¿Qué es la sublimación en Psicoanálisis?

¿Te has preguntado cómo y por qué se han producido los movimientos culturales?¿O por qué la sociedad valora determinados deportes o creaciones artísticas? La sublimación refiere al modo en que la sexualidad y la agresividad humanas pueden ser transformadas en ricas y valiosas expresiones culturales.

¿Qué es la sublimación en Psicoanálisis?
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¿Qué es la sublimación?

En la teoría de Freud, la sublimación es uno de los destinos de las pulsiones. Recordarás que la pulsión es un empuje o energía que emerge de las zonas erógenas y tiene una representación en el aparato psíquico que puede ligarse a un objeto para alcanzar su meta, siendo esta última la descarga de tensión para generar placer.

Pues bien, sublimar es un proceso mediante el cual se toma y reorienta la energía libidinal sobre objetos, actividades y metas “des-sexualizadas” para generar una descarga psíquica que sea socialmente aceptable.

En este sentido, la sublimación es una modificación en el modo en que se obtiene un placer primitivo, simbolizándolo, a partir de las exigencias de la civilización. Por tal motivo, la cultura, con sus diversos valores y expresiones: artísticas, filosóficas, científicas, religiosas, o incluso deportivas, conforman la transformación del empuje pulsional original (sexual y agresivo) hacia diferentes actividades.

En síntesis, la sublimación es el mecanismo que permitiría transformar el destino sexual o agresivo de la energía del aparato anímico, inhibiendo su meta a merced de las exigencias de la cultura; siendo una de las fuentes de la civilización tal y como la conocemos.

La sublimación como mecanismo de defensa

La sublimación es un mecanismo egosintónico, es decir que es compatible con las exigencias e ideales del yo frente a la realidad. Éste se caracteriza por la capacidad de transformar la satisfacción de impulsos sexuales o agresivos rechazados socialmente, por otros distintos a los originales, pero psíquicamente enlazados.

Por ejemplo: Una persona puede transformar sus impulsos egoístas (cuya base es el autoerotismo) por impulsos filantrópicos y altruistas, y en dicha sublimación acaece un elemento erótico, a saber: ser y sentirse amado por la sociedad.

Orígenes de la sublimación

Te preguntarás ¿cómo surge la sublimación? Desde la hipótesis freudiana, surge con el sepultamiento del complejo de Edipo, entre los 5 a 6 años, hasta el inicio de la pubertad.

Allí se vislumbra una interrupción de los impulsos sexuales propiciado por una desexualización de las relaciones con los padres, por lo que la energía psíquica cambia de objetos y objetivos, canalizándose en actividades socialmente reconocidas.

Lo anterior se conoce como periodo de latencia. Es el momento en que los niños empiezan sus interacciones sociales más allá del vínculo familiar, integrándose a la cultura, por lo que sus pulsiones psíquicas y cargas afectivas se emplearán en múltiples actividades como: deportes, artes, lectura así como en la construcción de nuevos vínculos o amistades.

Sin embargo, cabe la pregunta ¿cómo sucede la sublimación? ¿Es un proceso consciente? Desde la perspectiva freudiana, la sublimación es un proceso que tiene que ser psíquicamente activado. Una vez que declina el complejo de Edipo, la libido se retira de las figuras parentales y se dirige sobre el Yo; seguidamente, dicha libido podrá ser reorientada a otros objetos y fines no sexuales, delimitados por cultura. Esto se conoce como “desexualización” y ocurre de forma inconsciente.

