Pulsión de muerte: definiciones del concepto de Freud

La pulsión de muerte o destrucción es intrínseca a la realidad psíquica. Ella determina el modo como nos relacionamos con nosotros mismos y nuestros semejantes. Articulada por significantes culturales, es lo que nos diferencia del saber instintivo animal. ¿Quieres saber más? ¡Lee este artículo!

Pulsión de muerte: definiciones del concepto de Freud
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¿Qué es la pulsión de muerte en psicología?

Las pulsiones tienden al equilibrio del aparato psíquico a través de la descarga de tensiones para generar satisfacción. Pero cuando hay algo que impide el placer, brotan en el psiquismo las tendencias hostiles a destruir y desaparecer aquello que inhibe tal satisfacción.

Ya el escritor y ocultista Eliphas Lévi había dicho: «El equilibrio humano se compone de dos atracciones, una hacia la muerte, otra hacia la vida». Psicológicamente, la pulsión de muerte es aquel empuje constante que lleva al ser humano de forma inconsciente a sentir placer en la destrucción, ocurra esto de manera sublimada o de manera directa sobre el semejante o sobre sí mismo.

¿Qué es la pulsión de muerte para Freud?

Para Freud la pulsión de muerte es el esfuerzo interno que busca la cesación de las tensiones del organismo acaecidas en la vida, a través de los impulsos de auto-destrucción y agresión. Esta fuerza psíquica emerge desde los inicios de la existencia y acompaña al ser humano desde entonces.

Para el padre del psicoanálisis, estas pulsiones se oponen a las pulsiones de vida, porque no motivan al ser humano para la cohesión y unión placentera con los objetos y el mundo, sino que apuntan a la desintegración de los vínculos. Se podría decir, en este sentido, que la pulsión de muerte es una fuerza cuyo objetivo es la disolución de las uniones y la tendencia de todo lo vivo hacia un estado de reposo absoluto.

Es decir que la pulsión de muerte es un empuje psíquico fundamental e intrínseco en todos nosotros, articulado desde el nacimiento (primera separación de nuestra madre); cuyo fin es retrotraer al psiquismo a un estado de no tensión y reposo total y con ello trascender la inestabilidad y aumento de excitaciones propias de la vida del organismo.

De esta forma, la pulsión de muerte emerge primero como una tendencia hacia la autodestrucción, y luego será puesta en el mundo exterior como agresividad. Además para Freud, la pulsión de muerte se puede ligar al desarrollo libidinal, así como ocurre por ejemplo en el sado-masoquismo.

Pulsión de muerte y compulsión a la repetición

La pulsión de muerte tiene una articulación directa con la compulsión a la repetición. En efecto, este concepto surge especulativamente de la observación freudiana ante la repetición de traumas o situaciones angustiantes ligadas a una pérdida y vividas una y otra vez a lo largo de la historia subjetiva de la persona, cuya reconstrucción psíquica implicaría un goce inconsciente que se ubica "más allá del principio del placer", es decir, de lo que corrientemente entenderíamos como algo placentero.

En su diccionario de psicoanálisis, Laplanche y Pontalis definen la compulsión a la repetición como el...

Proceso incoercible y de origen inconsciente, en virtud del cual el sujeto se sitúa activamente en situaciones penosas, repitiendo así experiencias antiguas, sin recordar el prototipo de ellas, sino al contrario, con la impresión muy viva de que se trata de algo plenamente motivado en lo actual.

Según esta hipótesis, refrendada largamente por la clínica psicoanalítica, el sujeto se ubica activamente en lugares, posiciones y circunstancias en los cuales se repite una y otra vez el trauma padecido inicialmente aún a pesar de que este en ningún momento le produjo ningún placer (¿o precisamente a causa de esto?). 

Más aún, lo hace sin saber que lo hace y con la extrema convicción de que las circunstancias que motorizan su infortunio y su desdicha están enteramente motivadas en la realidad efectiva, "externa" al individuo.

La pulsión de muerte y el conflicto social

En su obra El Sublime Objeto de la Ideología, el filósofo esloveno Slavoj Žižek nos brinda una precisa interpretación del concepto freudiano de pulsión de muerte, articulándolo con los procesos culturales. En este sentido, se propone disuadirnos de la ilusión de alcanzar un orden político, social y religioso satisfactorio y que represente adecuadamente el bien común ("la edad de oro" para la vida en comunidad de los seres humanos, como decía Freud). En efecto, señala que la fuente de la tentación totalitaria de múltiples ideologías no es sino un intento por abolir o negar este antagonismo fundamental de nuestra constitución subjetiva.

