La sexualidad en psicoanálisis: una introducción al concepto

¿Por qué nos sentimos atraídos hacia ciertas personas? ¿Por qué repetimos siempre los mismos patrones? ¿Por qué amamos de un modo particular? La sexualidad en psicoanálisis es un concepto complejo que remite al modo en que la palabra y el deseo de nuestros otros primarios nos habita y determina...

La sexualidad en psicoanálisis: una introducción al concepto
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¿Qué es la sexualidad en psicoanálisis?

Para el psicoanálisis, la sexualidad es una condición que nos estructura subjetivamente y, por eso mismo, va más allá del mero ejercicio de la función reproductiva y de la prevalencia de la zona erógena genital. La sexualidad es, para el psicoanálisis, algo masivo, determinante que designa el modo en que las personas nos hallamos sujetas a lo que Lacan llama "el campo del Otro".

Desde la vida infantil, y a partir del modo dinámico en que hemos sido acariciados, hablados, cuidados y significados por nuestros guardadores (en especial la madre) a las personas se nos brinda, además de la satisfacción de las necesidades para la autoconservación, el acceso y la inscripción en el mundo social. En nuestros primeros vínculos quedan establecidos los modos de satisfacción libidinal que perdurarán hasta la adultez, a la vez que se configura para nosotros una identidad sexual, un modo de amar y de vincularnos con el otro.

La sexualidad en psicoanálisis es un concepto extremadamente complejo que se liga a al deseo, al amor, al narcisismo, a la prohibición del incesto y a la diferencia entre los sexos. Considerar la sexualidad supone indagar en cómo el ser humano está determinado por las funciones parentales, por la cultura, por las contingencias del devenir histórico que le ha tocado en suerte y con cómo éste ha sido internalizado. Todo esto ocurre, como señala Lacan, en el "campo del significante" que es lo que caracteriza a la sexualidad humana.

La pulsión y la psicosexualidad

La metapsicología freudiana cuenta con un concepto para nombrar la característica diferencial de la sexualidad humana, y este concepto es el de pulsión. La pulsión es un empuje constante, una fuerza interna activa cuya meta es la obtención de placer. Freud la define como una representación anímica de lo somático, “un límite entre la psique y el órgano biológico”. La pulsión es aquel motor psíquico que nos mueve para la obtención de placer en torno a un objeto, y su satisfacción está en el recorrido realizado hacia el encuentro de este objeto.

Si bien la fuente de las pulsiones son las zonas erógenas, Lacan propone que tales zonas están delimitadas por el encuentro con las determinaciones inconscientes del Otro, encarnado por los padres en una cultura específica. Es decir que el Otro en sus dimensiones real, simbólica e imaginaria interviene de manera necesaria en cierto momento de la constitución subjetiva para colmar las pulsiones autoconservativas del enfans.

A partir de allí se inscribe -por apuntalamiento- este "plus" de lo libidinal (pulsiones sexuales), que Freud articula con ciertos modos de goce específicos: puntos de fijación de la sexualidad pregenital definidos por metas y objetos pregenitales y previos al hallazgo de objeto, a los que la libido tenderá a regresar en la vida adulta.

Estos puntos de fijación libidinal, así como la tendencia repetitiva a buscar satisfacción "regresando" a ellos, hacen a la lógica de funcionamiento del síntoma neurótico. Ahora bien, falta todavía añir un elemento clave, que hará posible el "retorno de lo reprimido" en la neoformación del síntoma: ese elemento es la fantasía, ese "reino intermedio" entre el principio del placer y el principio de realidad, en donde el neurótico desconoce la castración, resistiéndose a la renuncia pulsional exigida por el desarrollo.

La represión es un mecanismo a todas luces ineficaz en el domeñamiento de la pulsión, y de ello constituye una evidencia irrefutable el drama neurótico: hiperintensidad de la actividad sexual de la primera infancia + hiperintensidad de las fantasías + hipermoralidad = Malestar (Inhibición, Síntoma, Angustia).

Pulsión vs. Instinto

La diferencia fundamental del instinto respecto de la pulsión es que el primero ya tiene un saber preformado, ligado de forma invariable a un objeto (por eso es que nunca verás a un perro fetichista, o a un tigre travesti) mientras que en la pulsión, el objeto es lo más variable y depende de la historia subjetiva. El atravesamiento del lenguaje, marca la división del sujeto y hace que se pierda el instinto y se instaure la pulsión.

De acuerdo a todo lo anterior, conviene recordar la afirmación de Lacan (tr.2006): “las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. (p.18). Tal definición anuncia que parece que la pulsión viene del organismo, empero, el órgano biológico es sensible a los dichos. En otras palabras, el cuerpo es un receptáculo del decir, y los modos cómo nos enunciaron impactan como un eco al cuerpo; en efecto, éste es una “zona histerógena”. De este modo, se constituyen las formas de cómo amamos y nos vinculamos con los demás.

De esta forma, la sexualidad en psicoanálisis se relaciona con el determinismo psíquico y con cómo regresamos a modos de satisfacción primitivas acaecidos en la infancia, que muchas veces nos negamos a perder, por eso dice Freud (1905): “El hallazgo {encuentro} de objeto es propiamente un reencuentro” (p.203). Para ejemplificar este tema, presento la siguiente letra de la salsa titulada “pequeñas cosas” de Willie Gonzáles:

“Aquellas cosas, que el tiempo no olvidó

Aún están presentes

Aún siguen latentes

Tus recuerdos, en mi corazón

Ha sido imposible, sacarte de mí ser

Aún llevo grabados, tus deseos en mi piel

Y en cada parte mía

Y en el silencio más profundo

Escucho tu voz”.