¿Qué es la sublimación en psicología? Ejemplos

Como verás, la sublimación permite satisfacer una exigencia pulsional sin implicar el mecanismo de la represión. Por ende, se lo considera un mecanismo no-patológico, por cuanto permite una satisfacción canalizada de la pulsión sin luchar contra ella. Algunos ejemplos de conductas sublimadas pueden ser:

  • Las relaciones de amistad, porque en ellas los impulsos eróticos son inhibidos en su meta. En los vínculos amistosos hay una “des-sexualización” de los impulsos libidinales y homosexuales, lo cual se traduce a los sentimientos de cariño y camaradería.
  • En el caso de la relación entre padres e hijos o hermanos, es decir, los vínculos del amor filial o fraternal se advierte la ternura como resultado de la sublimación de las pulsiones sexuales incestuosas.
  • En el campo deportivo, un boxeador puede descargar su pulsión agresiva sobre su adversario a través de los golpes, conservando el nexo simbólico de la meta primaria de su pulsión destructiva sin la necesidad de reprimirla, porque es un deporte valorado socialmente.
  • Un artista en la realización de sus obras puede transformar sus pulsiones eróticas y destructivas, plasmando sus fantasías y deseos en otras realidades simbólicas, como el teatro, la música, la poesía o la pintura. Un ejemplo de esto es la pintura de Goya: “Saturno devorando a su hijo”.
  • Por último, existe una anécdota del Seminario 11 de Lacan (1964), que ilustra una sublimación de su pulsión sexual a través del habla. Bien dijo el célebre analista: «En otros términos, en este momento no estoy copulando, les estoy hablando y, sin embargo, puedo alcanzar la misma satisfacción que copulando». (p.173)

¿Cuáles son los tipos de mecanismo de defensa?

Un mecanismo de defensa es una operación inconsciente del Yo para poder lidiar con contenidos y representaciones desagradables, evitar el peligro y neutralizar la angustia. Los mecanismos de defensa son activados en función de la angustia que puede atacar al Yo desde tres ángulos: la realidad exterior, las pulsiones internas o las exigencias morales.

El mecanismo defensivo por excelencia es la represión, no sólo porque posibilita los demás, sino que permite comprender la dinámica de lo inconsciente. Los mecanismos de defensa se presentan en el dispositivo analítico en forma de resistencias inconscientes, es decir, de todo aquello que interrumpe el flujo de asociaciones del analizante para obstaculizar la dirección de la cura y el acceso a las determinaciones inconscientes que están en la base de los síntomas.

De acuerdo con Freud, existen cinco tipos de resistencias dentro del dispositivo analítico, tres de las cuales pertenecen al Yo (y operan de forma ICC) y dos que pertenecen al sistema inconsciente propiamente dicho. Estas formas de la resistencia son:

  1. La represión.
  2. La resistencia de la transferencia.
  3. Ventaja de la enfermedad, o el “beneficio secundario de la enfermedad”
  4. La resistencia del Ello, o el automatismo de repetición.
  5. La resistencia del súper yo, es decir, el sentimiento de culpabilidad.

Las resistencias inconscientes

Las resistencias inconscientes puede incluir manifestaciones como el silencio permanente por un “no saber qué decir” Ésta ocurre cuando el analizante afirma que no se le ocurre nada ante la regla psicoanalítica fundamental: “Diga todo aquello que le venga a la maneta, así le parezca que no tenga ningún sentido, le parezca absurdo o incluso le de vergüenza”. Freud interpreta que una de las posibles razones de esta resistencia es el acercamiento al "núcleo patógeno" del conflicto psíquico.

También puede ocurrir por el “amor de transferencia”, lo cual versa en el investir eróticamente la figura del médico. De este modo, se busca sabotear la autoridad del analista reduciéndolo al estatus de un objeto amado. 

También puede ocurrir que el paciente deposite sentimientos hostiles y de desconfianza sobre el analista, restándole importancia a sus interpretaciones y construcciones por el deseo de demostrar superioridad frente aquél, todo lo cual se conoce como “transferencia hostil o negativa”

Otras de las resistencias inconscientes, es “el beneficio la enfermedad”, es decir, que el sujeto se contenta con su lugar de enfermo y le cuesta salir de ese lugar de postergación, lastima, piedad, hecho que lo conduce a percibir la cura como un peligro.

