Sigmund Freud: Biografía y Obra Parte 1

¿Quién fue y qué hizo Sigmund Freud? ¿En qué consiste su teoría y cuál es su aporte a la Psicología? En este artículo te presentamos la vida y obra de una personalidad brillante que se atrevió como nadie a explorar los misterios más profundos del alma humana.

Sigmund Freud: Biografía y Obra Parte 1
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Extraído del libro: Freud para Principiantes, de Richard Appignanesi y Oscar Zárate. Era Naciente - Documentales Ilustrados. Buenos Aires, 2002.

Transcripto por Guillermo Miatello. Psicoanalista. Director de Academia de Psicoanálisis.

Nacimiento y primeros años: la mudanza a Viena 

Sigmund Freud nace el 6 de mayo de 1856 en Freiberg, Moravia, que actualmente forma parte de Checoslovaquia pero a la sazón pertenecía al imperio austro-húngaro. Sus antepasados eran judíos. Su padre, Jakob Freud (1815-96), era un comerciante de lanas bastante próspero. A los 40 años, cuando ya tenía dos hijos varones adultos y era abuelo, se casó por segunda vez, con Amalie Nathanson (1835-1930). De este segundo matrimonio nacieron ocho hijos. “Sigi” fue el primogénito y el favorito de Amalie.

En 1860, la familia Freud se traslada de modo permanente a Viena, la antigua capital del imperio de los Habsburgo. Los héroes de Freud en su infancia (el antimonárquico Oliver Cromwell y el general cartaginés Aníbal) revelan que sentía un profundo disgusto por la Viena imperial. Austria era católica, romana y antisemita y Aníbal había sido un jefe semítico que luchó contra los romanos. Respecto del ambiente antisemita que se vivía en Viena por aquel entonces, hay una interesante anécdota relatada por Freud en su autobiografía, que tiene como protagonistas a su padre y al propio Freud cuando niño.

La pobreza

En la década de 1890, Viena llegó a ser famosa por su Danubio Azul, el ingenio y la sensualidad de su gente, sus valses y sus cafés…pero tenía otra faceta más sombría: la pobreza. El imperio atravesaba serias dificultades económicas. Los desocupados vivían hacinados en barrios precarios y posadas miserables. En ese contexto crecía un joven pintor, pasando hambre y viviendo en la miseria entre 1901 y 1912: Adolf Hitler.

Estudios

En 1873, Freud inicia sus estudios de medicina en la Universidad de Viena y los termina en 1881. Le lleva tres años más de lo habitual. Le interesan particularmente la histología y la neurofisiología: el estudio científico de los tejidos y de sistema nervioso. Quería ser un hombre de ciencia, no un médico. Uno de sus maestros, el gran fisiólogo alemán Ernst Brücke, fue el fundador del mecanicismo. Esta disciplina proponía que la vida fuese investigada y comprendida mediante los métodos experimentales de la física y la química.

Entre 1876 y 1881, Freud realiza importantes e innovadores trabajos de investigación sobre las células nerviosas. El sistema nervioso de las formas de vida superiores e inferiores está compuesto de la misma sustancia básica. ¿Significa esto que la mente del hombre y de la rana sólo difieren por su mayor o menor complejidad? La respuesta de los mecanicistas es: Sí. En 1882, Freud se sentía satisfecho con los trabajos de investigación que estaba haciendo en el laboratorio universitario de Brücke, pero éste le dio algunos consejos paternales…

Martha Bernays

Había algo más: planes de matrimonio. Freud conoció a Martha Bernays (1861-1951) y se enamoró de ella. En 1882-1885, Freud tuvo que pasar por otro prolongado período de formación en medicina clínica en el Hospital General de Viena, antes de iniciar la práctica privada. Fue ayudante de Herman Nothnagel (1841-1905), profesor de Medicina Interna.

En 1883, Freud trabaja durante cinco meses en una clínica psiquiátrica con Theodor Meynert (1833-1892), la mayor figura de la época en anatomía cerebral y neuropatología. Meynert convenció a Freud de que debía especializarse en neuropatología (enfermedades del sistema nervioso).

La estadia con Charcot

Entre 1885-1886 se le concedió a Freud una pequeña beca para estudiar en París con Jean-Martin Charcot (1825-93), neurólogo de fama mundial que dirigía el asilo de la Salpêtrière. Las ideas de Charcot sobre la histeria no eran nada ortodoxas. 

¿Qué es la histeria?

