Idea y realidad del cuerpo en psicoanálisis

La corporalidad del ser hablante ha fascinado a filósofos, médicos y psicoanalistas a lo largo de la historia. Ya decía Heidegger: “El lenguaje es la casa del Ser y en su morada habita el hombre”, empero: ¿Qué es el cuerpo en psicoanálisis? ¿Qué relación tiene con el alma? Adelante, ¡haz click aquí!

Idea y realidad del cuerpo en psicoanálisis
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Introducción: Noción histórica del cuerpo

La antigüedad guarda un vínculo especial con lo corporal que, a manera de tradición-costumbre, se nos ha legado, cual sentido común: sus asertos fisiológicos. La teoría hipocrática hace del hombre una expresión de “caracteres”, a saber: colérico, melancólico, flemático y sanguíneo. Cada carácter es asociado a un humor, como en la melancolía, que es un humor negro (bilis negra).

La materialidad en la antigüedad nunca iba acompañada sin aseveraciones de cariz religioso y filosófico. Para Pitágoras el cuerpo era el recipiente del alma, la cual reencarnaba gracias a la expiación de sí a través del conocimiento o metempsicosis.

Platón, heredero de ésta idea, hacía del alma el lugar donde residía lo sumamente valioso de la existencia, en contra del cuerpo, el lugar de las imperfecciones y cárcel del alma. La relación con lo corporal era de austeridad, de refrenar la corruptibilidad y los placeres, siendo el foco de la perdición de la misma.

Las investigaciones con talante científico de Aristóteles aseveraban una cierta física corporal que tenía incidencias en el alma, pero no ya como dualismo contrapuesto sino como monismo del hombre o hilemorfismo. Las actividades del cuerpo y el alma eran complementarias, con una naturaleza gradual: los contenidos estético-corporales eran el material donde se aplicaba el instrumento lógico.

Desacralización del cuerpo

Empero, las investigaciones sobre el cuerpo y lo corporal se caracterizaron en la antigüedad por tener una tradición a priori, esto es, no se remitían a la funcionalidad orgánica estudiada in situ en el propio cuerpo (salvo el caso aislado de Alcmeón de Crotona). Asunto que cambió en la entrada de las investigaciones del Renacimiento, con las averiguaciones necrológicas o las autopsias.

Aún se conservaba la idea del alma en la modernidad, por ello Descartes la suponía en la glándula pituitaria. Además, la relación entre carácter-alma (personalidad o psiquismo) y cuerpo, sostenida en la idea de organicidad (alma orgánica y cuerpo orgánico) se seguía manteniendo pensada como una “máquina autónoma”.

Con Spinoza tenemos que “el alma es la idea del cuerpo”, y el cuerpo al ser un compuesto de partes indeterminadas cuya ley es el movimiento y el reposo, el alma podía tener una idea de ellas y de la propia ley, fundándose la relación de composición y descomposición entre partes corporales en la idea que tengamos de ese proceso y del alma misma.

Sin embargo, no todo en el cuerpo tiene que ver con todo el cuerpo. La idea de unicidad corporal no es explicada por una causalidad física de los componentes materiales del cuerpo. Éste se constituye por focos o lugares de actuación física, no generando un todo-totalidad, pero sí parcelas de procesos y funciones.

Lo anterior es explicado en el hecho de que las causas que intervienen en lo corporal no son las formales ni finales (una esencia del cuerpo) sino las materiales y eficientes: qué compone el cuerpo y cómo funciona. La anatomía da cuenta de cada pormenor de los distintos planos (óseo, funcional, orgánico, entre otros) de operatoriedad de lo corporal.

Freud y la histeria

Ahora bien, hay efectos corporales que no se explican directamente a través de las leyes fisiológicas: ¡Hay una falla en la máquina orgánica-racional cartesiana! Pues la funcionalidad corporal versa también sobre cómo opera y es constituido el psiquismo.

Las observaciones de Freud habilitaron una dimensión que no está en el Yo racional ni en la autonomía corporal: es donde el cuerpo y el habla fallan donde precisamente Freud ubicó lo inconsciente (ICC).

De esta forma, postuló el “determinismo psíquico” que desde lo ICC puede sobre-determinar el fenómeno sintomático más allá de la fisicalidad del cuerpo y la racionalidad del Yo, a merced de la represión de representaciones y contenidos mentales retornables en el cuerpo.

Así, en la neurosis pueden acontecer síntomas físicos que no tienen una corroboración necesaria con el saber médico, sino con fantasías o contenidos reprimidos que han sucumbido al inconsciente y operan desde allí respecto a una “anatomía imaginaria” ligada a la historia particular de la persona.

En ese sentido, el cuerpo en psicoanálisis es soporte de un discurso no sabido. Por ejemplo, alguna extremidad puede ser afectada con dolor, anestesia o parálisis como resultado de una formación de compromiso entre el sistema ICC y sistema consciente de la persona.

