¿Qué distingue a un psicópata?

Por estos días, la consideración de la psicopatía como categoría clínica ha reingresado al centro de la escena mundial. ¿Cuáles son las características psíquicas detrás del horror y la devastación que producen las guerras? A continuación, un recorrido por los aspectos más siniestros del alma humana.

¿Qué distingue a un psicópata?
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Introducción

Seguramente muchos de quienes hemos crecido con el final del siglo XX recordemos la caricatura de Steven Spielberg protagonizada por ese dúo de simpáticos ratoncitos que eran una especie de antihéroes: "Pinky y Cerebro". El primero era bondadoso y sumiso. El segundo calculador, racional. Luego de una serie de desopilantes peripecias en las que su pequeñez contrastaba con lo enorme de sus aspiraciones -contraste que los conducía una y otra vez al fracaso- "Pinky" le formulaba a "Cerebro" siempre la misma pregunta: 

- ¿Qué haremos esta noche, Cerebro?

Y éste respondía siempre de la misma manera:

Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky...¡Tratar de conquistar el mundo!

Si los dibujos animados, como su nombre lo indica, tienen alma, no es de extrañar que nos resulten entrañables, particularmente en nuestra infancia, el período de la vida en que el proceso de la civilización todavía no nos ha apartado de nuestra inteligencia emocional. Profundizando entonces en esta dirección, surge naturalmente la pregunta: ¿Por qué nos resultan tan atractivos estos personajes? ¿Qué de nosotros se juega en ellos? ¿Con qué componentes de ellos nos identificamos?

Freud decía que si soñamos con ladrones y tenemos miedo, los ladrones podrán ser imaginarios pero el miedo es real. Otro tanto ocurre con el núcleo de verdad que exteriorizan estos personajes ficticios a través de sus intenciones, rasgos de carácter, conductas y pensamientos. A fin de cuentas sus creadores, quienes los hicieron proyectivamente a su imagen y semejanza, son personas de carne y hueso tan reales como nosotros.

Pinky, Cerebro y el Psicoanalisis

Hipótesis preliminares

Empezando a formular alguna hipótesis de tipo exploratorio, podemos afirmar que Pinky y Cerebro son los protagonistas de un diálogo que ocurre entre diferentes componentes de la personalidad. El cerebro, riguroso y calculador establece juicios, límites y razona allí donde el corazón propone metas y sueños que sólo conocen de intensidades, de cargas afectivas. 

Falta en el show una tercera dimensión de la existencia: el "hígado", órgano en el cual se representa, desde la teoría psicosomatológica de Chiozza, la fuerza para materializar los sueños que el corazón propone y para cuya realización el cerebro dispone. Esto no ha de sorprendernos si tenemos en cuenta que el show está dirigido a los niños: en ellos esta dimensión de la personalidad se encuentra escasamente desarrollada, en contrapartida con la enorme potencia que hallamos presente en sus fantasías.

Analizando el argumento del programa en un nivel más exhaustivo podríamos afirmar que estos ratoncitos megalómanos que, desde un pequeño laboratorio situado en un alejado rincón del universo, confían ciegamente en su capacidad para "conquistar el mundo" son un poco como tú y como yo. "Uno busca lleno de esperanzas los caminos que sus sueños prometieron a sus ansias", dice el Tango Uno...Uno, como tú, como yo, como él, como ella.

¿Acaso no vivimos las personas sujetas a esta ilusión necesaria de que más allá de la insignificancia de nuestra existencia en el cosmos y en la historia, lo que hacemos cuenta y es capaz de hacer una diferencia? ¿Podríamos acaso soportar nuestra vida si no creyéramos en la posibilidad de materializar nuestros sueños, en nuestra capacidad de "conquistar el mundo"? Para hacer lugar a esta pregunta es necesario interpretar su condición metafórica, es decir, que este no es un hecho literal y que, por ende, para cada sujeto quiere decir algo distinto.

