Jean-Martin Charcot: Vida y aportes al psicoanálisis

Considerado uno de los más brillantes médicos de la Europa del siglo XIX, Charcot fue una figura descollante por sus dotes artísticas y científicas. Minucioso explorador del método hipnótico, inspiró a Freud en su modo particular de estudiar los fenómenos histéricos. ¿Quieres saber más? ¡Haz clic!

Jean-Martin Charcot: Vida y aportes al psicoanálisis
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¿Quién fue Jean-Martin Charcot?

Jean-Martín Charcot nace en París el 29 de noviembre de 1825 bajo el abrigo de una familia francesa de clase media. A sus 18 años ingresa a la universidad de París a estudiar medicina, doctorándose en neurología a sus 28 años en 1853.

Charcot, al ser nombrado jefe de los servicios de salud del hospital de la Salpêtrière en París, observaba muy detalladamente los síntomas de sus pacientes y, en ocasiones, cuando éstos fallecían, hacia un estudio correlacional de sus síntomas considerando anomalías especificas del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal del fallecido).

Esto le permitió hacer las primeras clasificaciones (o nosografías) de diversas enfermedades neurológicas como la poliomielitis y la esclerosis múltiple. También describió una patología de las neuronas motoras, la cual se hizo conocida como la enfermedad de Charcot.

Como dato curioso, gracias a él la toma de temperatura corporal de los enfermos se estableció como rutina de la salud hospitalaria. Además, pudo enseñar las diferencias entre las parálisis orgánicas e histéricas. Por todo lo anterior es considerado el “padre de la neurología”.

Por otra parte, fue maestro de grandes personalidades de la psicología como William James, Alfred Binet, Pierre Janet y de S. Freud (entre del 13 de octubre de 1885 al 28 de febrero de 1886) en el hospital de La Salpêtrière. Sus principales cátedras fueron: anatomía patológica y neuropatología. Finalmente murió el 16 de agosto de 1893 a causa de un infarto y complicaciones por un edema pulmonar.

Charcot y la histeria: los inicios del psicoanálisis

Jean-Martin Charcot, además de clasificar, describir y hallar la etiología de múltiples afecciones orgánicas, realizó una descripción del “arco histérico” lo cual se refiere a una contractura del cuerpo donde una inervación (o carga afectiva) se desplaza a una zona de la musculatura que sirve de sostén del cuerpo.

Dichas zonas estaban constituídas por los pies o la parte posterior de la cabeza (la nuca) donde se concentraba la tensión, generando el dolor que impedía el libre movimiento de la persona. Gracias a su espíritu artístico y científico, Charcot pudo entrever que dicha afección era producida por una elaboración psíquica estrangulada, es decir, por impresiones afectivas traumáticas.

De este modo, Charcot realizó una primera clasificación de la histeria denominándola “histeria traumática”, donde la zona afectada era una “zona histerógena”. En este sentido, el neurólogo francés realizó la siguiente clasificación del “gran ataque histérico” en 4 fases, a saber:

  1. Fase epileptoide (donde emergían conductas explosivas y crisis impulsivas).
  2. Fase de los grandes movimientos (donde se presentaban parálisis, contracturas musculares o pérdida de la sensibilidad).
  3. Fase de las actitudes pasionales (o fase alucinatoria) caracterizada por la escisión de la consciencia y alteración de los órganos sensoriales.
  4. Fase del delirio final.

De esta forma, se introduce a la histeria por vez primera en el campo de la neuropatología, alejándola de las concepciones de la hechicería, posesiones demoniacas o simulaciones, que a lo largo del tiempo se le había atribuido.

¿Qué hizo Charcot?

Uno de los aportes de Charcot fue dar cuenta de fenómenos que la mayoría de los médicos de la época se negaban a ver y estudiar detalladamente tales como las parálisis y síntomas que no tenían una causa orgánica ya que eran vistos como una simple exageración o puesta en escena. Para abordarlos, usó un método innovador pero muy criticado: La hipnosis.

Mediante la hipnosis, el gran médico francés podía re-crear o quitar síntomas en el cuerpo o inducir a realizar ciertas conductas después de su intervención; pero ¿cómo lo hacía? A partir de un estado de relajación progresiva que se conoce como “estado hipnoide” y luego, por “sugestión prohibidora” lograba anular las defensas del Yo y acceder al sistema inconsciente del psiquismo en los pacientes histéricos.

