Nietzsche y la gran razón del cuerpo

En línea con las intelecciones del psicoanálisis, el filósofo del martillo reivindica al cuerpo como portador de una "gran razón" ignorada por la conciencia. Así entendida, la enfermedad deja de ser una maldición divina para inscribirse en el conjunto de la vida y en la ocasión para una nueva salud.

Nietzsche y la gran razón del cuerpo
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Dices “yo” y estás orgulloso de esa palabra.

Pero lo más grande es aquello en lo que

no quieres creer, -tu cuerpo y su gran razón:

que no dice “yo” sino que hace “yo”.

F. Nietzsche. Así Habló Zaratustra

Sobre el más allá

La “filosofía a martillazos” nietzscheana se implica como una fuerte crítica a gran parte de los supuestos sobre los que se asienta la historia de occidente. Esta crítica posee dos frentes principales: uno propiamente metafísico y el segundo -más importante - se centra en el terreno moral, que es para Nietzsche previo y fundamento del anterior.

Desde sus orígenes, la filosofía se ha planteado el problema del ser, como pregunta por la diferencia ontológica entre el ser auténtico y el ser inauténtico; la relación entre lo Uno y lo múltiple: lo Uno primordial considerado como lo auténtico, las múltiples cosas finitas como lo inauténtico.[2]

Tal dicotomía - la creencia en que las realidades más sublimes deben tener un origen peculiar; que no pueden nacer de lo ilusorio, de lo perecedero y miserable; que su principio debe hallarse en el seno del ser, en un dios oculto, en la “cosa en sí”-,  constituye según Nietzsche el “prejuicio fundamental” sobre el que se asienta la metafísica.

“Despreciadores del cuerpo”, “predicadores de la muerte”, trasmundanos”: así se refiere el filósofo a todas las doctrinas que proyectan su ideal fuera de este mundo y más allá de la tierra, y con estos términos designa, desde el punto de vista metafísico, al platonismo y, desde el punto de vista moral, al cristianismo.

Nietzsche y la antimetafísica

En El Ocaso de los ídolos Nietzsche aborda con detenimiento la manera en que  la “idiosincracia filosófica” ha negado el perspectivismo, que es condición de vida.[3] Los sentidos, en tanto nos muestran el devenir, el pasar, el cambiar, han constituido para los filósofos objeciones al verdadero ser.La muerte, el cambio, la vejez, así como la generación y el crecimiento, son para ellos refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien; todos ellos creen, y creen con desesperación, en el Ser. Pero como no pueden apoderarse de él, buscan las razones de que les huya. Heráclito tendrá eternamente razón al sostener que el ser es una ficción vacía. El mundo aparente es el único mundo; el mundo real es sólo una adición de la mentira" . [4]

Es así, señala Nietzsche, que las intenciones morales –totalizadoras y de control- han constituido durante siglos “ el auténtico germen vital del que ha brotado siempre la planta entera”[5]- haciendo de éste una prisión y un refugio para naturalezas debilitadas, reactivas.[6]

El entero edificio de la metafísica ha operado, dice Nietzsche, siguiendo una lógica homóloga al “más allá” de los cristianos, como un modo gregario de dar forma a las pasiones, de contenerlas. Del mismo modo que el sujeto religioso hace lo que debe en la promesa de un futuro pleno de goce - la moción pulsional se transforma en un acto de fe[7]-, el “mundo verdadero” propuesto por Platón, en tanto no es accesible hoy, es prometido para aquellos que hacen penitencia; entonces se vuelve consuelo. Es por esto que Nietzsche afirma, en Más allá del bien y del mal, que “... el cristianismo es un platonismo para uso del pueblo”. [8]

Teniendo en cuenta estos lineamientos generales hemos de entender la impugnación nietzscheana del concepto de Dios. Si tenemos en cuenta que todo valor supremo - el Ser, lo Absoluto, el Bien, la Verdad, lo Perfecto- entraña, según Nietzsche, la confusión de lo postrero con lo primero -de modo que todo lo que es de primer orden debe ser causa sui, no puede ser devenido[9] - “Dios” no significa simplemente un poder religioso sino, fundamentalmente, una determinada ontología que se formula como una moral, hostil a la tierra.