Por otro lado, tenemos la resistencia del ello, que se presenta como una reacción terapéutica negativa, porque el automatismo determina la repetición de experiencias primitivas y el retorno de los significantes que marcan el devenir del sujeto. En el tratamiento, el sujeto tropieza con la “roca viva de la castración”. Lo anterior remite a “la protesta viril” o el rechazo de una posición pasiva frente al analista (en el caso del hombre) y “la envidia de pene” (en el caso de la mujer) que lleva a una rivalidad con el analista, rechazando el tratamiento. Aquí pueden advenir de nuevo los síntomas actualizados, marcados en una dificultad por renunciar a sus respectivas fijaciones.

Por ultimo, está la resistencia del superyó, articulada por una fuerte “necesidad de castigo”. En este caso, el sujeto con frecuencia parte de autoacusaciones y pensamientos negativos sobre el propio self, en relación a cómo se dirige en a la vida, convirtiendo los avances del tratamiento en fracasos.

Los mecanismos de defensa de la personalidad, según A. Freud

Anna Freud define a los mecanismos de defensa como el modo en que reacciona el carácter de una persona para afrontar su vida interna y la realidad exterior ante diversas situaciones estresantes. Para esta autora, ellos producen una alienación del mundo y una debilitación del Yo que dan lugar a la neurosis. Entre los más comunes están:

  • Actuación: consiste en "resolver" a través de acciones (y repeticiones) en la realidad un conflicto interno que la persona no quiere reconocer de sí mismo.
  • Aislamiento: de pensamientos o recuerdos relacionados con experiencias dolorosas. Es característico de la neurosis obsesiva.
  • Conversión sintomática: es un proceso de inervación del afecto sobre el cuerpo una vez que aquel ha sido desligado de las representaciones reprimidas. Es característico de la histeria. Ej: las parálisis sin etiología neurológica.
  • Denegación: la persona trata de negar sus impulsos, experiencias desagradables o incluso datos de la realidad efectiva.
  • Escisión: es un mecanismo primitivo en la constitución del psiquismo: se divide el objeto pulsional en “bueno” y “malo” para hacerle frente a la angustia.
  • Formación reactiva: se trata de dominar un impulso inaceptable a través de una intensificación del contenido del impulso opuesto.
  • Identificación: implica el modo en que el sujeto se identifica con los rasgos de una persona u objeto, para interiorizarlos en sus modos de ser, actuar o pensar.
  • Intelectualización: es el proceso mediante el cual un sujeto justifica emociones, pensamientos y comportamientos inaceptables a través de formulaciones del discurso racional.
  • Proyección: se desplazan sobre otras personas impulsos que son inaceptables para el Yo. De esta forma, se pueden censurar los contenidos internos en los demás sin verlos en uno mismo.
  • Represión: es el "esfuerzo de desalojo" a partir del cual las representaciones penosas son excluidas del sistema consciente.

Cabe destacar que la personalidad no emplea todos los mecanismos, sino sólo algunos de ellos. Más precisamente, aquellos que han sido activados primitivamente en circunstancias estresantes, displacenteras o angustiantes. Sin embargo, según Freud, los mecanismos de defensa quedan fijados al Yo y éste recurre de por vida a los mismos patrones defensivos, algo que puede corroborarse de manera inequívoca en el trabajo psicoanalítico con pacientes neuróticos.

Autor: Kevin Samir Parra Rueda, redactor en la Academia de Psicoanálisis.

Referencias:

  • Chemama, R. (1996).Diccionario del psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores.
  • Freud, S. (2005). Obras completas Tomo III. CXLV. Inhibición, síntoma y angustia. 1926. Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Freud, S. (2005). Obras completas Tomo III. CXCIII. Análisis terminable e interminable. 1937. Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
  • Freud, S. (2007). El malestar en la cultura y otros ensayos. 1929. Madrid, España: Alianza editorial
  • Laplanche, J., y Pontalis, J. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Paidós Ibérica S.A.
  • Lacan, J. (2010). El seminario de Jacques lacan libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis 1964. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
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