La psicosis como dato transestructural: las locuras histéricas

En general hablamos de locura y psicosis como sinónimos. Pero ¿Qué pasa cuando los síntomas psicóticos se manifiestan en la neurosis, en la histeria, en la perversión? Freud nos anunció temprano en su obra que según el psicoanálisis "no existen las estructuras puras"...

La psicosis como dato transestructural: las locuras histéricas
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Clínica estructural: neurosis, psicosis y perversión

Jacques Lacan presenta el concepto de Forclusión del significante del Nombre del Padre en 1955, estableciendo lo que delimita la estructura de la psicosis de la neurosis. Siendo fiel a las categorías que Freud propuso a partir de los casos clínicos de sus pacientes, introdujo las maneras en que se va a manifestar la castración como estructuras clínicas básicas diferenciadas: la neurosis, la psicosis y la perversión.

Poniendo en juego la expresión “Clínica Estructural”, con esta categorización Lacan logra definir grandes conjuntos de síntomas como estructuras clínicas diferenciadas, siendo los mecanismos esenciales a cada una la represión (Verdrängung) para la neurosis, la forclusión (Verwerfung) para la psicosis y la renegación (Verleugnung) para la perversión.

En principio, un sujeto situado a nivel estructural en una de estas categorías no puede cambiar de una a otra. Sin embargo, esto no quiere decir que los síntomas producidos por cada uno de estos mecanismos sean exclusivos de una estructura determinada, pudiendo presentarse delirios y alucinaciones en estructuras neuróticas y perversas, o fetichismo -que es un dato perverso- en estructuras psicóticas y neuróticas.

El caso de “El hombre de los lobos”

En este sentido “El hombre de los lobos” es un caso paradigmático debido a que fue catalogado como una neurosis por Freud, pero presentaba fenómenos psicóticos relacionados con la Forclusión. Lacan lo relata de la siguiente manera: “La escena es la siguiente. Jugando con su cuchillo, se había cortado el dedo, que sólo se sostenía por un pedacito de piel”. 

“(...) El sujeto relata este episodio en un estilo que está calcado sobre lo vivido. Parece que toda localización temporal hubiese desaparecido. Luego se sentó en un banco, junto a su nodriza, quien es precisamente la confidente de sus primeras experiencias, y no se atrevió a decírselo. ¿Cuán significativa es esta suspensión de toda posibilidad de hablar; y justamente a la persona a la que le contaba todo, y especialmente cosas de este orden? Hay aquí un abismo, una picada temporal, un corte de la experiencia, después de la cual resulta que no tiene nada, todo terminó, no hablemos más de ello”. 

La relación que Freud establece entre este fenómeno y ese muy especial “no saber nada de la cosa”, ni siquiera en el sentido de lo reprimido, expresado en su texto, se traduce así: “lo que es rehusado en el orden simbólico, vuelve a surgir en lo real”. Por lo que para el diagnóstico debe de tenerse en cuenta lo transestructural que atraviesa las diversas estructuras clínicas y diferenciar los mecanismos que son determinantes en la formación de los síntomas de la posición del sujeto en una estructura clínica.

Núcleos psicóticos en la histeria y en la neurosis obsesiva

La presencia de la psicosis como elemento transestructural en sujetos que presentan una estructura neurótica, es decir, en aquellos sujetos donde lo determinante no es la forclusión del significante del nombre del padre sino la represión, puede establecer dificultades en el sentido diagnóstico, las cuales pueden tener implicaciones en la clínica y el tratamiento. 

A lo largo de la historia muchos neuróticos, particularmente histéricos, han sido tomados por psicóticos. En la Edad Media fueron quemados en la hoguera, víctimas de la Inquisición. Más cerca en el tiempo, tenemos los historiales clínicos de Charcot, en donde estos enfermos aparecen desmembrados en múltiples categorías diagnósticas, tomando como referencia las clasificaciones actuales. 