A medida que crecemos, vamos asumiéndonos como sujetos, perdiendo objetos que alguna vez fueron fuente de satisfacción. De todos modos la huella del objeto perdido queda inscripta en el nivel de la fantasía, lo cual sirve de motor para que en la vida adulta nos vinculemos con subrogados de esos primeros amores.

La constitución del fantasma

Desde la perspectiva psicoanalítica, las personas nos relacionamos unos con otros respecto de condiciones del amor que están estructuralmente asentadas en nuestras constituciones. El "enganche fantasmático" entre un hombre y una mujer se produce en el encuentro de los inconscientes. Se produce porque hay algo de mí en ti. Como señala la canción del grupo uruguayo Los TNT, "Tienes eso, eso, eso que me tiene preso"... 

Otra letra que es muy ilustrativa a este respecto es la de Tan Biónica: "Algo habré perdido que ando tan comprometido en buscar adentro tuyo algo que está dentro mío...". Esto quiere decir, en resumidas cuentas, que las condiciones del amor que uno exige así como las que uno brinda en un vínculo se remiten a las historias de las cuales proviene y atienden directamente a la forma en que el amor le ha sido dado. 

Cuando las personas nos elegimos para configurar un vínculo, lo hacemos en relación a lo que negamos, a lo que no sabemos de nosotros, a lo que callamos: a nuestro pathosNo nos elegimos por las condiciones que se explicitan en nuestra racionalidad o en nuestros ideales. Sí, están presentes también, pero el modo de la elección es absolutamente irracional, inconsciente.

Por supuesto que en cierto registro interesan los valores fálicos: - "ella es bonita, inteligente, etc", dirá él. - "Él es trabajador, honrado", etc, dirá ella. pero esto no es lo que comanda nuestra elección en términos estrictos. Como señala el filósofo y psicoanalista esloveno S. Žižek, si podemos explicar o justificar por qué amamos a alguien, simplemente no lo amamos.

¿Qué es el fantasma, entonces? Es una construcción intrapsíquica que ubicamos, en psicoanálisis, entre el sujeto y el objeto. Está construido por una cristalización inconsciente de vínculos primarios que hace a ciertos núcleos patológicos por los cuales las personas nos elegimos.

Desencuentro y malentendido: no hay LA relación sexual

Cabe hacer todavía un agregado. Esta elección inconsciente respecto de una historia común (fantasma) se implica, además, en relación a un saber que uno le supone al otro sobre su dificultad. Esa es la función que Freud llamó transferencia y que situó como base de los vínculos amorosos.

-Yo elijo al otro en relación a mi fantasma quiere decir, por un lado, que el fantasma de ese alguien tiene vinculaciones discursivas afines a las mías, es decir que la historia en relación con determinados significantes (ej.: el abandono, la distancia, el rechazo, la indiferencia, etc.) “hace lazo” entre nosotros, nos ubica en una encrucijada común...

...Pero además, y esto es fundamental, el vínculo es posible sólo a partir de una suposición de saber "desanudar ese nudo". En otras palabras, cada uno de los partenaires se dirige al encuentro del otro basado en la siguiente presunción: - Seguramente tú, que tienes noción de mi problema puesto que a ti te ocurre algo similar, sabrás resolver mi problema. La misma expectativa es la que nos une. El otro está llamado a resolver la dificultad propia...y el desencuentro se produce en el instante ¡en que el otro espera exactamente lo mismo de mí! ¿Qué ocurre entonces? ¿Cómo salimos de este atolladero?

Conclusiones...

Estas preguntas quedarán para ser abordadas en otro artículo. Por lo pronto, lo que sí podemos apreciar en esta breve introducción acerca de un tema complejísimo, es que la sexualidad para el psicoanálisis dista de ser lo que es la sexualidad para la medicina.

Para el psicoanálisis, la sexualidad excede largamente el aspecto genital-reproductivo y nos remite a la ubicación libidinal, al amor y el deseo. Asimismo, asigna un lugar protagónico a las etapas o fases del desarrollo psicosexual sepultadas en lo inconsciente, con directa incidencia en la constitución del sítnoma. Sexual es, para Freud, lo oral, lo anal, lo fálico-edipico, y la sublimación de las pulsiones sexuales para intervenir en la cultura.

La sexología como rama del conocimiento científico asociada a la medicina, estudia el sexo y su función a través de factores genéticos, hormonales, vasculares, anatómicos y biológicos para tratar patologías a nivel orgánico y alteraciones de la respuesta sexual. Asimismo, considera la posición “masculina-femenina”, el patrón sexual y la elección de objetos como algo referido a los órganos sexuales y el aprendizaje del individuo.

El psicoanálisis establece preguntas de base para las distintas estructuras clínicas, las cuales se edifican sobre los fundamentos de Edipo y la castración. Preguntas imposibles como ¿Cómo ser hombre? ¿Qué quiere decir ser una mujer? establecen las coordenadas simbólicas a través de las cuales el sujeto, haciéndose reconocer en el campo del Otro, se sujeta a su ley y adviene como deseante, autorizándose con ello a instituir una realidad ética desde su lugar de ser hablante.

Autor: Kevin Samir Parra Rueda, estudiante y redactor en la Academia de Psicoanálisis. / Guillermo Miatello, director Academia de Psicoanálisis.

Referencias:

  • Freud, S. (tr.1992). Obras Completas. Tres ensayos para una teoría sexual. (1905). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
  • Lacan, J. (tr.2006). El seminario de Jacques Lacan. Libro 23: El Sinthome. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
  • Willie Gonzales. “Pequeñas cosas”. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=zJVk9CGbdLM
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