Lo inconsciente según Sigmund Freud

Lo inconsciente, según Freud, es el lugar donde se forman sueños, síntomas, equívocos y olvidos... ¿Por qué Freud afirma que "el yo no es amo en su propia casa"? ¿Qué es lo inconsciente para el creador del psicoanálisis y por qué es tan importante para él? Si quieres saber más ¡lee este artículo!

Lo inconsciente según Sigmund Freud
En este artículo encontrarás:

Los orígenes del psicoanálisis

Freud investigaba los síntomas histéricos y los síntomas obsesivos entre los grandes: Janet y Charcot, y junto a su maestro y amigo Breuer. Observaba en primera fila los dramas puestos en escena por su maestro Charcot, pues Freud había logrado colarse gracias a sus habilidades políglotas. Traducía las palabras de su maestro al alemán y, en retribución, éste le invitaba a sus ostentosas reuniones.

Fue allí donde Freud pudo observar un fenómeno confuso, incoherente, patológico e inaccesible (o al menos así lo era para su maestro): síntomas y actos inconscientes producidos mediante sugestión hipnótica. Pero ese genio, Freud observaba dicho fenómeno como una dinámica dotada de orden, sentido y lógica.

La importancia de Bernheim

Mas tarde, con una hipótesis más sólida y desilusionado en parte de los (escasos) alcances clínicos de la teoría de su maestro Charcot, Freud se mudó al estudio de los experimentos de sugestión post-hipnótica de Bernheim. ¿En qué consistían estos experimentos? Se ponía al paciente bajo el influjo hipnótico y se le daba una orden. Al despertarse, el paciente hacía cumplir esa orden sin recordar jamás haberla recibido. Cuando se le preguntaba por qué hacía lo que hacía, muchas veces el sujeto inventaba racionalizaciones para justificar sus actos.

Freud comienza a preguntarse si los ataques de histeria o las acciones obsesivas no serían también cumplimientos de órdenes de las cuales no se tuviera conocimiento alguno por parte de la conciencia.

Nace así una intelección que cambia el rumbo del entendimiento del ser humano, al menos en el terreno de la ciencia, pues este saber ya lo comprendían los poetas, los artistas, los filósofos. Por primera vez parecía que este saber estaba siendo asequible al resto de los mortales y estaba explicando la enfermedad del alma humana.

Freud nos estaba dando un golpe fuerte al ego, pero también estaba sentando las bases del psicoanálisis como técnica de investigación y como dispositivo de cura. Y no podemos más que agradecer a ese genio por devolvernos la posibilidad de vivir de un modo mejor nuestros deseos, fantasías y sentimientos más íntimos.

No es condición de que una idea sea consciente para que sea eficaz

Lo que Freud entendió del experimento de Bernheim fue que la idea de la acción ordenada por el médico devino no consciente sino eficiente. Que no es necesario que la conciencia se percate de la presencia de una idea, para que esta idea sea traspuesta en una acción. 

Entendió, asimismo, que el motor de la acción era la orden del médico, y la idea de la orden había sido expulsada de la conciencia, y comprendió que el olvido puede condenarnos a "recordar sin recordar", es decir, hacerlo de maneras eternas y patológicas, como por ejemplo, a través de una repetición o una serie de actos.

Por último, entendió que había una forma de olvido que llamó lo expulsado de la conciencia, lo "Umbewusste" o inconsciente. Pero este esclarecimiento, como suele ocurrir con todas las teorías que conllevan algún valor, pareció oscurecer aún más el entendimiento...

¿Por qué una idea se vuelve inconsciente?

Freud encontró que en el experimento se estaba bajo la sugestión, bajo el influjo hipnótico que podría explicar un momento excepcional, del cual después el paciente se repondría. Pero en la vida cotidiana, fuera de los experimentos, Freud se hacía preguntas respecto de la dinámica de la vida anímica de quienes padecían síntomas de histeria.

Pensaba, en este sentido, que la vida anímica del paciente histérico y obsesivo estaba llena de estas "órdenes" inconscientes y eficientes de las cuales surgían todos los síntomas, y el psicoanálisis fue la técnica que él ideó para investigar y encontrar esas ideas inconscientes, a fin de darles un decurso más saludable.

Por ejemplo, encontró en una de sus pacientes histéricas que padecía vómitos la idea inconsciente (pero eficiente) de estar embarazada, o bien otra paciente cuyo ataque de histeria, convulsiones y acciones absurdas eran la puesta en escena de un drama que había vivido pero de cuyo recuerdo no se percataba.

En todos los casos, lo que observava era que ciertas experiencias vividas por la persona habían sido expulsadas a lo inconsciente y se "revivían" de manera desfigurada -mediante mecanismos similares a los que intervienen en el trabajo del sueño- en los ataques o crisis.

Repetir es un modo de (no) recordar

Y así, un suceso vivido como traumático puede ser "olvidado” (expulsado de la conciencia) pero "recordado- revivenciado" en un síntoma. Esa experiencia vivenciada como traumática es expulsada de la conciencia justamente por su cualidad de incomodar, de doler, de molestar.

Sabemos también por Freud que lo que nos es molesto, en general, intentamos quitarlo de nuestra conciencia, nos defendemos y nuestra primera defensa es la repulsión, que Freud más tarde llamaría represión.

Por ello, todos poseemos esa división entre consciente y no consciente atravesada por la defensa. Todos nuestros procesos en algún momento surgen en lo inconsciente y en algunas ocasiones devienen conscientes o no según se topen con más o menos resistencia. 

El enigmático sentido de los sueños

En general producimos actos fallidos, lapsus en el lenguaje y, desde luego, todas las noches ¡"hacemos" sueños! El dormir es ese momento en el que nuestra defensa y centinela descansa un poco, ya que al estar la motricidad en reposo, no corremos riesgo de "actuar" nuestros deseos.

Así pues, las experiencias o asociaciones del día que despertaron y movilizaron una cadena de pensamientos latentes no conscientes o con poca fuerza (Freud los llama "restos diurnos": fuimos a hacer las compras, visitamos a tal persona, estuvimos en tal lugar...) alcanzan aquellos deseos inconscientes que han acompañado al soñante desde su temprana infancia.

Es a través de esta cadena asociativa que el material inconsciente se abre paso hacia la consciencia hasta que se topa con el centinela, y es aquí que debe hacerse un disfraz para pasar sin ser expulsado de nuevo fuera de la conciencia. La "mezcla" de esos deseos desconocidos y esas vivencias insignificantes hacen a un nuevo texto misterioso, enigmático: es lo que nosotros experimentamos como imágenes al soñar, es decir los sueños.

Es sólo entrando como podremos salir

Soñamos porque tenemos inconsciente, tenemos inconsciente porque nos defendemos de lo molesto, de lo chocante o penoso, de lo que -a causa de nuestras experiencias previas- creemos o presentimos que nos provocaría malestar. 

A causa de nuestra defensa es que padecemos síntomas y es también por nuestros síntomas que, paradójicamente, se vuelve más llevadera nuestra historia de dolores -aunque a veces el precio parece demasiado elevado, y un síntoma puede también volverse insoportable.

En resumen: es por ese joven brillante que observaba a la hipnosis con duda y con credulidad al dolor de la histeria que se puede construir una salida alterna a la enfermedad, a la repetición, al sufrimiento y al malestar. Esta salida sólo se consigue "entrando": la conocemos como psicoanálisis.

Por Aribeth San Martín, docente en la Academia de Psicoanálisis Madrid SL.

Compartir
Más articulos
Cerrar X