamente podría estar en su lugar? ¿Cómo no identificarme con el dolor de los que sufrirán su pérdida?

Guerra Rusia Ucrania

Lo irreversible

El hecho es que este reduccionismo malsano restringe nuestro campo de visión y provoca una escalada agresiva con consecuencias imprevisibles. Y esa es, en gran medida, la dificultad que presenta la violencia y la guerra. Uno sabe dónde comienza....pero no sabe dónde termina. Y el gran problema es que cuando termine, puede ser demasiado tarde. Los daños ocasionados pueden ser irreparables e irreversibles.

Freud nos enseñó que en la vida, como en el ajedrez, un mal movimiento nos puede llevar a dar por perdida la partida...la gran diferencia es que en la vida no hay posibilidad de revancha si las cosas salieron mal. A escala global, nos encontramos con esta cruda verdad cada vez que entramos en un período de guerras: todos los seres humanos vivimos la guerra como una derrota. Y es que la pulsión de muerte no sabe de piedad, de negociaciones, de razones. 

Muerte, destrucción, devastación de vidas humanas, de edificios históricos y de todo lo más preciado que como cultura, como comunidad y de manera laboriosa hemos sido capaces de construir: todos los frutos de Eros desintegrados en un instante bajo los misiles y las bombas.

Cada vez que dos niños se pelean esto se ve con mucha frecuencia: -¿Quién empezó? parece ser la pregunta que justifica cualquier acto de agresión o de "justa venganza" sobre el otro. Y si caemos en la trampa de querer saber "quién tiene razón", nos daremos cuenta de que esta discusión no tiene un límite y que, al final de cuentas, es lo peor de cada uno lo que se juega en esa pelea de poder.

Porque lo que omite la razón que cada uno argumenta es lo que ninguno de los dos puede: ser sin el otro. Ese otro está en mi vida y ocupa el lugar protagónico que ocupa, sencillamente, porque me "hace falta". Como dice el gran poeta argentino Antonio Porchia- "nadie es luz de sí mismo, ni siquiera el sol".

Guillermo Miatello. Director y docente en Academia de Psicoanálisis Madrid SL.

Antonio Porchia Psicoanalisis

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