El cuerpo y su gran razón

Para orientarnos respecto de la noción nietzscheana del cuerpo como una “gran razón” tomaremos como referencia la siguiente pregunta: ¿Qué es, según Nietzsche, lo activo? Más allá del valor que el hombre le ha atribuido históricamente a la veracidad, al desinterés, a la buena voluntad, el filósofo plantea la posibilidad de que la apariencia, la voluntad de engaño, el egoísmo y la codicia tengan un valor más esencial para la vida, y que el valor de las cosas buenas resida precisamente en la forma en que se emparentan con las cosas malas, que parecen sus contrarias.[10] Si la vida es maltratada por la moral –anuncia Nietzsche ya en uno de sus escritos más tempranos, El origen de la tragedia- esto se debe a que ella es algo esencialmente inmoral.

Sobre la base de esta suposición se apoya la idea nietzscheana del cuerpo como un “sabio desconocido”; un primer creador “superior y sorprendente” dotado de una lógica propia, no mediada por la reflexividad de nuestras maneras concientes de pensar, de sentir y de querer. El cuerpo, el lugar “donde el auténtico instinto de la vida coloca la verdad de forma más incondicionada", sería depositario de un saber activo, no asimilado por el rebaño. Se trata, de un saber que excede largamente las leyes de la fisiología. “El cuerpo (nietzscheano) está apresado en una serie de regímenes que lo atraviesan; está roto por el ritmo de trabajo, el reposo y las fiestas; está intoxicado por los venenos – alimentos o valores, hábitos alimentarios – y leyes morales todo junto.” [11]-

La conciencia qua fuerza reactiva operaría -en beneficio del rebaño- como un medio para la conservación del individuo y, en tal sentido constituye una reacción frente a la acción del cuerpo. En Así habló Zaratustra Nietzsche define el espíritu como un “instrumento”, un “juguete” del cuerpo - Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y Quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría?”[12]

Salud y enfermedad en sentido extramoral

Nietzsche propone instituir, a partir de esto, una nueva noción de salud, concebida en términos extramorales. En un notable parágrafo correspondiente a La Gaya Ciencia, el filósofo aborda la popular fórmula moral médica de Aristón de Quíos según la cual “la virtud es la salud del alma” y propone cambiarla por la siguiente: "Tu virtud es la salud de tu alma", para dar cuenta de la dificultad que supone plantear los criterios de lo normal y lo patológico en términos universales. “Al objeto de determinar qué significa salud para tu cuerpo lo que importa es tu objetivo, tu horizonte, tus fuerzas, tus impulsos, tus errores y principalmente los ideales y los fantasmas de tu alma.[13]

Si el cuerpo es, por excelencia, el lugar donde se manifiestan las contradicciones que atraviesan al sujeto, hemos de asignarle, con Nietzsche, un nuevo valor a la enfermedad como una “maestra de la gran sospecha” que nos muestra el camino a muchos y opuestos modos de pensar, o bien, como lo expresa en Humano, demasiado humano, como un “medio y anzuelo” del conocimiento[14].

Asimismo, hemos de desconfiar de la salud tanto como de la verdad, así como de todo aquello “que invita al espíritu a quedarse sentado en un rincón”. La voluntad exclusiva de salud, ¿no constituye, a fin de cuentas, un signo de cobardía[15]? ¿No es el rebaño en tanto que factor de estabilización el que habla a través de nosotros cuando queremos salud? A fin de cuentas ¿De qué queremos curarnos? Es por esto que Nietzsche afirma en Así habló Zaratustra que Hay sabiduría, sabiduría de la vida, en eso de recetarse a sí mismo por mucho tiempo la salud sólo en pequeñas dosis.”[16]

Esta idea de la salud como algo que nunca acabamos de conquistar, que hemos de perder necesariamente y de manera continua, constituye una de las expresiones máximas de la apuesta ética nietzscheana así como una tesis medular de la doctrina psicoanalítica. “Nosotros los nuevos, los sin nombre, los poco inteligibles, nosotros los hijos prematuros de un futuro todavía no demostrado, nosotros necesitamos para un nuevo fin también un nuevo medio, a saber, una nueva salud, una salud más fuerte, sagaz, tenaz, osada y divertida que todas las saludes habidas hasta ahora. (…) ¡Una salud que no solo se tiene, sino que también se adquiere y es necesario adquirir constantemente, porque una vez y otra la arruinamos y tenemos que arruinarla! [17]