Lo anterior se conoce como histeria de conversión y refleja un síntoma que genera extrañeza ante la conciencia (como también una fobia), pero tras su análisis puede revelar por vía metafórica una conexión singular con la red simbólica que se hace patente en el habla, cuyo contenido se vincula a deseos y contenidos rechazados.

Ideas lacanianas del cuerpo en psicoanálisis

Desde la perspectiva analítica el cuerpo es una construcción habilitada desde el campo del Otro, (lo cual implica la dimensión del lenguaje): las modalidades en cómo se ha introducido el significante en el órgano biológico desde el lugar de nuestra madre o cuidadores, marcarán nuestra identidad e imagen corporal. En este sentido se habla del complejo de Edipo y de “realidad psíquica”.

Por el mero hecho de estar atravesados por el lenguaje, hay una suposición de saber. Éste responde a una pregunta por “la corporalidad” del Ser y su origen, incorporando un saber que proviene de la cultura; de nuestra familia, o de una demanda devenida por suponer que hay un lugar completo (S2), similar a la imagen que vemos de nuestro cuerpo cuando nos miramos al espejo.

Ahora bien, en la neurosis el padecimiento del cuerpo implica el sufrimiento por “tener uno”, por “ser un alma corporal” cuyo fundamento –o sujeto- es la hipótesis de un goce que lo determina. Bien dice Lacan:Para gozar hace falta un cuerpo”, (Sem, 19, 4/11/1971, p. 2620) esto puede querer decir que es necesaria la existencia tridimensional para que un saber del ICC pueda advenir y ser confirmado en la repetición.

Así, podemos transitar constantemente por situaciones dolorosas que no pueden dejar de acontecer, ya sea a nivel de pareja, laboral, en pensamientos repetitivos, o síntomas sin causa orgánica. Pero ese cuerpo que vive un síntoma, le corresponde el sufrir, mientras que a un Otro “el pedacito de torta del goce”.

El trabajo del analista versaría en la modificación de la estructura que sostiene dicho saber, el cual perjudica la vida de la persona al perpetuarse en la repetición de situaciones dolorosas. Para ello, se cuenta con el método de la asociación libre, la interpretación, el cuestionamiento y confrontación de esa identidad coagulada y de lo imposible en el caso, descubirendo tanto al sujeto como la estrategia del deseo icc para comunicárselo al analizante: ¿Por qué esa persona se sacrificaría para que ese “saber” sea cierto? ¿Qué o a quien quiere sostener?

¿Realidad e imagen del cuerpo?

Sin embargo, desde la perspectiva dualista-cartesiana, queda la inevitable cuestión mítica sobre el origen de lo corporal, sintetizado en la pregunta: ¿qué es primero, el cuerpo o su idea? Por un lado, el cuerpo puede entenderse como un conjunto de factores biológicos, físico-químicos, materiales, supeditados a unas condiciones específicas del medio ambiente y la interacción con el entorno, la esfera genómica, entre otros. Y por otro, la idea del cuerpo, adviene en virtud del eje simbólico, habitando previamente, diríamos, la materialidad del mismo. Sin embargo, podría afirmarse que el cuerpo y su idea resultan como una conjunción retroalimentada y bicondicional.

Una canción muy bonita que expresa poéticamente la relación del cuerpo, su imagen y el Yo respecto al Otro es: “La pasión del espejo” de Gabo Ferro:

Por otra parte, el lenguaje que habita la materialidad llamada cuerpo no es independiente de un síntoma que puede resultar un hijo con relación a sus padres. Pues la imagen del cuerpo es una síntesis de las interacciones emocionales y erotizantes: es el espacio donde adviene la inscripción de las necesidades, la demandas y los deseos.

Dichas inscripciones pueden determinar la respuesta que tomamos frente al deseo del Otro -¿Qué me quiere?- Configurando un fantasma y hasta el carácter: “Así: todos los humanos son niñitos que no tienen seguridad si sus padres no la tienen […]  este miedo actúa sobre varias generaciones: fulano, que no piensa más que en su seguridad, es hijo de unos padres que en su infancia no la tuvieron de padres que a su vez no la tenían”. (p.60) afirma Dolto (1986).

Y tú ¿qué piensas sobre este fascinante tema?


Autor: Kevin Samir Parra. Psicólogo. Redactor en la Academia de Psicoanálisis, Madrid S.L.

Fuentes:

  • Lacan, J. (s/f). Seminarios de Jacques Lacan. Libro 19, clase del 4/11/1971. Versión Psikolibros.
  • Dolto, F. (1986). La causa de los niños. Barcelona, España: Paidós ibérica.
  • Spinoza, B. (1677. tr.1987). Ética demostrada según el orden geométrico.  Madrid, España: Alianza editorial.
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