1. La palabra griega “hystera” significa “útero” o “matriz”.

2. En aquel entonces, se creía que sólo las mujeres tenían síntomas histéricos: parálisis, convulsiones, sonambulismo, alucinaciones, pérdida del habla, la sensibilidad física o la memoria.

3. En otros tiempos se perseguía a las histéricas, considerándolas brujas.

Los especialistas tenían dos puntos de vista radicalmente opuestos:

O bien suponían que la histeria era una “irritación” de los órganos sexuales femeninos y la trataban mediante presión sobre los ovarios, aplicando hielo en la zona, o con operaciones quirúrgicas del clítoris; o bien pensaban que la histeria era obra de la imaginación de las mujeres, una mera escenificación. Charcot rechazaba el diagnóstico tradicional. Para él, la histeria no era una enfermedad imaginaria, sino una neurosis. Tampoco era exclusivamente femenina. 

La histeria desconcertaba a los médicos porque aparentemente sus síntomas no eran causados por ninguna lesión física. ¿Qué es lo que llamaba la atención de ciertas parálisis histéricas? Comenzaban en la yema de los dedos y terminaban abruptamente al llegar hasta los hombros, de un modo muy delimitado. Sin embargo, las parálisis auténticas, por ejemplo, las provocadas por un ataque cerebral, nunca son delimitadas. Pueden extenderse un poco y abarcar el rostro, o la pierna, etc.

Ello lleva a Charcot a concluir que la histeria ignora la anatomía. Se trata de un trastorno funcional más que de un trastorno estructural. Mientras Charcot lleva adelante sus experimentos en La Salpetriére, un joven Freud se empieza a preguntar: ¿Será el síntoma histérico el efecto de una idea?

Hipnosis y Sugestión

Charcot puso de manifiesto la notable semejanza entre el estado histérico y el hipnótico, y señaló que podía utilizarse la sugestión hipnótica para provocar síntomas histéricos, como una parálisis, o bien para modificar o eliminar un síntoma. Teniendo en cuenta que los histéricos eran fácilmente hipnotizables, Freud comenzaba a preguntarse ¿Por qué no emplearla como una terapia?

Freud consideraba la hipótesis de que la histeria fuese, en realidad, psicológica. Charcot era un buen mecanicista: las explicaciones, para él, tenían que ser estrictamente físicas. Es por esto que vedó a Freud formular preguntas psicológicas. Es cierto que la idea de Charcot de que la histeria no necesariamente se vinculaba con los órganos sexuales femeninos fue un avance, pero impidió que Freud se preguntara en ese momento acerca de si ciertos trastornos mentales podrían tener origen anímico.

Los comienzos de su práctica clínica

En abril de 1886, Freud comienza su práctica privada como neuropatólogo y se encuentra con sus primeras pacientes histéricas. El 15 de octubre de 1886, Freud lee en la Sociedad de Medicina de Viena su trabajo sobre “La histeria en el hombre” ante una escéptica y hostil audiencia, que consideraba que “Charcot había llevado a Freud por mal camino”. 

Freud era aún un mecanicista convencido. Su primer libro científico (1891) trató sobre la afasia, una lesión cerebral que afecta la capacidad para el lenguaje; el segundo (1893) fue un tratado sobre la parálisis cerebral infantil. Freud pensaba que la electroterapia no servía, pero a veces operaba gracias al poder de la sugestión. ¿Por qué no aprovechar, entonces, al máximo el poder de la sugestión?

Mientras tanto en Nancy, Francia, había surgido una nueva teoría del hipnotismo que contradecía las hipótesis de Charcot. Establecía que el hipnotismo opera también en las personas “normales”, y que la sugestionabilidad no es necesariamente el signo de que haya una lesión cerebral. La pregunta que se le planteaba a Freud era si la hipnosis sería capaz de curar la histeria de modo permanente.

Freud conoce a Breuer

Alguien más había experimentado en Viena con el hipnotismo: un antiguo amigo de Freud, el respetado médico Josef Breuer (1842-1925). Ya en 1882, Breuer le había contado a Freud acerca de un interesante caso de histeria.

El caso de Anna O. (Berta Pappenheim) y el origen del Psicoanálisis

Anna O. era una mujer inteligente y culta de 21 años. Su crianza estricta le había impedido madurar sexualmente. Sus síntomas eran graves accesos de tos nerviosa, estrabismo, trastornos de la visión y parálisis del brazo derecho y el cuello. También presentaba un extraño problema del lenguaje. Entendía cuando se le hablaba en alemán, pero a menudo contestaba en inglés.