La pregunta - ¿Es psicosis o es histeria? aparece en un caso presentado a Lacan el 12 de marzo de 1976 en su Presentación de enfermos del hospital Sainte-Anne. El término "locura histérica" es tomado, en la escuela alemana por Greisenger, Krafft-Ebing, Kraepelin y en la escuela francesa por de Moreu de Tours, Legrand de Saule, Pierre Janet y, más recientemente, por el psicoanalista francés Jean Claude Maleval. 

Este concepto nos ayuda a cuestionar las manifestaciones clínicas del fenómeno de la locura, no sólo en las histerias en las que se presentan alucinaciones y delirios sino también en aquellos cuadros conocidos como “de personalidades múltiples” y también en lo que tradicionalmente se conocía como las “posesiones demoníacas”.

Los “inclasificables”

Como en toda nosología, en la Clínica Estructural existe un grupo de “inclasificables”. El tema de los límites entre psicosis y neurosis está nuevamente en discusión, sobre todo por el desarrollo teórico de las “psicosis ordinarias y extraordinarias”. El encuentro con la posición subjetiva del sujeto da lugar a considerar ciertas variaciones en la estructura, es decir que encontremos en determinadas estructuras síntomas pertenecientes a otras estructuras.

Asimismo, debemos reconocer que los límites han tendido a desdibujarse, especialmente a partir de la adopción del término trastorno en las clasificaciones actuales. La hipótesis neurobiológica de los trastornos mentales ha ido ganando terreno con el diseño de medicamentos que tienen efectos directos en la conducta, llevando a objetivizar la enfermedad mental en escalas y puntajes que han dejado de lado todo indicio de subjetividad. Esta confusión entre el organismo y el sujeto que vemos en el organodinamismo de Henry Ey, es la misma que realizan las neurociencias actuales.

Psicosis no equivale a locura

Las caracterizaciones de la histeria enfatizan los ataques histéricos y los síntomas conversivos. Pero también se han reconocido histerias graves en las que, se presentan delirios y alucinaciones: las locuras histéricas.  Que la locura y la histeria se encuentran en algún punto es un dato verificable a través de la historia de la clínica. Esto puede constatarse tanto en la Edad Media, en la clínica psiquiátrica del siglo XIX y principios del XX, así como en los textos iniciales de la obra freudiana.

Psicosis y locura no son términos homogéneos. Esto quiere decir que es posible ser psicótico sin estar loco o estar loco sin ser necesariamente psicótico. La locura es una categoría que atraviesa perpendicularmente el trípode estructural lacaniano perversión-neurosis-psicosis, pudiendo manifestarse en cualquiera de las estructuras clínicas.

Modos parciales de la forclusión

Resumiendo lo expuesto hasta aquí: una “locura” es una serie de fenómenos psicopatológicos -como delirios y alucinaciones- habitualmente de carácter episódico que pueden presentarse de manera alternativamente en una estructura psicótica o no. ¿Cuál es, entonces, en términos psicoanalíticos, el factor determinante para el diagnóstico diferencial? La respuesta es la transferencia. 

Las locuras histéricas se comportan, en este sentido, de igual modo que las otras formas de histeria y son susceptibles del tratamiento analítico. El mecanismo de formación de síntomas no puede corresponder a la falla represiva y al retorno de lo reprimido por medio de la proyección, si tenemos en cuenta que el mecanismo de la proyección se utiliza tanto en fenómenos patológicos como no patológicos. Lacan había advertido de los peligros del uso del término “proyección” y de las dudas que presentaba Freud en el uso de este mecanismo para explicar los síntomas psicóticos, aunque no lo aclaró en su obra. 

Maleval propone, en este sentido, que el mecanismo de las locuras histéricas no es sin más la Forclusión del significante Nombre-del-Padre, significante que no puede ser restituido. Se trata, en estos casos, de una forclusión parcial, una forclusión restringida que crearía el espacio para la aparición de los síntomas, alucinaciones y delirios de carácter oniroide, con alteración del registro de la realidad. Ello promovería la imaginería mística y de posesión, sin la perturbación del lenguaje que hace posible la intervención de la palabra del Otro en transferencia, permitiendo reconstruir el tejido desgarrado, todo lo cual da cuenta del fundamento edípico que anuda la estructura.

Jesús David Martínez Jurado

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