Otra novedad tratada por Charcot fue la histeria en un paciente masculino, ya que hasta entonces se creía que esta afección era sufrida sólo por mujeres (de allí el término “oὑστέρα” hystero: mal funcionamiento del útero).

Estos pacientes presentaban los siguientes síntomas: ataques convulsivos, pérdida de la sensibilidad en el cuerpo y parálisis motrices. La etiología de esta afección, según Charcot, era una degeneración neurológica hereditaria pero paralelamente influían para su formación “agentes provocadores” de índole psíquica, como preocupaciones emocionales incontrolables.

Las sesiones de los martes

Mediante sus experimentos, Charcot evidenció que la histeria no estaba en el útero, sino en el cerebro. También postuló que el origen de esas convulsiones, sofocos, parálisis y otros síntomas sin explicación, podría estar en una experiencia del pasado. Casi simultáneamente, propuso la idea de que este mal podía ser tratado por medio de la hipnosis. Así fue como surgió uno de los escenarios más fascinantes de aquellos tiempos: las sesiones de los martes.

En ellas Charcot presentaba los casos de histeria, casi en el marco de un escenario histérico. Es decir, teatral. El médico francés mostraba, uno a uno, cómo los síntomas desaparecían bajo el estado de hipnosis. En 1910, Freud se referiría de la siguiente manera a la fascinación que le producían estos encuentros en la Salpetriere:

[…] nos encontrábamos enteramente bajo el sortilegio de las investigaciones de Charcot. Equiparamos las vivencias patógenas de nuestros enfermos, en calidad de traumas psíquicos, a aquellos traumas corporales cuyo influjo sobre parálisis histéricas Charcot había establecido.

Charcot y la hipnosis

Te preguntarás ¿qué es la hipnosis? Aparte de constituir un método de cura antiguo ligado al misticismo que data desde las culturas orientales y egipcia, es una condición psíquica a partir de la cual se llega a un estado intermedio entre el sueño y la vigilia llamado “trance que puede ser inducida por otro o incluso por ti mismo a través de sugestión (por ej, usando mantrams).

En ese estado de trance hay una reducción de tus capacidades críticas a partir de una limitación de la atención (por eso el hipnotista usa de manera repetitiva un objeto o palabras-mantrams), lo cual permite un aumento de la sugestionabilidad. El papel de Charcot fue describir las fases de la sugestión hipnótica.

A partir de las observaciones agudas sobre las modificaciones de las conductas reflejas y el movimiento muscular, Charcot distinguió tales etapas en: Letargo, catalepsia y sonambulismo. Para ser hipnotizado, es vital estar recostado, en un ambiente tranquilo y lo más aislado posible de los estímulos externos, para permitir un estado de relajación.

La discusión Charcot-Bernheim

Para el padre de la neurología, no todas las personas eran susceptibles de ser hipnotizadas sino sólo los que presentaban una predisposición a la histeria, por lo que la hipnosis era un signo de alteración mental. Esta opinión le puso en querella con la escuela de Nancy (cuyo mayor representante fue Bernheim).

Allí, consideraban al estado hipnoide como una condición normal, ligada al fenómeno de la sugestión. Asimismo, consideraban que todas las personas eran pasibles de ser sugestionadas, idea que Freud luego tomó para explicar el fenómeno de la transferencia, resorte fundamental de la terapia psicoanalítica.

En otras palabras: Charcot consideraba que la histeria tenía una etiología hereditaria y creía además que la hipnosis era también un producto de esa patología. Las personas que podían ser puestas en estado hipnótico eran las personas neuróticas y la hipnosis era una especie de consecuencia de esa patología. Mientras que Bernheim creía que todas las personas eran susceptibles de ser hipnotizables, teoría que probó con sus fenómenos de sugestión post-hipnótica.

Por otro lado, cabe destacar que del método hipnótico se deriva el uso del diván en psicoanálisis. Recostado en el diván se espera que el analizante adopte una postura cómoda y que el psicoanalista permanezca fuera de su alcance visual; lo cual permite un mejor flujo de asociaciones, impidiendo que algún gesto sutil del analista interfiera y predisponga de alguna manera las asociaciones del paciente.

