¿Por qué una persona acude a un psicoanalista?

¿En qué consiste el malestar neurótico?¿Es cierto que, en algún sentido, todos somos locos?¿De qué se "cura" una persona?¿De qué no? Éstas y otras preguntas son trabajadas en el presente texto, que articula una lectura psicoanalítica del sufrimiento humano con una propuesta clínica para su abordaje.

¿Por qué una persona acude a un psicoanalista?
Esta es la información que encontrarás en este artículo

La neurosis y el origen del Psicoanálisis

Hay un fenómeno que Freud detecta a finales del Siglo XIX, que motoriza el desarrollo de su clínica y determina el origen del psicoanálisis: la neurosis, el malestar neurótico. Una persona no está a gusto con su trabajo, se encuentra insatisfecha con su situación económica, se queja de actitudes o conductas que le enojan de su pareja, se angustia frente a pensamientos recurrentes, se siente molesta con un montón de cosas de su vida, enferma a nivel somático por motivos que los médicos no saben precisar, describen como “stress” o como “trastornos de etiología desconocida”. En ocasiones a una persona le va muy bien y su nivel de auto-exigencia es tan elevado que no puede disfrutar de su éxito. Se siente insegura, torpe, con baja autoestima. Su superyó le exige más y más...

El malestar en la cultura

Esto es lo que Freud llamó malestar en la cultura. La palabra anglosajona “uneasiness” describe adecuadamente esta problemática: “Easy” es facilidad. "Un-easy" es “no fácil”. La inquietud que padece el neurótico está asociada a una particular dificultad para vivir. Vivir es difícil, cuesta, a esto lo sabemos. Ahora bien, al sujeto neurótico pareciera que vivir le cuesta más de la cuenta. Todo se le hace "cuesta arriba". Experimenta obstáculos a su felicidad que van más allá de los lógicos y esperables. Obstáculos que representan un exceso, un plus a la dificultad propia de vivir.

Los síntomas dicen la verdad que el neurótico calla

La represión y el retorno de lo reprimido son, según Jacques Lacan, la misma cosa. ¿Qué significa esto? Los neuróticos son seres sumamente inteligentes, pero a esto no lo usan en su favor. Más bien al contrario: la inteligencia representa para ellos un perjuicio adicional porque les ayuda a mentirse mejor a sí mismos. Si se le pregunta a un neurótico: -¿Tiene Ud. derecho a ser feliz? ¿qué creen que les responderá? -¡Por supuesto que sí! Ahora bien, en los síntomas, las inhibiciones, la angustia que experimentan a diario se revela su verdadero sentir. El neurótico es alguien que, fundamentalmente, siente que no tiene derecho a ser feliz. Como dice el célebre tango: “Sabía que en el mundo no cabía toda la humilde alegría de mi pobre corazón...”

Eso que me pasa... ¡¿Tenía que pasarme precisamente a mi?!

En una conocida historieta argentina de los años ´60 llamada “Mafalda”, Quino retrata la vida de un grupo de amigos en edad escolar con personalidades muy diferentes. En una de estas historias, Felipe (un “neurótico obsesivo” típico) va caminando hacia la escuela y -como buen neurótico- duda a cada paso que da. Se mortifica por haberse olvidado el deber, el compás y todos los útiles escolares que necesita para realizar una evaluación. El neurótico teme particularmente a las evaluaciones y a todo aquello que representa un juicio de los demás, porque, como dice Freud, su yo actual (lo que es) está en permanente tensión con su yo ideal (lo que debería ser). Finalmente advierte que todos sus miedos no son más que fantasías y amenazas que están en su cabeza, y expresa una desopilante sentencia que, a mi entender, resume de manera precisa la paradoja del neurótico: - ¿Justo a mí tenía que tocarme ser como yo?

