Lo que quieres saber sobre la Psicología Infantil

Según la perspectiva psicoanalítica de Freud, la vida infantil es la piedra angular del psiquismo. De cómo el niño haya lidiado con las experiencias y representaciones durante esta etapa se desprenden las múltiples formas y manifestaciones del padecimiento neurótico presentes en la vida del adulto.

Lo que quieres saber sobre la Psicología Infantil

"En su cuarto o quinto año de vida, el pequeño ser humano a menudo está hecho, y no hace sino sacar a la luz poco a poco lo que ya se encontraba en él”. S. Freud

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¿Qué es la psicología infantil?

La psicología Infantil es una rama de la psicología que estudia no sólo el desarrollo motor, sino los procesos psíquicos intensos acaecidos y atravesados por la maduración del organismo biológico del in-fans: aquel que no tiene voz.

Ahora bien, ¿Cuáles son los procesos psíquicos intensos atravesados por los niños en su maduración? En primer lugar: la entrada del significante en el cuerpo, id est, el complejo de Edipo. Desde una óptica freudiana, el ser humano nace como “una bolsa de pulsiones”, y es precisamente por esto, que el niño es un ser más indefenso y dependiente –a comparación de los animales sin lenguaje- de sus cuidadores.

En consecuencia, al ser los cuidadores quienes significan al niño desde que es un bebé a través del lenguaje (tesoro de significantes); éste va aprendiendo a establecer modos de relacionarse con su entorno y los demás. En este proceso, el niño va descubriendo y construyendo su posición subjetiva, principalmente a través de:

  • La triangulación afectiva entre sus padres (gracias al aprendizaje vicario);
  • Las necesidades innatas que lo empujan a la obtención de placer; siendo en una primera instancia su satisfacción el pecho materno.

La relación madre-hijo desde la psicología infantil

Para la psicología infantil, el primer objeto de amor del niño es su madre, cuya función aporta la sensación de continuidad y seguridad ante el mundo. Paralelamente, el infans ocupa para la madre un espacio de privilegio y de favor sexual.

De allí que sea importante la función del corte simbiótico dada por la metáfora patena, para permitir la toma de posición simbólica de las insignias de la masculinidad/feminidad y la asunción de la castración que establece la ley universal de prohibición del incesto, expresada en la doble sintaxis: al niño “-no te acostarás con tu madre” y a la madre: “-no devorarás tu producto”.

La perversión polimorfa de la sexualidad infantil

La psicología infantil freudiana considera al niño como un “perverso polimorfo”. Esto quiere decir que tiene modos de goce ajenos a la reproducción sexual y, al mismo tiempo, modos de satisfacción diversos originados por las zonas erógenas (boca, labios, ano, pene-clítoris, piel), mediante las cuales accede al mundo desde su posición de apertura existencial: la curiosidad sexual para descargar la libido (enlazada a un objeto) obteniendo placer.

Posteriormente, a partir de su espíritu curioso o, como diría Freud, “investigativo”, el niño aprende a jugar, a recobrar y formar el semblante sexual emergido de la experiencia lúdica y, en especial, al descubrir la diferencia de los sexos, en juegos tales como: “el papá y la mamá”. ¿Acaso no es también la vida adulta en pareja una experiencia lúdica?

¿Cómo saber si un niño tiene problemas psicológicos?

Los síntomas, para el psicoanálisis infantil, son retoños de lo reprimido. Constituyen el efecto de algún conflicto de naturaleza inconsciente. Si un niño presenta fobias hacia objetos o animales; miedos de semblante “irracional” como temor a dormir a causa de pesadillas o terrores nocturnos; miedo persistente a ir a la escuela por separarse de los padres; enuresis; encopresis; agresividad cruel con los animales o tartamudeo, es un indicio clave para pensar un posible problema psicológico.