¿Qué caracteriza al estado hipnótico?

En su formación con Charcot y luego con Breuer la investigación del estado hipnoide le sirvió a Freud para conseguir una mejor comprensión de la histeria. En esta afección, se observaban una serie de representaciones separadas –reprimidas- del sistema consciente, que terminaban por afectar a los pacientes a nivel de lo somático o corporal.

A partir de la demostración de la relación existente entre los estados hipnoides y los síntomas histéricos, Freud empezó a teorizar sobre el inconsciente, concibiéndolo posteriormente como una especie de "reservorio" de representaciones reprimidas.

Estas representaciones habrían sido "esforzadas al desalojo" por las instancias psíquicas superiores a causa de su carácter inconciliable con otras representaciones del yo, no obstante lo cual han conservado su eficacia y, sobre todo su carácter patogénico, esto es, su función activa en la constitución de síntomas. 

De modo que gracias a todo cuanto Freud pudo aprender durante su estadía en la Salpetriere, estudiando junto al maestro Charcot, es que se pudo restituir su condición médica a la histeria, comprenderla, explicarla y tratarla.

Entre las características del estado hipnoide se encuentran:

  1. Alteración de la función del yo: Hay una sustitución de ideas por imágenes acústicas y visuales, es decir, se induce un estado de ensoñación en el cual el médico puede manipular las opiniones a través de las órdenes dadas por él.
  2. Restricción de la motilidad: las acciones musculares voluntarias dejan de estar orientadas a los estímulos del mundo exterior.
  3. Transferencia hipnótica: es un estado propiciado por la alteración del Yo. La atención se vuelve selectiva y parcializada; aquí el hipnotizado espera las órdenes del médico volviéndose crédulo y obediente. Bien lo usó Freud  en una mujer con histeria (1893): “No tenga usted miedo… su estómago marcha bien; tiene usted un gran apetito y está deseando comer” (p.23)

En resumen, la hipnosis parte de una inducción a partir de la cual el sujeto está dispuesto a colaborar con el hipnotizador siguiendo sus indicaciones con el fin de impedir el surgimiento de recuerdos dolorosos o síntomas conversivos, y al mismo tiempo reconstruir la historia de un síntoma.

Críticas a Charcot

Charcot fue duramente criticado por muchos de sus contemporáneos. Le acusaban de ser poco científico y de haber convertido en un circo sus sesiones de los martes. Las afirmaciones no eran justas. Charcot tenía un profundo espíritu científico y por eso mismo no se cerraba a ninguna opción. 

Frente a las críticas recibidas por lo heterodoxo de su metodología, un día Charcot pronunciaría una frase al decir de Freud "imborrable" que el padre del psicoanálisis cita en su Presentación Autobiográfica y que de algún modo da cuenta de la importancia que tuvo Charcot para él. 

“La teoría es muy bonita, pero eso no impide que las cosas sean como son”.

Con esta frase, se proponía anteponer los fenómenos clínicos a la sapiencia teórica constituida y solidificada sobre determinada temática, que acababa deviniendo un obstáculo a una nueva comprensión más precisa sobre determinados fenómenos, como ocurrió con la histeria.

¿Por qué Freud abandonó la hipnosis?

Freud descubre que cuando los síntomas se levantaban esto ocurría “por amor al médico”  (a aquello que su investidura representara para el paciente). Entonces, el tratamiento mediante hipnosis si bien revela una verdad del funcionamiento de lo anímico (la eficacia de grupos psíquicos separados de la consciencia en la formación de síntomas), no producía cambios consistentes en la dinámica o lucha pulsional que se ubicaba en la base de dichos síntomas. Como consecuencia, la cura de la hipnosis era momentánea: ¡muchas veces los síntomas volvían con su intensidad o eran sustituidos por otros! 

Otro factor adverso del método hipnótico es que no todo el mundo es pasible de ser hipnotizado, por lo que se restringía enormemente el campo de aplicación. Asimismo, cuando el método funcionaba, las consecuencias no trascendían las coordenadas del tratamiento: al no contemplar lo que Freud luego llamaría "el manejo de la transferencia", los efectos terapéuticos de la sugestión desaparecían una vez terminado el contacto con el hipnotizador y los síntomas volvían a manifestarse al poco tiempo.

