Pulsión sexual: ¿Qué es y cómo funciona?

La pulsión sexual es la expresión de la libido, una energía puesta en marcha por la pérdida del objeto mítico que supone el encuentro del infante con el lenguaje; objeto/satisfacción que intentamos "reencontrar" a lo largo de nuestra vida a través del amor, la religión y la política...

Pulsión sexual: ¿Qué es y cómo funciona?
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¿Qué es la pulsión sexual en psicoanálisis?

La pulsión sexual es para el padre del psicoanálisis una expresión del Eros. Es la representación psíquica de una fuerza libidinal que nace de las zonas erógenas y del encuentro con lo que el psicoanalista francés J.Lacan llama el “Otro”.

En un inicio, la pulsión se complace de forma auto-erótica, es decir, en el propio cuerpo (promovida por la autoconservación). Posteriormente, conforme a nuestro desarrollo y organización libidinal, las pulsiones se integran a un fin genital en la adolescencia.

Se puede decir que la pulsión sexual es una fuerza constante que activa al psiquismo a la búsqueda de placer, descargando tensiones a través de diversos objetos. Pero su satisfacción no está en el objeto, sino en el recorrido de su actividad para alcanzarlo; bordeando a su vez lo imposible: La satisfacción absoluta.

Como ves, las pulsiones no están ligadas a objetos pre-fijados para colmar su meta, sino que ellos están de entrada “perdidos. Esto marca una diferencia fundamental respecto del instinto. Bien dice Lacan: “ningún alimento satisfará jamás la pulsión oral, a no ser contorneando al objeto eternamente faltante” .

Por eso, a diferencia del animal, el ser hablante puede satisfacer parcialmente su pulsión oral -que se apoya en la necesidad de hambre o sed- comiendo “X” alimentos (carnes, vegetales, postres, tomando cerveza, o incluso fumando). También, puede excitarse con diferentes objetos como: zapatillas, ropa interior, con un niño, un cadáver, un animal, un hombre o una mujer.

¿Cuáles son las pulsiones parciales en psicoanálisis?

En primer lugar, ¿Qué quiere decir que las pulsiones sexuales sean parciales? Significa que ellas parten de zonas erógenas separadas, y pueden alcanzar de manera independiente la obtención de placer, el cual nunca puede ser total; de allí que estén vinculadas al deseo.

Las pulsiones parciales en psicoanálisis son:

  1. Pulsión Oral: Su zona erógena la constituyen los labios; su objeto parcial es el pecho materno y su acción es el chupeteo.
  2. Pulsión Anal: su zona erógena es el ano, el objeto parcial son las heces y su acción es la de retener/expulsar.
  3. Pulsión Escópica: La zona erógena son los ojos, su objeto parcial la mirada, y su acción se relaciona con el ver y el ser-visto.
  4. Pulsión Invocante: Su zona erógena son los oídos, el objeto parcial la voz, y su acción se relaciona con el Oír.

Como observas, las pulsiones sexuales están relacionadas con los orificios de nuestro cuerpo y conforman las modalidades en que el deseo busca realizarse a partir del encuentro del sujeto con el Otro. A su vez, tienden al proceso de ligazón propio de las pulsiones de vida.

¿Qué es la pulsión escópica?

La pulsión escópica se relaciona con el deseo, en tanto que contornea al plus de goce sostén de la fantasía de “mirar-ser visto”. La pulsión escópica tiene un origen narcisista, porque en la constitución del yo el sujeto se identifica con una mirada que está fuera de él y determina su imagen.

El sujeto se ve en el campo del Otro, y lo que mira es aquello que no se puede ver sino fantasear; dice Lacan (seminario 13-1966): “Tu no me ves desde donde yo te miro” (p.2022), es decir, no nos vemos del todo con los ojos biológicos, sino con los ojos metafóricos de las personas que desde el  amor -o incluso desde la hostilidad- han determinado nuestra manera de ser.

La pulsión escópica nos advierte que el deseo se funda en el deseo del Otro, y se manifiesta en la mirada imaginada por el yo en el campo del inconsciente. En este sentido, el sujeto se satisface en el par antitético “ver”-“ser mirado”; su fantasía se constituye en torno a los ideales o elementos simbólicos -determinados desde la constitución del Yo- que dan la ilusión de síntesis, unidad, completitud y semejanza.

Por otro lado, una fijación de la libido a esta pulsión parcial, se relaciona con el voyeurismo: el placer de ver el coito u órganos sexuales de los demás, suponiendo que al otro le excitaría ser visto. Una canción cuya letra ilustra lo anterior es “Persiana americana” de Soda Stereo.

¿Qué importancia le da Freud a la sexualidad?

Uno de los grandes aportes de Freud, fue haber instituido la sexualidad más allá del eje puramente genital y reproductivo. La sexualidad, desde la perspectiva freudiana, está ligada no sólo a los modos por los cuales obtenemos placer a través de emparentarnos a personas amadas, sino a las particularidades de cómo hemos sido constituidos desde el Otro (encarnado por la madre en un 1er momento).

Por lo tanto, la sexualidad es determinante para la estructura psíquica del sujeto. En otras palabras, nuestro presente es el reencuentro y actualización de las formas particulares de cómo hemos sido inscriptos en el mundo a partir de los vínculos ambivalentes de nuestra infancia.

