La Cenicienta y la Psicología

¿Sabías que muchos de tus cuentos, mitos y parábolas favoritas expresan fantasías inconscientes ancladas en los deseos indestructibles de la vida anímica infantil? En el presente artículo analizamos la relación entre la Cenicienta y la Psicología. ¿Quieres saber de qué se trata? ¡Haz clic aquí!

La Cenicienta y la Psicología

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Aspectos psicológicos del cuento

En todos los aspectos, «Cenicienta» es el cuento de hadas más conocido y, probablemente, el preferido de todo el mundo. Es un relato muy antiguo, pues cuando se escribió por primera vez en el siglo IX d.C. en China, tenía ya una larga historia.

«Cenicienta» es un relato sobre las esperanzas y las angustias presentes en la rivalidad fraterna y sobre el triunfo de la heroína rebajada por las dos hermanastras que abusan de ella.

Mucho antes de que Perrault diera a «Cenicienta» la forma bajo la que actualmente se ha hecho famosa, «el tener que vivir entre cenizas» representaba la inferioridad del protagonista con respecto a sus propios hermanos.

En Alemania, por ejemplo, existían historias en las que un muchacho que se veía obligado a vivir entre las cenizas se convertía finalmente en un rey, gozando así del mismo destino que Cenicienta.

El complejo fraterno

Ningún otro cuento de hadas expresa tan bien como las historias de «Cenicienta» las experiencias del niño pequeño que sufre la angustia de sentirse desesperadamente excluido por sus hermanos y hermanas.

Cenicienta es menospreciada y degradada por sus hermanastras; su madre (madrastra) la obliga a sacrificar sus propios intereses en beneficio de los de aquellas; tiene que realizar los trabajos más sucios de la casa y, aunque los lleve a cabo con toda minuciosidad, no recibe gratificación alguna; al contrario, se le exige cada vez más y más.

Según Bruno Bettleheim, por muy exageradas que puedan parecer las tribulaciones y penalidades de Cenicienta a los ojos de un adulto, éstas corresponden exactamente a los sentimientos del niño que se halle inmerso en los efectos de la rivalidad fraterna: «Ese soy yo; así es como me maltratan, o como les gustaría hacerlo; me consideran insignificante y me desprecian».

El deseo inconsciente

El deseo es el motor de la existencia humana y en función de él se articulan las fantasías que permiten sostener al propio sujeto en la escenificación de su drama existencial. Así, en el cuento de La Cenicienta, vemos cómo se sigue un guion neurótico que aspira a una unión amorosa con el Otro.

De acuerdo con este relato, el deseo fundamental se articula en relación con la unión incestuosa con la madre, por lo que en la historia se sustituye a la madrastra por el hada madrina, quien encarna la enseñanza de “creer en la magia” dada a la cenicienta por su progenitora antes de fallecer.

La protagonista obtiene en esa fantasía no sólo el sostén sublimado del cuidado erótico maternal, sino un nuevo reconocimiento legitimo del vínculo “materno-mágico” al que sus hermanastras no pueden acceder ni pertenecer, así como la identificación femenina que le permite satisfacerse en el hecho de ser amada por el príncipe.

En este sentido, resulta interesante destacar la moraleja del cuento, narrada por el propio autor del cuento, Charles Perrault: “Para ganar voluntades, para abrirse corazones, más que trajes y tocados, sirve un alma pura y noble”.

La novela familiar del neurótico

En este relato infanto-juvenil también se refleja de muy buena manera la "novela familiar del neurótico" descripta por Freud, por el hecho de que la protagonista se encuentra insatisfecha con la familia que tiene.

Bien exclama la Cenicienta en la historia: “¡Qué desdichada soy! ¿Por qué me tratan tan mal?”. A partir de esta insatisfacción se arma una narración imaginaria que tiene por fin modificar los lazos de la situación familiar.

En la realidad de su familia, ella es reconocida como una sirvienta y desea que esa situación cambie. Uno de los modos para lograrlo consiste en la posibilidad de asistir a la fiesta del más alto estatus social organizada por el príncipe, hecho que cambiará su vida para siempre.

En la posibilidad de asistir al gran evento se modula la envidia por parte de sus hermanastras y se despliega, como reacción, la fantasía de la sustitución de la “MADR-astra” por el Hada “MADR-ina” quien dará no sólo los reconocimientos a su belleza y nobleza, sino también los materiales simbólicos necesarios para poder asistir al baile.

En tal escenario, ella conocerá al “amor de su vida” y podrá dar fin a su sufrimiento: el final feliz que soluciona la enorme rivalidad fraterna. Cenicienta, lejos de ser destruida por los celos de sus hermanastras, lo mismo que los hijos de Edipo, acaba por vencer todas las dificultades.