Pulsión de muerte no es un hecho biológico, sino una noción que indica que el aparato psíquico humano está subordinado a un automatismo de repetición ciego más allá de la búsqueda del placer, de la autoconservación, de la conformidad del hombre con su medio. El hombre es –Hegel dixit- “un animal enfermo de muerte”, un animal extorsionado por un insaciable parásito (razón, logos, lenguaje). Según esta perspectiva, la “pulsión de muerte”, esta dimensión de radical negatividad, no puede ser reducida a una expresión de las condiciones sociales enajenadas, sino que define la condition humaine en cuanto tal. No hay solución ni escape, lo que hay que hacer no es “superarla”, “abolirla”, sino llegar a un acuerdo con ello, aprender a reconocerla en su dimensión aterrradora y después, con base en este reconocimiento fundamental, tratar de articular un modus vivendi con ello. Toda “cultura” es en cierto modo una formación-reacción, un intento de limitar, de canalizar, de cultivar este desequilibrio, este núcleo traumático, este antagonismo radical por medio del cual el hombre corta su cordón umbilical con la naturaleza, con la homeostasis animal. 

Lacan y la metáfora de la "debilidad mental"

Lacan señala el Seminario 24 L'Insu- que las personas somos débiles mentales en el sentido de que el malestar del sujeto ES la cultura, es el lenguaje. Somos, por así decirlo, débiles porque tenemos pulsión, porque tenemos lenguaje.

Los seres humanos no sólo nos golpeamos dos o diez veces con la misma piedra sino que hemos perdido por completo el instinto de conservación; único instinto de vida que podría definirse como tal. Como señala el psicoanalista Marcelo Pérez... "De otro modo, no se explicaría que alguien fume tres o cuatro atados de cigarros por día, que tenga sobrepeso, que sea anoréxico, que le guste manejar a 200kms por la ruta, que salga sin casco en su moto, en definitiva, todas las acciones que conocemos y que no son precisamente para “hacernos el bien"… 

A diferencia del humano, el animal-logrado no sabe lo que es enfermar. No hay ningún animal que sea gordo, ni flaco, es decir: que no pueda responder perfectamente a lo que el medio natural le demanda. Los seres humanos, por el contrario, somos tan "débiles" que “necesitamos” ser amados; y amamos para ello…cayendo en la incredulidad e ingenuidad más absoluta: el narcisismo.

¿Qué son las pulsiones de vida?

Las pulsiones de vida son aquellos empujes psíquicos que buscan la autoconservación del yo y la satisfacción del aparato psíquico a través de los vínculos con otras personas u objetos, cuyo recorrido garantiza un regocijo. Por ello, las pulsiones de vida están regidas por el “principio de placer”.

En este sentido, las pulsiones de vida conforman una fuerza constante que tiende a la unión total, acrecentando al organismo, perpetuando la especie y la existencia más allá del individuo.

Las pulsiones de vida tienden a la evitación del displacer y a la reducción de tensiones, cubriendo en la realidad las necesidades básicas: hambre, sueño, vestido, higiene, y la unión sexual para extender la especie a través del deseo mediado por la cultura.

Para entenderlo claramente, te traemos un fragmento de la antigua epopeya del Gilgamesh:

“¿A dónde vagas tú?

La vida que persigues no la hallarás.

Cuando los dioses crearon la humanidad,

asignaron la muerte para esa humanidad,

Reteniendo la vida en las propias manos.

Tú, Gilgamesh, llena tu vientre,

Goza de día y de noche.

Cada día celebra una fiesta regocijada.

Día y noche danza y juega

Procura que tus vestidos sean flamantes,

Lávate la cabeza,

atiende al niño que te tome de la mano,

deleita a tu mujer, abrazada contra ti.

¡Tal es el destino de la Humanidad!”

¿Qué es Tánatos en psicología?

El termino Tánatos en psicología fue propuesto por la psiquiatra y psicoanalista Sabina Spielrein, a partir del texto freudiano “más allá del principio del placer” y está basado en la personificación griega del dios-genio de la muerte Tánatos.

Tánatos es un concepto ligado a la mitología; hijo de la gran noche (Nix) y hermano de Hipnos (dios del sueño, que representa también “la pequeña muerte”). En este sentido, psicológicamente, Tánatos representa una disposición primitiva de lo inconsciente y puede relacionarse con el vacío.