En julio de 1880 su padre cayó gravemente enfermo. Ella lo cuidó día y noche hasta diciembre de ese año, cuando cayó agotada. En ese momento llamaron al Dr. Breuer. La martirizaban sus alucinaciones, que ella llamaba su “teatro privado”.

Al principio pareció mejorar hasta que, en Abril de 1881, su padre falleció. Desde entonces, sus alucinaciones diarias se hicieron más violentas. Por las noches caía en estado de trance y musitaba palabras para sí. Breuer trataba de repetir sus palabras y así logró que ella le cuente sus alucinaciones, tras lo cual Anna salía de sus estados de trance sintiéndose mejor. Pero si no lograba describir lo que alucinaba, pasaba el resto de la noche sumamente angustiada.

Anna llamaba a estos ejercicios “Mi cura de la conversación” o “limpieza de chimenea”. Este tratamiento fue beneficioso para Anna, pero aparecieron nuevos síntomas: uno de ellos fue la hidrofobia. Durante seis semanas, Anna no pudo beber ningún líquido. el solo hecho de alzar un vaso le producía asco.

En uno de sus estados de trance contó que, un día, en el cuarto de una señora inglesa, había visto que su perro bebía agua de un vaso. La cortesía le había impedido decirle nada al respecto, pero sintió un profundo rechazo. Luego de salir del trance, estado en el cual había sido capaz de contar esta situación, Breuer advirtió con sorpresa que bebió un vaso de agua, es decir, su síntoma se había levantado.

El método catártico

Ese fue el momento en que Breuer comenzó a hipnotizar a Anna deliberadamente, es decir, a inducir en ella estados de trance, con la idea de que si ella ponía en palabras las escenas en que sus síntomas se habían producido por primera vez, uno a uno estos síntomas irían desapareciendo. Su hipótesis era que los síntomas se eliminaban recordando sucesos desagradables que habían sido olvidados.

Breuer comenzó a aplicar sus descubrimientos de manera exitosa, lo que le permitió eliminar los síntomas de Anna en los meses subsiguientes. Cuando se decidía a darle el alta y se aprontaba a anunciarle que dejaría de verla, ella entró en crisis…no podía tolerar la idea de separarse de su terapeuta.

Una noche llamaron a Bruer a altas horas de la madrugada a causa de una urgencia relacionada con Anna. Él creyó que había vuelto a tener alucinaciones. Cuando llegó al lugar, ella le dijo que estaba esperando un hijo de él. A fin de evitar contratiempos conyugales, al día siguiente Breuer se fue de viaje con su esposa en una segunda luna de miel, y desistió de tratar a Anna.

Freud consideraba que era necesario investigar el enamoramiento de su paciente sobre el médico como un fenómeno significativo del propio tratamiento. Debió persuadir a Breuer, quien se mostraba renuente, para que trabajaran juntos en un libro: Estudios sobre la histeria, no obstante, nunca pudieron acordar respecto de la importancia de lo sexual en las neurosis.

Estudios sobre la histeria (1895): Ideas fundamentales

Freud y Breuer establecieron que “los histéricos padecen principalmente de reminiscencias”. Esto significa que:

1. Sufren a raíz de recuerdos desagradables y penosos, de naturaleza traumática (la palabra griega trauma quiere decir “herida”).

2. Los recuerdos traumáticos son patógenos, generadores de enfermedad. Esta idea revolucionaria, contraria al mecanismo, implicaba la acción directa de un factor psíquico que influye en los procesos físicos del organismo.

3. Los recuerdos traumáticos no “se borran” como es habitual, sino que siguen operando de manera activa e inconsciente, determinando conductas y síntomas.

4. Para suprimir de la conciencia los recuerdos penosos cargados de emoción, se requiere la acción de un mecanismo de represión, el que actúa en el plano inconsciente de la vida mental.

5. Como los recuerdos inconscientes negativos no pueden expresarse normalmente, su afecto queda inhibido o sofocado.

6. El afecto sofocado “se convierte”, por un estímulo inconsciente, en los síntomas físicos de la histeria.

7. Los síntomas desaparecen con la abreacción, o sea, el proceso de liberar una emoción reprimida ligada a un suceso olvidado. El desafío de la terapia catártica consiste en lograr que el paciente reviva la experiencia traumática original que provocó el síntoma.

8. La terapia es difícil porque todos los síntomas están sobredeterminados, vale decir, son causados por varios fenómenos psíquicos y son característicos de estos.