El cuento retrata, de este modo, los objetivos de erotismo y ambición característicos de la sexualidad infantil y su paso a la adolescencia, centrados en la unión del personaje principal con el príncipe: “ambos vivieron felices para siempre” en un estatus social más acomodado. En éste sentido, el valor del cuento es erótico.

De este modo, una y otra vez vemos en los cuentos de hadas, que una relación insatisfecha con un progenitor — como es, invariablemente, toda relación edípica— es sustituida por una relación feliz con el cónyuge liberador, como ocurre, por ejemplo, en la relación de Cenicienta y un padre inepto y débil de carácter.

Rasgos histéricos del personaje

Asimismo, se advierte en la historia cómo se expresa la problemática histérica, caracterizada porque Cenicienta vive con una profunda insatisfacción y sosteniendo el deseo del Otro. En el cuento, esto se observa cuando la bella muchacha promete a su madre en su lecho de muerte “ser buena y bondadosa” aunque eso implique ser pisoteada y desvalorizada.

Lo anterior se escenifica en una nueva posición ante la pregunta histérica fundamental “-¿Qué quiere decir ser mujer?”, pregunta respecto de la cual la protagonista, ubicándose en relación directa con el deseo materno vive pasivamente el drama de ser agredida afectivamente por su familia política, disminuyendo su autonomía.

Por otra parte, la célebre historia fabrica un hombre-príncipe ideal que está animado por el deseo de saber y, en especial, de saber quién era la bella y misteriosa mujer con quien bailó durante su fiesta. Bien dice el príncipe a su mayordomo: “– Quiero que recorras el reino y busques a la mujer que ayer perdió este zapato ¡Ella será la futura princesa, con ella me casaré!”

Con esto se entrevé que lo que le importa al personaje de la Cenicienta es quedar establecida como un valor precioso para el Otro, es decir, que tanto el príncipe como su familia sepan en qué objeto admirable se ha convertido ella en el contexto del discurso de todo el reino.

Símbolos del cuento: su relación con la mitología y el folklore

Los cuentos infantiles y, en particular, La Cenicienta, son el resultado de mecanismos característicos de la lógica de lo inconsciente, en especial, el desplazamiento. A través de una narración, lo reprimido (la sexualidad infantil) se encuentra simbolizado y expresado en un lenguaje cifrado, acorde con las leyes de la censura endopsíquica.

La calabaza que el hada madrina transforma en carroza simboliza, desde la mitología china, la fuente de vida y la fecundidad, dadas las abundantes semillas que contiene. También representa a la madre tierra y su unión con el cielo que, a su vez, representa al principio activo-masculino. De esta forma, la calabaza representa la fantasía de fusión y completud con las imagos parentales.

La carroza representa la fuerza activa de la musculatura en la organización pre-genital, en tanto que es una acción sobre el mundo que permite la autoconservación; siendo la fuente de la pulsión de apoderamiento. Asimismo, representa al arquetipo VII del tarot de Marsella y simboliza al "Yo" como principio activo que dirige la vida, concreta proyectos y modifica la realidad.

Los 7 ratones a los cuales el hada madrina transforma en caballos y el conductor de la carroza representan, curiosamente, para la mitología del oeste africano (en el pueblo primitivo Bambara), el animal por el cual se realiza el ritual de extracción del clítoris en las muchachas.

En dicho ritual se le otorga el clítoris para su consumo al ratón, quien consignará el nacimiento de un primogénito varón tras suprimir “los impulsos de maldad de la sexualidad femenina” en la joven castrada. En este sentido, el ratón representa la amenaza de castración.

Otro contenido de interés es el símbolo de las zapatillas de cristal y el pie único de cenicienta, siendo una clara alusión al fetichismo y a la teoría infantil de la premisa universal del pene.

La zapatilla puesta desde los ojos del príncipe es el motor de búsqueda para encontrar -obsesivamente- a la protagonista en virtud de su pie; la horma del zapato representa un encuentro que hace existir la relación sexual, a la vez que -en cuanto núcleo perverso del fantasma- se condensa el rasgo de amor en ese objeto fetiche (pie) que sustituye el ausente falo materno y reniega de la castración.

Autores: Guillermo Miatello y Kevin Samir Parra.

Fuentes:

  • Chevalier, J. (1986). Diccionario de los símbolos. Barcelona, España: Herder
  • Freud, S. (tr. 2005). Obras Completas. Tomo II. XXX. Teorías infantiles. (1908). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Freud, S. (tr. 2005). Obras Completas. Tomo II. XXXIX. La novela familiar del neurótico. (1909). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Lacan, J. (tr.2008). El seminario de Jacques Lacan. Libro 17: El reverso del psicoanálisis 1969-1970. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
  • Perrault, Charles (1628-1703). La Cenicienta, cuento infantil. Disponible en: 1)  https://www.mundoprimaria.com/cuentos-infantiles-cortos/la-cenicienta
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