El gran legado de Charcot para el psicoanálisis

Sin embargo, la importancia de Charcot para el psicoanálisis fue considerar la eficacia traumática de determinadas experiencias en la constitución de síntomas histéricos. A través de la hipnosis él logró demostrar que estos síntomas  eran de etiología psíquica, por lo que las representaciones con carga emocional podían inervarse en el cuerpo e influir sobre el estado de salud de la persona.

Freud continuó esta línea de investigación al argumentar que sólo se podían comprender los síntomas de la histeria si se rastreaban sus orígenes en las experiencias que hubieran tenido efecto traumático, más específicamente en las experiencias tempranas de “seducción” o abuso sexual. (Leys, 2000). Al respecto, se cita el siguiente fragmento de Freud en Estudios sobre la histeria:

Los síntomas de la histeria derivan su determinismo de ciertas vivencias de eficacia traumática que el enfermo ha tenido, como símbolos mnémicos de las cuales ellos son reproducidos en su vida psíquica […] En estas vivencias estuvieron en vigor las causas eficientes de la histeria; tenemos derecho a esperar, entonces, que por el estudio de las escenas traumáticas averiguaremos qué influjos produjeron los síntomas histéricos, y de qué modo lo hicieron (Freud, 1896).

Con respecto a sus consideraciones del trauma, cabe establecer una distinción entre las ideas de Charcot y las del padre del psicoanálisis. Freud argumentaba que no era la experiencia misma la que obraba como suceso traumático, sino el hecho de revivirlo tardíamente en forma de recuerdo después de que el individuo hubiera alcanzado la madurez sexual. De allí que Freud junto a su otro maestro J. Breuer desarrollaran el método catártico, con el fin de que los pacientes pudiesen expresar hablando un contenido incómodo para liberarse de tensiones ideativas que guardaban una carga afectiva desagradable, dando posteriormente nacimiento al psicoanálisis.

Hecha esta salvedad, cabe destacar la gran admiración y respeto que Freud sentía por Charcot, así como la indiscutible relevancia de éste para el nacimiento de la doctrina psicoanalítica. A continuación, se extrae un fragmento escrito por Freud, inmediatamente posterior al fallecimiento de uno de sus más grandes maestros:

Charcot fue sorprendido el 16 de agosto de este año por una muerte súbita sin previo achaque ni enfermedad, tras una vida feliz y coronada por la fama. Con ello, la joven ciencia de la neurología ha perdido prematuramente a su máximo promotor […] Sus grandes éxitos le causaban honesto y humano regocijo, y le gustaba contar sus comienzos y el camino transitado […] Charcot deja un grupo de discípulos cuya calidad intelectual y los logros que ya han obtenido garantizan que el cultivo de la neuropatología en París no descenderá tan pronto de la altura hasta la cual Charcot la había elevado […] Como maestro, Charcot era directamente cautivante; cada una de sus conferencias era una pequeña obra de arte por edificio y su articulación, de tan acabada forma y tan persuasiva que durante todo el día no conseguía uno quitarse del oído la palabra por él dicha, ni de la mente lo que había demostrado […] Es inevitable que el progreso de nuestra ciencia […] desvalorice mucho de lo que Charcot nos ha enseñado; pero ningún cambio de los tiempos o de las opiniones podrá menoscabar la fama del hombre por quien hoy hacemos duelo (Freud, 1893).

Autor: Kevin Samir Parra Rueda, redactor en la Academia de psicoanálisis.

Referencias:

  • Freud, S. (tr.2005). Obras Completas. Tomo I. V. Charcot. (1893). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Freud, S. (tr.2005). Obras Completas. Tomo I. IV. Un caso de curación hipnótica. (1892-1893). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Freud, S. (tr.2005). Obras Completas. Tomo I. VI. Estudios sobre la histeria. (1895). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Galimberti, U. (2002). Diccionario de psicología. Buenos Aires Argentina: Siglo XXI.
  • Hergenhahn, B. (2001). Introducción a la historia de la psicología. México: Cengage learning editores S.A.
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