Dicho vacío puede corresponderse con el “objeto perdido” (pecho de la madre) que se vivencia como sentimiento de abandono y extravío angustioso o también como perdida de las ilusiones ante la vida. Por eso, Tánatos moviliza al ser humano a la desintegración y reducción de todas las excitaciones para reconducirlo a un estado inorgánico del no-ser.

Sin embargo, el Tanatos puede ser también la fuerza vital que permita al Yo resignificar su existencia en el camino misterioso de la vida. Tánatos en psicología, puede ser entendido como el impulso agresivo que permite al sujeto luchar y hacerse un lugar en su existencia, por eso, también es un motor del deseo.

Nietzsche y la pulsión de muerte

En su Presentación autobiográfica, Freud se refiere a F. Nietzsche como un pensador “cuyas intuiciones e intelecciones coinciden a menudo de la manera más asombrosa con los resultados que el psicoanálisis logró con trabajo" y admitió haberse mantenido al margen de sus escritos con la finalidad consciente de evitar “que representación-expectativa de ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las impresiones psicoanalíticas”.

El siguiente parágrafo de La Genealogía de la Moral muestra a las claras que si bien el "filósofo del martillo" no formalizó el concepto de pulsión a la medida de Freud, es indudable que se hallaba -en su recorrido investigativo del alma humana- en senderos alumbrados por descubrimientos sorprendentemente similares.

“El hombre ha osado, innovado, desafiado, afrontado el destino más que todos los demás animales juntos: él, el gran experimentador consigo mismo, el insatisfecho, insaciado, el que disputa el dominio último a animales, naturaleza y dioses, – él, el siempre invicto todavía, el eternamente futuro, el que no encuentra ya reposo alguno ante su propia fuerza acosante, de modo que su futuro le roe implacablemente, como un aguijón en la carne de todo presente: – ¿cómo este valiente y rico animal no iba a ser también el más expuesto al peligro, el más duradero y hondamente enfermo entre todos los animales enfermos?...”

El concepto de muerte

La muerte es, para el psicoanálisis, además de la desaparición del cuerpo físico, un concepto que adquiere tintes simbólicos dadas las connotaciones de la cultura y los significantes de ella; por ejemplo, matar no está permitido, excepto en situaciones especiales donde se involucre los significantes “guerra”, “enemigo” y el “soldado”, contexto en los cuales causar la muerte puede pasar a ser un acto hasta heroico.

En dichos casos, en aras de ideales como "patria" o "nación" la pulsión es directamente puesta sobre el otro (enemigo) y fuera de sí, en su sentido más avasallador.

El concepto de la muerte es, en definitiva, lo que más nos distingue de los seres sin “Logos” (razón) esto es, de los animales, pues el atravesamiento del lenguaje implica confrontarnos con el hecho de que en algún momento cesará el carácter individual y se perderá la consistencia subjetiva.

La consideración de la muerte autoriza la vida

Freud decía que no existe inscripción de la muerte a nivel de lo inconsciente. Esto quiere decir que dicho significante representa un agujero, una pregunta, un vacío en nuestra cadena de representaciones. La muerte, en cuanto tal, es un enigma que sólo tiene realidad en el discurso. 

Bien decía Epicuro en la carta a Meneceo: “El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos”. Por lo tanto, la muerte también está a medio decir, y ese decir -siguiendo a Lacan- es siempre del Otro.

La muerte, en tanto la enunciación más enigmática del ser humano, abre la posibilidad para la construcción de un proyecto de vida, a través del cuestionamiento y la examinación: del análisis. En este sentido apuntaba la mayéutica socrática y algunos aspectos del platonismo, que consideraban que la vida era un preparativo para la muerte.

Es decir que, desde la perspectiva de estos pensadores, la pulsión de muerte se conjuga en el corazón de la dialéctica del vivir. Heidegger decía, al respecto “Vamos viviendo la muerte y muriendo la vida”, es decir, que la vida misma implica la mutación de nuestro ser, por lo que nuestra identidad va transformándose en el devenir temporal; y en ello se van muriendo nuestras antiguas identidades, aparentemente cristalizadas. En otras palabras: no hay vida posible sin muerte y sin pérdida.

De igual forma, la muerte puede ser entendida como aquella dimensión que permite devanar una vida articulada desde un viejo no-querer-saber inconsciente que nos aprisiona, por lo que el atravesamiento de un psicoanálisis permite hilar un nuevo significado, desbastando lo que nos aprisiona en la repetición de sufrimientos neuróticos.