Para Freud, la sexualidad circunscribe al sujeto en el registro simbólico. Ella no sólo nos da un lugar particular de “hombre” o “mujer”, o un rango dentro de la familia, o la sociedad, sino que construye el carácter de la persona. Bien apunta Freud (1905):  

“Lo que llamamos el «carácter» de un hombre está construido en buena parte con el material de las excitaciones sexuales, y se compone de pulsiones fijadas desde la infancia, de otras adquiridas por sublimación y de construcciones destinadas a sofrenar unas mociones perversas, reconocidas como inaplicables." (p.218)

Además, la sexualidad es explicativa de la predisposición a la neurosis a partir de tres características:

  1. Precocidad sexual.
  2. Exceso de ternura por parte de los padres
  3. Ser tratado cuando niño como un objeto sexual.

En este sentido, el síntoma es para Freud el “partenaire sexual del neurótico”. En otras palabras, el síntoma es una metáfora o sustitución de un material sexual reprimido del cual la persona puede avergonzarse y no querer saber nada, expresándose de manera enigmática para la conciencia el placer secreto que se obtiene a su través.

¿Cuáles son las etapas de la sexualidad infantil?

Para Freud, la perversión polimorfa del niño es una disposición originaria de la pulsión sexual, porque el infans busca de manera egoísta la ganancia de placer descargando la tensión que brota de las zonas erógenas. Pero a partir del desarrollo orgánico, la formación del Yo y los patrones de crianza; las pulsiones parciales se integran en la zona genital y pueden ser sublimadas.

Sin embargo, antes de que dicha integración suceda, las expresiones libidinales se encuentran sujetadas a la demanda de amor incondicional y a fantasías inconscientes de gran carga afectiva, que de chicos elaboramos en torno al nacimiento de otros niños y de la diferencia anatómica de los sexos.

Para finalizar, la primera fase de la organización libidinal es la etapa oral. Aquí, el niño demanda la necesidad de ser alimentado y encuentra un plus de goce en la acción de succionar.

En la segunda fase, sádico-anal; la demanda se articula en el Otro a través de la educación que nuestros padres ejercieron en el control de los esfínteres; pero de niños encontramos un plus de goce al expulsar o retener las heces. Y en la tercera, la fase fálica, se constituye el deseo, dado que la excitación del niño rodea al objeto prohibido: La madre.

Las cinco etapas del desarrollo psicosexual

La libido es la energía base por la cual se expresa la pulsión sexual a través de las siguientes fases del desarrollo:

  • Fase oral (0-2 años): la libido es puesta en la zona bucal, el infans tiene satisfacción en la succión. El objeto parcial hegemónico es el pecho materno, el cuál a medida que el niño va creciendo tiene que renunciar. 
  • Fase sádico anal (2-3 años): el placer se obtiene en la expulsión y retención de las heces; éstas son percibidas como una creación propia e inconscientemente son interpretadas como un regalo.
  • Fase Fálico-castrado (3- 5 años): el máximo placer libidinal se centra en los tocamientos del pene y el clítoris. Aquí se articula el complejo de Edipo y la amenaza de castración, que tendrá una resolución diferente en el varón y la hembra, renunciando a los objetos de amor incestuoso.
  • Fase de latencia (6-11 años): en esta etapa, la libido y los impulsos sexuales son sublimados en actividades que permiten al niño integrarse al plano cultural. Gran parte de las representaciones sexuales son reprimidas y retornarán en la adolescencia y adultez.
  • Fase genital (adolescencia y adultez): en esta fase, las pulsiones sexuales que han sido parciales y sujetas a las zonas antes mencionadas, logran una unificación regida por la función genital. Según Freud (1905), éste es “el punto de llegada de la pulsión sexual” (p.179). A partir de aquí, empezamos a buscar nuevos vínculos exogámicos.

En consecuencia, a medida que de niños vamos renunciando a los objetos de placer, las pulsiones funcionan a partir de la restitución de aquellos objetos perdidos a lo largo del desarrollo libidinal, sustituyéndolos mediante objetos idealizados en la adultez (como parejas, ideales políticos, doctrinas religiosas o adicciones) que prometen el acceso al goce total que nos sustraerá de la angustia.

Para culminar, es vital preguntarnos: ¿Desde qué lugar nos vinculamos con los demás, qué buscamos incorporar?; ¿Qué ideales miramos y esperamos de nuestras relaciones amorosas? ¿Qué de nuestra infancia y de nuestros vínculos primarios se repite en nuestra relación con los otros?

Autor: Kevin Samir Parra Rueda, redactor en la Academia de Psicoanálisis Madrid, SL.

Fuentes:

  • Chemama, R. (1996). Diccionario del psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores.
  • Evans, D. (1998). Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. (1ra. Ed.) 4ta reimpresión, 2007. Argentina: Paidos.
  • Freud, S. (tr.1992). Obras Completas. Tres ensayos para una teoría sexual. (1905). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
  • Lacan, J. (2010-1964). El seminario de Jacques lacan libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis 1964. Argentina: Paidós.
  • Lacan, J. (s/f). Los seminarios de Jacques Lacan. Seminario 13: El objeto del psicoanálisis. Versión comparada de Jorge Tarella para la Escuela Freudiana de Argentina. Psikolibros edición.
  • Laplanche, J., y Pontalis, J. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Paidós Ibérica S.A
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