En un breve pasaje de Humano, demasiado humano, Nietzsche expresa de un modo gráfico y cotidiano la función de la enfermedad para la vida. Allí expresa que “con frecuencia el hombre enfermo en cama da a veces en que habitualmente está enfermo de su empleo, de sus negocios o de su sociedad, y en que por ellas ha perdido toda recapacitación sobre sí: esta sabiduría la obtiene del ocio a que lo obliga su enfermedad.”[18] ¿No es esto, precisamente lo que señala Lacan en La tercera al situar el sentido del síntoma como un real, como aquello que se pone en cruz para impedir que las cosas anden? “que anden en el sentido de dar cuenta de sí mismas de manera satisfactoria, satisfactoria al menos para el amo”.[19]

Y la idea freudiana de dotar de valor al síntoma y considerarlo un “adversario digno”; una parte -nada desdeñable- del propio ser de la cual hemos de extraer una valiosa utilidad para nuestra vida futura”[20] no encuentra un antecedente claro en el sentido que revisten las siguientes palabras de La voluntad de poder? “Se deben entender no sólo como necesarios, sino como deseables, los lados de la existencia hasta ahora negados; deseables no sólo en relación con los lados hasta ahora afirmados (en cierto modo, como el complemento o la premisa de éstos), sino por amor a ellos mismos, como si fueran los lados de la existencia más poderosos, más fecundos, más verdaderos, en los que se expresa claramente la voluntad de existencia”.[21]


Escrito por Guillermo Miatello. Docente y director de la Academia de Psicoanálisis Madrid S.L.


Bibliografía

  • Foucault, M. Nietzsche, la genealogía y la historia en Microfísica del poder. La Piqueta, Madrid, 1992.
  • Freud, S. Recordar, repetir, reelaborar en Obras Completas, Vol. V. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003.
  • Lacan, J. La tercera en Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos Aires, 2007.
  • Nietzsche, F. Así habló Zaratustra. Valdemar/Letras clásicas. Madrid, 2005.
  • Nietzsche, F. El anticristo. Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1986.
  • Nietzsche, F. El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa con el martillo. Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1986.
  • Nietzsche, F. Humano, demasiado humano. Akal. Madrid, 2007.
  • Nietzsche, F. La genealogía de la moral. Biblioteca Edaf. Madrid, 2000.
  • Nietzsche, F. La gaya ciencia. Biblioteca Edaf. Madrid, 2000.
  • Nietzsche, F. Más allá del bien y del mal. Alianza. Buenos Aires, 2005.
  • Nietzsche, F. Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es. Alianza, Bs. As. 1998.
  • Savater, F. Inventario. Taurus. Madrid, 1973.

Referencias

[1] Nietzsche, F. Así habló Zaratustra. Valdemar/Letras clásicas. Madrid, 2005. p. 93.

[2] Según Platón, las ideas son el ente auténtico, el ontos on, mientras que las cosas sensibles, configuradas por ellas son inauténticas. Las ideas -los poderes luminosos que dominan al mundo- están todas reunidas en la idea del Bien.

[3] Nietzsche, F. El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa con el martillo. Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1986. p. 22. “Cuanto los filósofos han manejado desde hace milenios, fueron momias de conceptos; nada real salió vivo de sus manos. Los filósofos matan, desecan; esos idólatras del concepto, cuando adoran, son un peligro para la vida de todas las cosas.”

[4] Cfr. Nietzsche, F. El ocaso de los ídolos. Op. Cit. p.23. 

[5] Nietzsche, F. Más allá del bien y del mal. Alianza. Buenos Aires, 2005. p. 26.