Por otra parte, si existe en el niño una ausencia de su curiosidad natural de conocer y experimentar el mundo a través del juego; o experimenta una incapacidad de relacionarse con otros niños de su edad; o rasgos de tristeza intensa, igualmente, también ha de tenerse en cuenta como un indicio de dificultad.

Otro tanto ocurre cuando se advierte en el niño ineficacia para resolver exigencias acordes con su edad cronológica (tales como dificultades para la lectura, cálculo, escritura, expresión del lenguaje); o bien si manifiesta hiperactividad, síntoma caracterizado por la desatención y la incapacidad de seguir instrucciones al realizar actividades sencillas por comportamientos impulsivos. En todos estos casos, es menester atender prontamente y buscar ayuda profesional.

¿Cuál es el objeto de estudio de la psicología infantil?

El objeto material de esta disciplina es la dinámica inconsciente del sujeto infantil, es decir, todas aquellas representaciones que forman, desde lo pulsional reprimido, al Yo posterior y el carácter del sujeto a partir del impacto psíquico de la diferencia anatómica de los sexos.

La psicología infantil, asimismo, estudia los rasgos típicos de la edad infantil como: la dependencia, los sueños, el egocentrismo, la motivación inconsciente, la sexualidad, la sugestionabilidad y el juego; así como los mecanismos de fijación y regresión, según los cuales la libido se interrumpe y regresa a modos de satisfacción infantil en un individuo ya desarrollado.

En especial, la psicología infantil estudia las funciones parentales en el psiquismo: la función maternal funda en el psiquismo el sentimiento de continuidad; de seguridad frente al mundo externo, así como la creatividad. Mientras que la función paterna aporta la discontinuidad, condición trascendental de la estructura misma: el sepultamiento del complejo de Edipo.

Las relaciones de objeto

También la psicología infantil estudia las relaciones objétales, es decir, como el Yo del infans se relaciona con los objetos exteriores y con la funciones parentales (particularmente la madre), ya que en virtud de cómo los niños atraviesen sus etapas psicosexuales y sus relaciones familiares, podrán lograr o no una estabilidad en la capacidad de amar y salir al mundo libremente.

Conviene aclarar, en éste punto, que según Melanie Klein las relaciones objetales de los niños son parciales. Con ello se quiere decir que son percepciones incompletas originadas por las representaciones que se tienen de los padres en los albores de la vida infantil. Esto se da por el narcisismo primario, ya que el bebé no distingue entre sí mismo, su ambiente y la individualidad total de sus padres, sino que inicialmente capta la parcialidad de ellos.

El pecho de la madre, no solo es percibido como lo que satisface la necesidad alimentaria, sino que despliega una gran energía libidinal donde el niño empieza a distinguir -por el mecanismo de la división y proyección- fuerzas contrapuestas de amor y hostilidad. Satisfacción y frustración dan inicio no sólo al Edipo primitivo sino a la misma lógica de lo inconsciente a través del mecanismo fundamental de la represión.

La importancia del juego en la clínica con niños

La práctica por excelencia en el campo de la clínica psicoanalítica con niños es el juego, como sustituto de la técnica de la asociación libre de los adultos. De esta forma, el analista puede revelar los indicios del carácter y las fantasías inconscientes del infante.

A través del juego, el analista da cuenta cómo se articulan las ambivalencias afectivas del triángulo familiar y el modo particular de relaciones intersubjetivas del niño, a la vez que puede indagar en las motivaciones inconscientes que subyacen sus fantasías preconscientes y conscientes.

Nuevas preguntas y desafíos de la psicología infantil

Por otra parte, es de interés en grado sumo para el psicoanálisis infantil pensar el modo en que la tecnología actual puede formar en los niños y la familia nuevos esquemas de implicación cotidianos. En otras palabras, analizar de qué manera el niño, a través de internet, se posiciona en una relación de dependencia diferente a la presente en otras épocas de la historia.