Neurosis y psicosis

La conducta sana, decía Freud, tiene un componente (dosificado, limitado) de negación intrínseco. En algún punto, como buenos neuróticos, hemos de aceptar la realidad, tolerarla y asimilarla. Y a partir de cierto punto hemos de buscar (si se quiere, como el psicótico) modificarla. Sin este componente de osadía, que podríamos emparentar con la locura, enloquecemos. El poeta italo-argentino Antonio Porchia ubica muy bien esta contracara de la razón y la cordura cuando afirma en una de sus Voces que "La razón se pierde razonando".

Así pues, si lo pensamos desde la perspectiva de nuestra realidad psíquica, no estamos muy alejados de estos ratoncitos minúsculos que se sienten omnipotentes y capaces de lograr grandes cosas. Todos, en mayor o menor medida, podemos ver allí una proyección del conflicto existente entre la grandiosidad de nuestros sueños, nuestro deseo de trascender, la fuerza y la energía que necesitamos para materializarlos, los límites que impone la realidad y la finitud de nuestra existencia...

Guerra Nuclear y Psicopatía

¿Cómo funciona la mente de un psicópata?

Cuando falta la metáfora, cuando Cerebro pierde a Pinky y "funciona" solo, funciona mal, se pervierte. Y es el punto en el cual la riqueza de las fantasías, de la sublimación, de las infinitas posibilidades de la creatividad humana se tuercen hacia la chatura que se emparenta con el horror. En ese punto, "conquistar el mundo" deja de ser una cuestión metafórica, esto es, el modo singular que cada cual se abre paso en el camino de la vida que, como dice el poeta, "se hace camino al andar..."

Cuando falta la metáfora es posible que una rata insignificante quiera apropiarse del mundo, pero en un sentido estricto, literal. Freud señaló repetidamente, en relación con los distintos tipos de psicosis, que la paranoia constituye la estructura de base de cada una de ellas. Esto lo podemos ver claramente en algunas personalidades psicopáticas: allí el obstáculo a ese mundo imaginario anhelado de manera enfermiza, y al cual la realidad no se ajusta, deviene persecutorio y en torno a él se estructura el guion delirante.

Si la satisfacción no se alcanza, ello se debe a que hay otro maligno que me quiere perjudicar y al cual, por ende, es necesario eliminar no sin antes humillar y despojarlo de su condición de ser humano. Durante la Segunda Guerra Mundial ocurrió con Hitler, los judíos y el "destino grande" de una raza aria germánica herida profundamente en su orgullo patriótico.

Por estos días sucede algo muy similar con el pueblo de Ucrania, al cual supuestamente hay que "liberar" para restablecer Eurasia o al que hay que defender de las amenazas del "imperio de mentiras" que constituye occidente. Así pues, la justificación de lo injustificable, una invasión cobarde y siniestra, se apuntala en la sed de venganza enraizada en un perjuicio que proviene de un otro que goza insidiosamente a costa mía.

Psicopatía y paranoia

La identificación

Una pregunta que surge naturalmente ante este fenómeno es: ¿Cómo crece semejante monstruo? ¿Por qué se lo deja avanzar hasta el punto en que se hace casi imposible detenerlo? Si deseamos abordar psicoanalíticamente esta pregunta, hemos de recordar el humorista italiano que afirmaba: "A mí no me preocupa Berlusconi en sí mismo, me preocupa Berlusconi en mí mismo". Pues bien, con Putin ocurre algo muy similar. Si el monstruo llega a este nivel de desarrollo y poder destructivo es que sus ideas resentidas y reivindicatorias de alguna manera representan a un gran número de personas.

El poder del líder se erige a la par de lo que Chiozza define como "los cuatro gigantes del alma" (la culpa, los celos, la envidia y la rivalidad) que crecen en las sombras, en cada uno de nosotros, como el mal endémico de una época globalmente enferma. El líder deviene el representante y es elegido para reivindicar estos sentimientos comunes que se han esparcido en la masa (como un virus) y así se retroalimentan colectivamente el encono y esta locura tóxica que, desde el lugar del damnificado, busca un resarcimiento por un mal supuestamente padecido. 