Sexualidad y neurosis

Para el año 1896, el método catártico parece funcionar bien, pero Freud no está satisfecho aún. Si la histeria es la consecuencia de una defensa contra una idea desagradable y si los síntomas son símbolos de lo que permanece inconsciente, algo más debe existir en relación con las ideas resistidas por las instancias psíquicas superiores.

Es entonces cuando Freud afirma que, en general, las ideas a las que los pacientes se resisten son de tipo sexual. Asimismo, le sugiere a Breuer el hecho de considerar el enamoramiento de Anna hacia él como otro síntoma sustitutivo, del cual debería investigarse la causa.

Cuando Breuer le expresa su desacuerdo, Freud siente que Breuer también se resiste, por lo que al Capítulo n°4 del Libro Estudios sobre la Histeria, lo firma solamente Freud como autor. Posteriormente, la tesis de Freud sobre la etiología sexual de los síntomas histéricos sería la principal causa de su separación y distanciamiento.

De la hipnosis a la "presión sobre la frente"

En vistas de que algunos pacientes no podían ser hipnotizados, y otros sólo se curan de manera temporaria, Freud abandona poco a poco el hipnotismo. Entre los años 1892 y 1896 comienza a aplicar, basado en una técnica perfeccionada por Bernheim, el "método de presión sobre la frente". Por primera vez Freud emplea un diván. Apoya su mano sobre la frente del paciente mientras le formula preguntas, logrando que el paciente se concentre sin recurrir al hipnotismo.

La teoría de la seducción

Reiteradas experiencias con sus pacientes llevaron a Freud a proponer la teoría de la seducción:

1. Los recuerdos reprimidos revelaban casi siempre que el niño había sido seducido o vejado sexualmente por uno de sus progenitores u otro adulto.

2. Este suceso traumático de la infancia opera con retraso. El recuerdo reprimido se convierte en una idea patógena capaz de causar síntomas histéricos recién después de la pubertad.

El origen del Psicoanálisis

En el año 1896, Freud comienza a emplear el término Psicoanálisis, con un objetivo modesto: convertir el padecimiento neurótico en un infortunio común. Renuncia a la técnica de la presión sobre la frente advirtiendo que sus preguntas perturban el "libre fluir" de pensamientos de sus pacientes.

Cae en la cuenta de que los pacientes deben sentirse libres, no urgidos ni censurados...sino decir la primera cosa que se les ocurra, lo que se constituirá luego en la regla psicoanalítica fundamental: -hable.

Un importante avance humano

1. Charcot dio un primer paso hacia un tratamiento más humano de las neurosis.

2. Pero la hipnosis, y aun la técnica de la presión sobre la frente, eran todavía arbitrarias y autoritarias.

3. La técnica de la asociación libre para el recuerdo de los sucesos traumáticos era totalmente nueva y revolucionaria. La clave de los síntomas neuróticos estaba en el inconsciente del propio paciente. Él no sabe lo que tiene reprimido allí y, sin embargo, únicamente él puede conducir al terapeuta a su descubrimiento y su consecuente alivio. Tanto el paciente como el médico deben emprender esta búsqueda.

4. Sin embargo, el paciente opondrá resistencia y se mostrará menos dispuesto a cooperar a medida que surja material desagradable. La experiencia clínica del médico se torna entonces importante.

5. Se justifica seguir al neurótico en este deambular a ciegas porque la resistencia no es sino una tentativa de postergar el surgimiento del material reprimido. Por más que los caminos que sigan sean sinuosos, todos ellos se conectan con dicho material.

La relación Freud-Fliess

Por estas épocas, la única persona dispuesta a escuchar a Freud era Wilhelm Fliess (1858-1928), un otorrinolaringólogo de Berlín. Se encontraban con frecuencia e intercambiaron una abundante correspondencia entre 1893 y 1902.  "Los demás médicos se muestran hostiles a mis ideas. Tú eres mi curador y único público", llegó a escribirle.

Freud padecía una serie de síntomas neuróticos. Adicción al tabaco, fuertes y persistentes dolores de cabeza, algunos síntomas cardíacos y cada tanto ataques de angustia de muerte. Asimismo, sentía dudas y sufría por el poco éxito social de sus ideas, que por entonces no le reportaban mucho económicamente. Asimismo, cabe tener presente que a los 40 años, Freud tenía que mantener a su esposa y sus 6 hijos, sus padres y hermanas.

Sus distracciones eran pocas: jugar a las cartas algún sábado a la noche, caminar por el campo, recoger hongos silvestres y coleccionar antigüedades.