Internet parece convertirse hoy en una nueva di-mensión para la obtención de saber, así como para dar cuenta de la barradura de sus padres, desplazándose sobre su voz la autoridad idealizada que recaía sobre los cuidadores en generaciones pasadas.

Así pues, la psicología infantil, al ser una ciencia joven correlacionada con los cambios y novedades tecnológicos, es testigo de la manera en que los patrones conductuales de los niños dan un “giro sísmico” que resquebraja no sólo a la relación de autoridad idealizada; sino al sistema educativo behaviorista, reflejandose en este hecho la nostalgia neurótica de los docentes y los padres, que declaman “que todo pasado fue mejor”.

En efecto, la psicología infantil actual propone nuevos interrogantes en cuanto al modo en que algunas dimensiones de la autoridad que los niños ubicaban tradicionalmente en las funciones parentales y docentes, empieza a mutar.

¿Cómo surge la psicología infantil?

La psicología infantil empieza a ser desarrollada como disciplina autónoma en los inicios del siglo XX, en especial a partir de los estudios de Stanley Hall sobre la adolescencia y con la sexualidad infantil de Freud. Sin embargo tiene claros antecedentes en la filosofía, como el diario de Dietrich Tiedemann (1787-1897) escrito en el cual el filósofo hizo un estudio cualitativo y rudimentario basado en la observación directa del desarrollo motor, sensorial, cognitivo y de lenguaje de su bebé.

Por otro lado, dicha disciplina comienza a tener más relevancia y a influenciar a los psicólogos posteriores gracias a la teoría de la evolución de Charles Darwin, quien también hizo un estudio de observación sistemática sobre su hijo, estudiando el desarrollo motor, sensorial y cognitivo durante el primer año de vida del ser humano.

La psicología infantil surge, pues, como un interés norteamericano de estudiar y cuantificar el desarrollo y ciclo vital del individuo para determinar cuándo se es adulto, y cuáles son las etapas de desarrollo normales por las que atraviesa la persona hasta su muerte.

Tipos de psicología infantil

Existen diversos tipos o corrientes de la psicología que han estudiado lo infantil, con objetos materiales y formales diferentes a los del psicoanálisis. Entre ellos se encuentran, principalmente, el conductismo clásico y operante, la psicología genética de Piaget, el constructivismo de Vygotsky, la psicología social de Bandura, y el humanismo de Rogers.

Dentro del psicoanálisis, también hay referentes que se encargaron de estudiar lo inconsciente infantil. Por ejemplo, los desarrollos post-freudianos trabajaron el concepto de lo “traumático” y lo ampliaron más allá de la angustia de castración del complejo de Edipo. Se ocuparon, ya no de la triada: Madre-padre-hijo sino de la relación diádica Madre-Hijo porque consideraron que la relación del bebé con la madre (lo pre-edípico) funda los andamiajes del aparato psíquico. Entre esta perspectiva se destacan tres posturas:

La teoría de Anna Freud 

Siguiendo a su padre, Anna Freud despliega una teoría de etapas sobre el desarrollo infantil, considerando que no se debe imaginar al niño como una totalidad realizada en acto sino como un ser en potencia que atraviesa varios procesos para la formación del Yo: la etapa oral (nacimiento hasta los 18 meses), la etapa anal (18 meses 3 años), la etapa fálica (3-5 años), la etapa de latencia, donde las pulsiones sexuales se subliman; la pre-adolescencia y la adolescencia propiamente dicha, etapa en la cual se produce un nuevo despertar de las pulsiones sexuales.

Según la manera en que el Yo vaya comprendiendo y asimilando sus pulsiones sexuales, a través de sus mecanismos de defensa y de la rigidez del superyó, el sujeto estará más o menos propenso a contraer neurosis. En el niño, una de las causas más frecuentes para enfermar se relaciona con la angustia real externa: el miedo y el terror promovido por la censura de los cuidadores ante el deseo de satisfacer sus pulsiones.

