Totalitarismo y Psicoanálisis

¿Qué tiene el psicoanálisis para decir acerca de los procesos totalitarios? ¿Cuáles son los elementos inconscientes que intervienen en el manejo de las masas por parte de un líder carismático? En tiempos de dictaduras y populismos alrededor del globo, se vuelve indispensable retomar estas preguntas.

Totalitarismo y Psicoanálisis
En este artículo encontrarás:

Psicología de las masas y análisis del yo

Las principales aportaciones de Freud sobre el liderazgo proceden de las obras de análisis de la cultura, (“Psicoanálisis de las masas”, “El malestar en la cultura” y “Tótem y tabú”) donde destaca cómo el líder encarna los valores de la colectividad. El individuo desea parecerse al líder, ser amado por él y estar con él. En función de estos valores y animado por la fuerza pulsional existente en el grupo, este será capaz de hacer sacrificios importantes que por sí sólo nunca haría.

Los miembros de este grupo ubican en el mismo objeto el lugar del Ideal (identificación vertical) y luego se identifican horizontalmente entre sí en su yo (fraternidad). El Ideal tiene la función de atemperar y apaciguar las relaciones. En este ideal no se trata de un sucesor del padre del Edipo, la familia o de la ley, sino del padre de la horda (primitiva) quien, en el mito freudiano, tenía acceso ilimitado a las mujeres.

Freud, en su artículo Psicología de las masas y análisis del yo afirma que las masas son asociaciones de individuos que se manifiestan con características bárbaras, violentas, impulsivas y carentes de límites, en las que se echan por tierra las represiones. Son grupos humanos hipnotizados, con bajo rendimiento intelectual y que buscan someterse a la autoridad del líder poderoso que las domina  por sugestión.

Se trata allí de una constitución libidinosa producida por la identificación al líder, en la que una multitud de individuos pone en el mismo objeto (el líder) el lugar del ideal del yo, operador simbólico que sostiene la identificación de los yoes de los miembros entre sí. Por lo tanto, dos operaciones constituyen y caracterizan a la masa: idealización del líder e identificación con el líder y entre los miembros.

A partir de la Introducción del Narcisismo, Freud articula identificación y amor y confiere a éste la estructura de un engaño fundamental. Como consecuencia de la identificación y la idealización se desprende el estado de hipnosis que produce, tal como expresa Lacan, fascinación colectiva y una pasión: la del Uno que uniformiza y excluye.

Así pues, Freud vio en la psicología de las masas al rebaño, un prolegómeno del totalitarismo. Una formación de tal índole está ligada con la religión, en la cual el líder es una imagen-ídolo que se adora. El amor en este sentido enceguece y tiende a pacificar las relaciones, encubriendo el conflicto o el desacuerdo.

Psicoanalisis y Totalitarismo

Acerca del totalitarismo

Los líderes autoritarios, ejercen cierta atracción sobre las masas, y ello porque si el lazo de autoridad responsabiliza, el lazo de autoritarismo, en cambio, desresponsabiliza. Hay una gradiente relación entre inseguridad subjetiva y autoritarismo. A mayor inseguridad subjetiva -ya por razones internas: inhibición, temor, debilidad, culpabilidad, etc., ya por externas: crisis socioeconómicas, amenaza bélica, catástrofes- mayor tentación a ponerse en manos de alguien que se ofrece como salvador, lo cual incrementa la relación de autoritarismo.

El autoritarismo es una tendencia general que prima en algunos sujetos de colocarse en situaciones de dominación o sumisión frente a otros. El sujeto sometido al autoritarismo está dominado por la precariedad subjetiva de su deseo y por un profundo sentimiento de culpa que acrecienta su tendencia al sometimiento, la cual se apoya en la dificultad para sostener una posición de "responsabilidad" con ellos y sus semejantes.

Desde esta posición "cómoda", la solución a las dificultades que plantea la vida debe provenir de un 'iluminado', de un ser 'especial', de un 'salvador': la idea del líder aparentemente ofrece la seguridad y también la severidad asociadas desde Freud con el padre.

Freud y los procesos totalitarios

La posición de Lacan

Según Lacan en el ámbito social comprobamos cómo los fenómenos de masa dan cuenta del poder del discurso. La multitud se deja llevar por aquellas palabras que consuenan con las fantasías presentes en la realidad psíquica de cada sujeto. Desde distintas disciplinas se ha estudiado la figura del líder y sus efectos sobre las masas que, no pudiendo vivir sin la figura del amo, muestran una verdadera sed de obedecer.

Ahora bien, la enorme complejidad de los procesos de identificación no puede ser concebida mediante una sencilla topología que separa lo interior de lo exterior. Algo así como “mi yo interno y las influencias que me llegan del exterior familiar o social”. Lacan acuñó el neologismo “extimidad” para dar cuenta de la excentricidad de uno consigo mismo.

Pareciera que en esta clase de procesos autoritarios el sujeto está gobernado desde el exterior, cuando es el interior quien comanda. En efecto, se trata de pensar la noción de inconsciente como un interior externo y desconocido, una especie de Alien que nos habita, más Otro que ningún Otro y más intimo que mi propio yo.