La interpretación de los sueños

El 23 de octubre de 1896 muere el padre de Freud. En este período de crisis y autoanálisis, Freud comienza a escribir La interpretación de los sueños. Freud sintió que la muerte de su padre lo dejó sin raíces, paralizado por penosos sentimientos de amor y hostilidad.

He aquí uno de los sueños del propio Freud relatados en dicha obra. "Estoy en la estación ferroviaria en compañía de un señor mayor; ideo un plan para pasar inadvertido, y en el mismo momento lo veo cumplido. Él se finge ciego, al menos de un ojo, y yo le pongo delante un orinal. Soy entonces un enfermero...veo plásticamente la posición del otro y su miembro que orina".  Aquí Freud se despertó con ganas de orinar.

¿Cómo intepretó Freud este sueño? Cuando tenía 7 u 8 años, Freud se había orinado en la habitación de sus padres, hecho frente al cual el padre de Freud exclamó: - ¡Dios mío, este chico nunca llegará a nada". Eso, señala Freud, tiene que haber sido un profundo agravio a su ambición.

De hecho, Freud había reconocido en algunos casos de neurosis la íntima relación entre la enuresis (mojarse en la cama) y la ambición. "Es como si en mi sueño de la edad adulta yo le dijera a mi padre - Mira, no obstante, ¡he llegado a ser algo! El hombre mayor es mi padre... la ceguera de un ojo indica el glaucoma, que él tuvo de un solo lado... con el glaucoma le recuerdo mi descubrimiento de la cocaína, que lo alivió en la operación. Así, cumplo uno de mis deseos. Además, me burlo de él. Como está ciego, debo sostenerle delante el orinal. El "pasar inadvertido" alude a mis descubrimientos sobre la histeria, de los que estoy orgulloso."

Otro fragmento de La interpretación de los sueños.

"Otro recuerdo de mi infancia: en el viaje en tren que hicimos a Leipzig en 1860, vi a mi madre desnuda. Varios años después tuve un sueño de angustia. Mi madre, con una expresión de extraña calma en su rostro, era llevada a su cuarto y depositada en el lecho por unos personajes con pico de pájaros. Desperté llorando y me fui corriendo hacia mis padres.

(...) Las figuras con pico de pájaro las tomé de las ilustraciones de la Biblia de Philippson; eran dioses con cabeza de gavilán, del bajorrelieve de una tumba egipcia. Fue un chico llamado Philipp el que me enseñó la palabra vulgar para el coito, voglen, derivada de cogel, que significa ´pájaro´. La expresión de mi madre estaba copiada del semblante de mi abuelo, a quien vi resollando en coma antes de su muerte. Mi angustia por la muerte de mi madre esconde un deseo de muerte contra mi padre. Este sueño contiene el clásico deseo del niño: dar muerte al padre y tener relación sexual con la madre.

¿Parece acaso una idea repugnante? Piénsese en los mitos y leyendas de las culturas antiguas. Saturno devoró a sus hijos por temor a que lo destronaran como rey de los dioses. Su hijo Zeus lo castró y ocupó su lugar. Asimismo, podríamos preguntarnos: ¿Por qué existe el quinto mandamiento?"

Como paradigma de la conflictiva edípica que se hallaba en vías de descubrir, Freud presenta un caso de uno de sus pacientes.

Un caso de neurosis obsesiva

Ernst Lanzer (El hombre de las ratas) era un joven universitario y culto que al acudir a Freud, presentaba una fuerte sintomatología obsesiva. ¿En que consistía? Básicamente, en ideas y pensamientos hostiles, recurrentes y absurdos que recaían sobre las personas más allegadas a él.

Sentía una profunda angustia. Entre otras cosas, no podía salir a la calle porque tenía miedo de asesinar a las personas con las que se encontrara, y pasaba todo el tiempo buscando coartadas para el caso de que lo acusen de haber matado a alguien.

Freud deduce de esto que él no quería matar a todas las personas, sino a una sola. Y que lo que el paciente llama coartada es, en realidad, una defensa contra un asesinato que el paciente ya cometió en lo inconsciente...o que le gustaría haber cometido. Frente a esto, el paciente le cuenta que cuando tenía 7 años quería que su padre se muriera, y que hace poco había muerto de una penosa enfermedad.

Todo esto le recordó a Freud Freud la antigua leyenda griega de Edipo, y lo llevó a concluir que el incesto y el parricidio son deseos se remontan a la infancia y que persisten en la vida adulta desfigurados y desplazados, constituyendo el núcleo de los síntomas neuróticos.

Continuará...

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