Para que se establezca un Yo saludable, por ende, debe existir un equilibrio entre las pulsiones y el control de cada etapa. Anna recomendaba a los docentes y padres no establecer cánones morales excesivamente estrictos, porque de ese modo reprimían los afectos agresivos que los niños tienen derecho a expresar. Una educación demasiado rígida impide el desarrollo integral y libre de la instancia Yoica.

La teoría de Melanie Klein

Para Melanie Klein, el bebé tiene pulsiones innatas, y su yo se estructura en función de fantasías destructivas y defensas en relación al objeto parcial materno: el pecho, el cuál es una proyección psíquica que emerge como resultado de lo ambivalente: amor-gratitud ante la presencia de satisfacción oral y angustia, hostilidad, envidia o destrucción ante la frustración real de su pulsión. La interacción de estas tendencias antecede por una parte el carácter sádico oral y, por otra parte, la salud, como un esfuerzo de reintegrar la culpa ante el deseo de destrucción.

La teoría de Donald W. Winnitcott

Contrariamente a Melanie Klein, Winnicott no piensa al bebé con una pulsión de muerte innata ni establece que sus cualidades sádicas florezcan a partir de las fantasías de destrucción sino que destaca en su concepción de la psicología infantil la noción de “maternaje”.

Dicho concepto, se refiere a que la madre debe disimularse en el ambiente para desarrollar en el bebé una especie de “zona de desarrollo proximal” donde ilusione y desilusione el deseo del bebé, y que éste se adapte a la continuidad y cambios naturales de la vida. De allí adviene la creatividad como efecto de la salud psíquica ante la presencia del objeto materno, percibido por la expectativa interna del infans como creación suya.

¿Qué significa ser una persona infantil?

Toda neurosis es una posición infantil, formada por los mecanismos de defensa usados para lidiar con el complejo de castración. A este respecto, una persona infantil está determinada -independientemente de la edad- en función de la siguiente pregunta edípica: ¿Qué quiere el Otro de mí? Cuestión que versa sobre el deseo de la madre y que da al mundo un lugar en el mundo, un lugar en el deseo del Otro.

Está en una posición infantil aquella persona que tiene dificultades para encontrar su propio camino, es decir, aquella persona cuyo deseo tropieza en la entrada del mundo adulto o independiente, perdiendo su capacidad lúdica. Es por esto que, para Winnicott uno de los objetivos del análisis infantil radica en el hecho de recuperar la capacidad de jugar.

En consecuencia, ser una persona infantil es estar en una posición donde el propio deseo se encuentre dividido. Una persona infantil usará los mecanismos de fijación y regresión, para volver a estadios de goce previos a la castración, donde su libido se haya satisfecha, aunque de un modo autoerótico, no regulado por el orden simbólico, lo cual inevitablemente conduce a distintos órdenes de insatisfacción y patología.

En definitiva, una persona infantil se caracteriza por tener la dificultad para tomar acción sobre sí misma y sobre su vida. Una persona infantil es alguien que se encuentra atrapado por el deseo del Otro, recurriendo a una dependencia y sugestionabilidad externa a su propio self. A partir de estos patrones, las personas infantiles suelen re-crear vínculos dependientes en los cuales le demanda a los demás cómo se debe vivir, qué debe hacer, cómo debe comportarse lo cual conduce a un profundo desencuentro consigo mismo caracterizado por la angustia, el malestar, las relaciones conflictivas o la dependencia a figuras de autoridad.

Referencias citadas:

Freud, S. (tr.2005). Obras completas tomo I: XVII La interpretación de los sueños. (1900). Buenos Aires, Argentina: El ateneo.

Freud, S. (tr.2005). Obras completas tomo III: CXXV El Yo y el Ello (1923). Buenos Aires, Argentina: El ateneo.

Luterau, L. (2017). Los nombres del juego. Seminario de clínica con niños. Buenos Aires, Argentina: Letra viva.

Autor: Kevin Samir Parra Rueda

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