[6] En Nietzsche, F. Así habló Zaratustra. Op. Cit. p. 155.  A la suposición de un más allá Nietzsche la define como “la enfermedad rotatoria”. “Pensar esto es mareo y vértigo para osamentas humanas, y para el estómago un vómito “¡Malvadas y enemigas del hombre: así llamo yo a todas esas doctrinas de lo Uno y lo Pleno y lo Inmóvil y lo Saciado y lo Eterno! ¡Todo lo imperecedero – no es más que un símbolo”. Y en El ocaso de los ídolos, Op.cit.p.94 Nietzsche dice: “Si se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el más allá –en la nada- , se ha arrebatado el centro de gravedad a la vida en general.

[7] Nietzsche ubica en el origen de estas ficciones el predominio del displacer sobre el placer. Sólo aquel que no soporta la realidad de sus pasiones se refugia en el Ideal de la fe, en la promesa de la felicidad, colocando en el “después” lo que hoy resulta insoportable. En El Ocaso de los ídolos Nietzsche es especialmente duro con Platón a este respecto: “le encuentro tan apartado de todos los instintos fundamentales de los helenos, tan moralizado, tan cristiano antes del cristianismo - eleva la idea del bien a idea suprema -, que para designar todo el fenómeno de Platón yo emplearía, mejor que cualquier otra, la dura frase de mistificación superior, o, si se prefiere, de idealismo.” La fe es para Nietzsche un pretexto, un telón, detrás del cual los instintos desarrollan su juego; “una hábil ceguera sobre la dominación de ciertos instintos…se habló siempre de fe, se obró siempre sólo por el instinto…”. Nietzsche, F. El anticristo. Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1986. p. 33.

[8] Nietzsche, F. El ocaso de los ídolos. Op. Cit. p. 103. En El Ocaso de los ídolos (Op. Cit. p. 92) Nietzsche se refiere a los filósofos como “otro género de santos”: su íntegro oficio lleva consigo “el admitir solamente ciertas verdades, es decir, aquellas para las cuales su oficio obtiene la sanción pública, o, para hablar con Kant, las verdades de la razón práctica. Saben lo que deben demostrar, y en esto son prácticos; se reconocen entre sí en esto: en que están de acuerdo sobre las verdades.”

[9] Op. Cit. p. 24.

[10] En tal sentido se orienta su recurrente afirmación de que “el espíritu es un estómago” así como la ilustrativa definición que brinda en La gaya ciencia, donde afirma que las grandes verdades del hombre -Dios, la verdad, el ser- constituyen “desagües” para los desechos del alma. Nietzsche, F. La gaya ciencia. Biblioteca Edaf. Madrid, 2000.p. 352.

[11] En la óptica del pensador alemán -tal como lo expresa en Más allá del bien y del mal- la conservación de la “hipótesis alma” implica tanto el que su estudio sea abordado desde una óptica “científica”, depurada de todo residuo teológico y metafísico, como el que se evite definitivamente toda reducción a instancias fisiológicas-biológicas.

[12] Op.Cit. p. 94. Ibid. “Instrumento de tu cuerpo, hermano mío, es también tu pequeña razón, a la que llamas ‘espíritu’, un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón”.

[13] Nietzsche, F. La gaya ciencia. Biblioteca Edaf. Madrid, 2000. p. 204.

[14] Nietzsche, F. Humano, demasiado humano. Op. Cit. p. 38.

[15] Nietzsche, F. La gaya ciencia. Biblioteca Edaf. Madrid, 2000. p. 204.

[16] Op. Cit. p. 39.

[17] Nietzsche, F. La gaya ciencia. Op. Cit. p. 416.

[18] Nietzsche, F. Humano, demasiado humano, Akal. Madrid, 2007, p. 181.

[19] Lacan, J. La tercera en Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos Aires, 2007. p. 84.

[20] “El sujeto ha de tener el valor de ocupar su atención con los fenómenos de su enfermedad, a la cual no debe ya despreciar, sino considerar como un adversario digno, como una parte de su propio ser, fundada en motivos importantes y de la cual podrá extraer valiosas enseñanzas para la vida futura. Así es preparada desde el comienzo la reconciliación con eso reprimido que se exterioriza en los síntomas.”  Freud, S. Recordar, repetir, reelaborar en Obras Completas, Vol. 5. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003. p.1686.

[21] Nietzsche, F. La voluntad de poder citado en Savater, F. Inventario. Taurus. Madrid, 1973. p. 34.

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