Algunos que no se identifican igual se alinean a los designios del líder, de la causa, del partido. Amenazados por el poder, temen opinar de manera diferente o se sujetan a la "obediencia debida" para participar en guerras que no los representan, enfrentándose a enemigos que no sienten como tales y por motivos absurdos que no consideran propios.

Identificacion y Psicopatía

Características de la psicopatía

Vemos que la metáfora de "conquistar el mundo" sufre, en este contexto, una cabal tergiversación. El poder deja de estar regulado por el principio de realidad -que lo erige sobre un trasfondo de impotencia- y pasa a ser un fin en sí mismo. Así entendido, el poder no conoce otro objetivo más que someter, más que acumular poder por el poder en sí mismo y la manera más directa de hacerlo es la intimidación, esto es, sembrar en el otro la semilla del miedo y el terror.

Basta con encender las noticias para ver que, por estos días, el creciente poder de Putin se basa en sus constantes amenazas, en su capacidad de hacer daño, de agredir a otros países, de censurar a los medios de comunicación que se atrevan a emitir noticias que lo desprestigien. El mandatario ruso constituye un representante de lo peor de la humanidad y ese es, sin más, el combustible tóxico de su avance: el miedo de los disidentes; la sed de venganza de los adherentes.

Es como si Cerebro, el encargado de planificar meticulosamente hacia dónde ir en la vida y cómo hacerlo se hubiera escindido completamente de Pinky, el responsable de las cargas afectivas que dota a nuestras acciones de un rumbo y un sentido, sentido que sólo puede concebirse en nuestro con-vivir (vivir con otros). Como sabemos, el psicópata carece de empatía, de remordimiento, del sentimiento de culpa; es incapaz de vincularse con otros de una manera auténtica y por ende adolece de un profundo sentimiento de vacío así como de una irremediable carencia en torno al sentido de la vida.

Sobre esta tragedia se erigen los fundamentos enfermos de su poder, que no es sino el reflejo de su frialdad, de su indiferencia frente a la posibilidad de "apretar el botón" y que todo explote. El rechazo, el desamor, el desvalor no constituyen para el psicópata amenazas insoportables que lo asustan y lo obligan a repensar su accionar sino el horror cotidiano del que proviene y el contexto natural de su existencia diaria. ¿Qué tiene, pues, para perder?

La cara de un psicópata¿Por qué es imposible tratar a un psicópata?

Un neurótico padece la verdad de la castración. Un psicópata la localiza en el otro para utilizarla "a su favor". Ha interiorizado las estructuras de poder inscriptas en toda relación humana pero no para sujetarse a ellas y aceptar su lugar, sino para identificarse plenamente con el amo y "obtener una tajada" de la situación. En tanto la realidad le ha resultado insoportable no ha hecho un ingreso real al universo simbólico, sino que se presenta ante el mundo como alguien no castrado o a quien la castración no incumbe.

Ajeno a cualquier sentimiento humanizado, utiliza la angustia de castración para manipular, incomodar y someter. Y así estamos viviendo estas últimas semanas, pendientes de los caprichos de un psicópata. Cualquier proceso dictatorial tiene sus “listas”. De la misma manera que el narcotraficante Pablo Escobar hacía su célebre "lista" de enemigos con quienes tenía cuentas pendientes, hace aproximadamente una semana el primer mandatario ruso hizo publicar mediante una serie de medios masivos "una lista de los países que habían sido hostiles a Rusia". 

Para citar otro ejemplo, en una entrevista reciente, el presidente ruso se reunió con un alto mandatario de EEUU con vistas a encontrar alguna salida al conflicto bélico que está teniendo lugar en Ucrania. El mandatario estadounidense, con posterioridad al encuentro dijo haber sentido que hablaba con alguien "sin alma", a lo que Putin replicó, sencillamente: "veo que nos estamos entendiendo". Que no se malentienda, pues, como osadía o coraje lo que entra, lisa y llanamente, dentro del ámbito de la psicopatología más grave y destructiva.

Autor: Guillermo Miatello. Docente y director de la Academia de Psicoanálisis Madrid S.L.


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