¿Por qué estudiar psicoanálisis?

¿Por qué estudiar psicoanálisis? ¿Cuáles son los principios fundamentales del método de S. Freud? ¿Hacia dónde se dirige y qué requiere por parte de quien decide emprender el recorrido hacia un posible encuentro consigo mismo? Aquí va una posible respuesta a todas estas preguntas... ¡Haz clic aquí!

¿Por qué estudiar psicoanálisis?
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El método psicoanalítico de S. Freud

El método psicoanalítico que propone Sigmund Freud -padre y fundador del psicoanálisis- resulta de vital importancia para aliviar el dolor humano y comprender una gran variedad patrones conflictivos que se repiten de manera incesante en nuestras vidas.

Freud descubrió que el motivo de nuestra repetición ha de situarse en la represión de la cual ciertas mociones son objeto ya durante la temprana infancia, en el momento de estructuración del aparato psíquico, a instancias de los factores normalizadores de nuestra cultura, como la moral y los ideales en una compleja articulación con nuestras mociones pulsionales. 

Estudiar Psicoanálisis nos ayuda a comprender más adecuadamente el funcionamiento de la psiquis humana lo cual implica, sin dudas, conocernos mejor a nosotros mismos.

Asimismo, nos permite tener presentes aspectos muy importantes de nuestra vida cotidiana y que ocupan un lugar central en ella, como ser: nuestras relaciones con las demás personas, nuestras ganas, nuestra capacidad de trabajar y el nivel de satisfacción que sentimos hacia lo que hacemos, suelen estar determinados por el lado más desconocido de nuestra personalidad: nuestro inconsciente.

Tanto más enterados estemos de lo que pasa en nuestro mundo inconsciente, tanto más podremos hacer para aceptar y hacer el duelo por todo aquello que no podemos cambiar, así como para animarnos a intentar lo que tal vez sí podemos hacer de una manera más acorde con nuestro deseo.

Y es que el psicoanálisis nos brinda la posibilidad de ir más allá (¿o más acá?) de lo visible a nivel fenoménico, es decir, de aquello perceptible a simple vista, para acceder a la estructura simbólica de nuestros deseos más íntimos.

Esto implica conocer cómo se encuentran constituidos y articulados en el conjunto de nuestra personalidad nuestras fantasías, impulsos, nuestras urgencias y rasgos de carácter que son aparentemente "innatos" e inmodificables.

Del mismo modo, un psicoanálisis nos permite saber más acerca de nuestra manera singular de relacionarnos con los otros, de gozar y de sufrir, y así poder saber qué enferma a nuestro cuerpo (obstruyendo, por ejemplo el funcionamiento de un determinado órgano) y a nuestra alma (ideas, pensamientos que nos perturban) que, en definitiva, constituyen dos maneras de nombrar una misma realidad.

El método psicoanalítico de Sigmund Freud nos permite detenernos frente a las urgencias cotidianas para formularnos una serie de preguntas acerca de muchos asuntos que están presentes en nuestra realidad cotidiana y determinan nuestras vidas: ¿cómo amamos? ¿con quiénes y de qué manera nos relacionamos? ¿cómo está hecha la realidad familiar de la que provenimos? ¿Cuál es el sentido, el "para qué" de nuestra vida? ¿Cuál es el rumbo y las motivaciones de lo que hacemos?

Estudiar psicoanálisis es sumamente enriquecedor, no sólo para nuestro esclarecimiento intelectual y para ampliar nuestro acervo cultural, sino fundamentalmente para mejorar nuestra vida.

El saber psicoanalítico disuelve las fronteras entre la teoría y la práctica 

Al estudiar psicoanálisis necesariamente nos vemos interpelados como sujetos y es precisamente por ello que el psicoanálisis resulta una disciplina tan apasionante: al estudiar lo que les pasa “a los otros”, al hablar de neurosis, de síntomas, de fobias y de todas las formas en que el hombre ha estudiado el sufrimiento humano, estas cosas pasan a interesarnos (somos entre otros), a representarnos, convocando nuestra atención y deseo.

Una vez "sumergidos" en este apasionante universo del psicoanálisis, nos resultará muy difícil no sentir que en nuestra alma y en la de quienes más cerca están, "resuenan" esos conocimientos teóricos generales y abstractos aunque de una manera singular y completamente novedosa. Sentiremos que los grandes autores -como suele ocurrir con los grandes poetas y en general, con toda gran obra de arte- en parte, describen de una manera precisa nuestro sentir más íntimo.

El psicoanálisis implica una posición ética que nos ayuda a las personas a sentirnos mejor  y, por lo tanto, a encarar mejor la vida, permitiéndonos desarrollar nuestra capacidad de amar, trabajar y embarcarnos en proyectos afectivos, académicos, profesionales y económicos realizables sin estar amenazados por fantasmas como el fracaso que atemoriza y detiene o el éxito embriagador que ciega y vacía la vida de sentido.

Gracias al psicoanálisis tenemos la ocasión de reconciliarnos con aquello oscuro que nos habita y que, de persistir en ese lugar de desconocimiento, deviene un material patógeno que corroe nuestro bienestar, llevándonos a tropezar, como Sísifo, una y mil veces con la misma piedra.

La palabra enferma y, por lo tanto, la palabra puede curar

Lo más llamativo y sorprendente es el método, subversivo por excelencia, del cual se vale el psicoanálisis para producir todos los aportes y beneficios señalados hasta ahora. Este instrumento es ni más ni menos que la palabra hablada.

La palabra del paciente, diciendo lo que "se le ocurre" al psicoanalista, es decir, a alguien a quien le supone un saber respecto de aquello que a él le pasa.

Y, de un modo complementario o recíproco,  el deseo del analista que, haciéndose eco de la historia del sujeto -de su sufrimiento y repetición- abre a partir del malentendido un nuevo significado y, con él, una vía posible para el deseo.

El psicoanálisis continúa siendo hoy, a casi un siglo y medio del descubrimiento del inconsciente, una práctica tan subversiva como en sus primeras épocas. Pues muchas cosas pueden haber cambiado en nuestras sociedades: la ciencia ha progresado sin duda, se han descubrierto nuevos psicofármacos a raíz de conocer nuevas redes y conexiones neuronales, las noticias se multiplican y se reproducen en las redes....

Los seres humanos hemos aprendido a intervenir quirúrgicamente nuestras conductas, estados de ánimo, y hasta sobre un órgano que, supuestamente, genera insatisfacción o displacer.

Lo que no ha cambiado ni un ápice es el valor predominante y masivo que la palabra, con todo lo que ella conlleva en términos de eficacia simbólica, continúa teniendo en nuestras vidas.

Nietzsche expresa en el Zaratustra: "Si yo quisiera sacudir este árbol con mis manos, no podría. Pero el viento, que nosotros no vemos, lo maltrata y lo dobla hacia donde quiere. Son manos invisibles las que peor nos doblan y nos atormentan". 

Siguiendo el razonamiento nietzscheano, Freud nos enseñó que, efectivamente, la palabra enferma. Pero añadió -y para esto construyó rigurosamente un método durante toda su vida- que, por el mismo motivo, la palabra puede curar.

 

Guillermo Miatello. Director y docente de la Academia de Psicoanálisis Madrid SL.

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