Lacan, para construir la unión social, no parte de la identificación al líder como Freud, sino de un primer rechazo del «instinto». No es una adhesión positiva a los ideales explícitos encarnados por el líder sino más bien una inscripción apresurada y ciega en una comunidad de semejantes que no se sabe lo que es. Es un “no sé lo que es esto, pero yo formo parte”. Un salto al vacío. La angustia del rechazo del grupo es más fuerte que el miedo a la muerte y provoca una docilidad que puede conducir a un individuo a su propia muerte.

La masa homogeneizada funciona sugestionada y persuadida de que el líder tiene lo que puede completarla. De este modo, ella se asegura poniendo en juego dos pasiones: la satisfacción narcisística del “uno del amor” y la de la ignorancia de lo que falta.

Afirma Lacan: “esto le permitirá sostenerse en una situación dual satisfactoria desde el punto de vista del amor”. La identidad alcanzada por la masa se sostiene exclusivamente en el Ideal y lo especular. Este fenómeno no constituye una modalidad discursiva de lazo social, sino que se puede describir como un montón de gente seriada, indiferenciada y unificada por identificación y obediencia al líder. El sujeto de la masa es pasivo, servil y sugestionado, su yo empobrecido revitaliza la vieja retórica moralizante y predestinada.

La dictadura y el totalitarismo desde el psicoanálisis

El sujeto de la masa

La masa es poco proclive a la reflexión intelectual, lo que hace que se traduzca en violencia su accionar.

Le Bon señala las causas que determinan las características de las masas, que no las contienen los individuos aislados:

  • El sentimiento de un poder invencible determinado por el número. El anonimato favorece, en este caso, a la fuerza.
  • El contagio, que se explica como un fenómeno de un estado hipnótico.
  • La sugestionabilidad, producida por la fascinación.

La multitud es autoritaria en tanto conjunto de fuerza, necesita un Amo a quien temer y tiene un respeto fetichista a las tradiciones con una reacción de temor y hasta de horror a lo nuevo. A pesar de que Freud tiene una lectura atenta y reflexiva y de coincidencia con los aportes psicológicos de Le Bon, también marca algunas diferencias señalando que no toda masa lleva a fines complejos.

Es necesario distinguir algunas apreciaciones: si bien es cierto, nos dirá, que las grandes creaciones del pensamiento, los descubrimientos capitales y los avances sobre soluciones a problemas complejos son obra de los individuos que trabajan en soledad, hay grupos humanos que conforman movimientos sociales que producen cambios importantes.

Para ello llama a otro autor, William MacDougall, quien va a distinguir aquél fenómeno de los miembros accidentalmente reunidos, o los grupos humanos que constituyen masas estables en asociaciones permanentes, de la masa con organización rudimentaria.

En definitiva lo que hace a la posición de la masa es: la conjuga­ción de individuos + una organización rudimentaria + un mismo interés + un mismo objeto + los mismos sentimientos + la influencia entre unos y otros; es decir, cuanto más enérgica sea la homoge­neidad mayor será el sentimiento de voluptuosidad en la entrega.

O sea que lo que define uno u otro lugar en la reunión de los seres humanos, es su posición de objeto de goce pasivo a la voluntad del deseo del Otro. La masa, de este modo, reencarna a la auto­ridad del Otro sin castración que otrora le concediera a Dios o al Padre idealizado, a quienes temía y de quienes recibiría el castigo por la satisfacción de pulsiones prohibidas.

Produciendo una inver­sión, subvierte el orden sin renunciar al ideal imaginario: ahora, es la masa quien es temida por su poder ilimitado y hasta por su violencia, y envidiada por hacer cesar las inhibiciones y prohibi­ciones de quienes la componen. Se vuelve atractiva para el resto por conseguir el levantamiento de la censura para hacer lo que de otro modo jamás podría hacer.

El sujeto de la masa se hace presente sólo como objeto amado, no se produce allí el efecto metafórico que pone en juego la falta. En la masa, construcción de uno sin resto, el sujeto se ofrece allí como objeto amado, desamparado, sometido a un amo o maestro que ilusoriamente tiene lo que le falta y que articula ideales, ideologías preconcebidas e imperativos.

El amor al líder es base y condición de la construcción, amo de la palabra, único con voz y voto. Desde el lugar del Ideal, el líder de la masa, expresa demandas que funcionan como imperativos o mandatos a obedecer; por esta razón él se convierte y encarna al superyó en tanto imperativo kantiano, ley moral. Tanto Freud como Lacan enseñaron que cualquier formación social organizada fundamentalmente por el superyó lleva al malestar, la culpa, el autocastigo, el padecimiento y la agresividad.

Autor: Joan Gonzalez Ballarin. Alumno de la Academia de Psicoanálisis Madrid SL.

Bibliografia:

1. FREUD, S. (1914) “Introducción del Narcisismo”. En Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1986..

2. FREUD, S. (1921) “Psicología de las masas”. En Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2006.

3. FREUD, S. (1927) “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2004.

4. LACAN, J. (1975) “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”. En Escritos, México, Siglo XXI, 1984.

 5. LACAN, J. (1975) “La dirección de la cura”. En Escritos, México, Siglo XXI, 1984.

6. SOLER, C. (2009) La querella de los diagnósticos, Buenos Aires, Letra Viva, 2009.

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