En Así habló Zaratustra, Nietzsche nos regala al respecto, esta sugerente referencia:

«Muchos mueren demasiado tarde, y algunos mueren demasiado pronto. Todavía suena extraña esta doctrina: “¡Muere a tiempo!” Morir a tiempo: eso es lo que Zaratustra enseña. En verdad, quien no vive nunca a tiempo, ¿cómo va a morir a tiempo?».

Pulsión de muerte: ejemplos

La pulsión de muerte puede manifestarse en diversos ámbitos de la vida, ya sea de manera directa o sublimada, por ejemplo: los “Haters” (u “odiadores” en español) a través de las críticas en las redes sociales a terceros, ponen fuera de sí sus impulsos demoledores de forma sublimada en la palabra para destruir al otro.

También las tendencias destructivas de la pulsión de muerte pueden ponerse en juego en repetición belicosa de las relaciones de pareja en las que ambos partenaires se dañan en función de su idea de amor, como bien lo ejemplifica el rock titulado “abismo” de Caramelos de cianuro:

El abrazo de la enredadera,

Que te asfixia por más que te quiera;

Así te quiero,

Como la cárcel a su prisionero,

Como un veneno maldito,

Más me dañas, más te necesito,

Una droga, Me elevas pero me ahogas

Ahora bien, ¿qué pasa cuando la pulsión de muerte no está dirigida al exterior? Estos impulsos destructivos, al retirarse del mundo se dirigen hacia el propio sistema psíquico, generándose formas donde el Yo es gozado, auto-criticado, y autodestruido, ya sea en formas de depresión aguda, adicciones o masoquismo sexual.

La pulsión de muerte puede ejemplificarse muy bien en la anorexia, trastorno en el cual las ideas distorsionadas de un cuerpo narcísicamente "perfecto" hacen al propio rechazo, reduciendo la ingesta de alimentos para disminuir su peso e inexistirse a sí mismo, encontrando el sujeto una satisfacción libidinal en la propia autodestrucción.

El juego de la ballena azul

El juego de la "Ballena azul" fue un peligroso juego que circuló por redes sociales, que tuvo su origen en Rusia, y que promovió una masiva ola de suicidios adolescentes. Creado por un adolescente de 21 años (Philipp Budeikin ex estudiante de psicología que fue expulsado de su universidad) constituyó un epifenómeno del mal uso de las TIC.

El juego consistía en lo siguiente: se creaban grupos anónimos a los que se unían decenas de jóvenes para participar en lo que llamaban "el reto o desafío de la ballena azul". El nombre provenía de la decisión que toman dichos cetáceos de encallar en las playas para morir.

Mediante el procedimiento inicial, se les asignaba a los jugadores -en su mayoría adolescentes seleccionados cuidadosamente por algunos administradores adultos- una serie de desafíos para realizar durante un período de 50 días. 

Estos desafíos incluían despertarse durante la madrugada para ver cortometrajes de terror y participar de una serie creciente de actividades autodestructivas, como infligirse lesiones cortándose el brazo con una navaja o acercarse al borde de un precipicio. La última demostración que debían hacer consistía en suicidarse al saltar desde un balcón.

Para verificar la realización de dichas pruebas, existían "tutores en línea" que utilizaban perfiles falsos en Facebook y repartían mensajes con los determinados desafíos por medio de una red social o a través de WhatsApp en grupos cerrados. 

El fenómeno se extendió rápidamente a través de las redes sociales, a punto tal de que llegó a existir un grupo en español que tuvo más de 15.000 miembros, pero también los hubo en inglés, portugués, francés, ruso y otros idiomas, tanto en Facebook como en YouTube y Twitter.

Los expertos indicaron que en Rusia, donde tuvo su origen el juego, se registraron alrededor de 130 casos de suicidio relacionados con este fenómeno.

Autor: Kevin Samir Parra Rueda, redactor en la Academia de Psicoanálisis.

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Referencias:

  • Epicuro. Carta a Meneceo. Epub: Versión digital.
  • Freud, S. (tr. 2005). Obras Completas. Tomo III. CX. Más allá del principio de placer. (1920). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • La epopeya del Gilgamesh. Epub: Versión digital.
  • Lacan, J. (2010). El seminario de Jacques lacan libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis 1964. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
  • Caramelos de cianuro. (Productor). (2016, abril, 16). Abismo. video oficial [Canal de YouTube]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Z7K35dx_7oE
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