El neurótico está enemistado consigo mismo

El neurótico es ese ser que no se halla a gusto consigo mismo, con quién es. Cree que siente mal, que piensa mal, que está mal hecho. En lugar de decir lo que quiere, vive peleándose y enojándose con los otros porque no le "leen la mente" y adivinan lo que él quiere, porque no valoran el enorme esfuerzo que él hace... en el trabajo le pagan poco, su mujer no lo respeta, sus hijos no le hacen caso, sus amigos lo estafan, etc. Si es mujer, posiblemente se eternice de manera estoica y sumisa al lado de un hombre que no la desea, que no la valora, posiblemente postergue su vida profesional-personal para ser ante todo "madre": la pieza principal e imprescindible de una familia que se sostiene sólo como un concepto sagrado, y en permanente riesgo de derrumbe.

El neurótico es emocionalmente inmaduro

Lejos de la idealización que culturalmente se asocia a la idea de “tener un niño dentro”, o de "no perder nuestro niño interior", el neurótico es quien padece en su fuero más íntimo las consecuencias duras, rígidas y necias de una estructura emocional infantil. El neurótico es emocionalmente inmaduro. Se enoja, llora, sufre, se frustra y se encuentra absolutamente impotente para cambiar las cosas, para tomar las riendas de su vida. El neurótico es un sujeto suspendido en la brecha de una disyunción insoluble, de un enunciado paradojal: O el amor, o el deseo. O el deber o la felicidad. O el sacrificio o la vida. O el placer o el dinero. O mis hijos o yo.….O…o…

La compulsión a la repetición

¿Cuál es el paso que tiene que dar una persona para salir de este atolladero? ¿Cuál es el giro que lo sacará del “pantano” de su propia repetición? Por lo pronto debemos -psicoanalíticamente- considerar  que estas preguntas contienen una afirmación: - Tiene cura. Ahora bien, ¿Tiene cura la repetición? ¿Qué es lo que tiene cura? No creo que la repetición tenga cura, ni tampoco que deba tenerla. Tengo la impresión de que, como pensaba Freud, las cartas de nuestro destino nos son barajadas en los primeros años de nuestra vida y constituyen una encrucijada que nos acompaña, a la manera de un destino, hasta el final de nuestros días. Uno se llama como se llama, tiene los padres que tiene, tiene la historia que tiene... nuestras heridas y cicatrices son constitutivas de lo que somos.

El enfoque psicoanalítico

¿Qué es lo que sí tiene cura, entonces, desde el enfoque psicoanalítico? Pues bien, lo que sí tiene cura es ese plus, ese exceso mortificante que representa el malestar neurótico. Las identificaciones patológicas, enfermizas que hacen que una persona se encuentre permanentemente desencontrada, enemistada consigo misma (con lo que es, con lo que hace, con cómo vive) padeciendo su existencia en lugar de querer, de disfrutar y de vivir su vida... Éste es un buen augurio que, contrariamente al escepticismo que muchas veces se le achaca a Freud, supone uno de los mayores logros de la investigación psicoanalítica.

El síntoma: soporte del deseo

Podemos, inclusive, avanzar un paso más en esta dirección y decir que, desde la teoría de Freud, el malestar neurótico se cura hablando. Hemos de admitir, en este sentido, que el psicoanálisis es el único dispositivo del cual dispone la humanidad para construir un límite a este malestar. Y ello por un hecho muy sencillo: es el único lugar que -transferencia mediante- ha considerado el malestar neurótico como síntoma y se ha propuesto alojarlo, investigarlo, entenderlo y permitir que se desarrolle en toda su complejidad y su carácter contradictorio, cifrado, enigmático, opaco al entendimiento directo, pero no por ello menos preciso en cuanto soporte de una verdad silenciada. 

La verdad que el síntoma calla y dice a la vez es relativa al deseo, que representa para la ética psicoanalítica ni más ni menos que el resorte fundamental de la experiencia subjetiva.

Guillermo Miatello. Psicoanalista. Director de Academia de Psicoanálisis.

 

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