Una aproximación a la idea de Dios en psicoanálisis

¿Alguna vez has pensado cómo surge la noción de la divinidad en el pensamiento occidental? ¿Cuál es su relación con nuestra alma? Lo divino condensa una serie de representaciones que apuntan a una verdad psíquica. Entérate de qué se trata...¡Haz click y lee este artículo!

Una aproximación a la idea de Dios en psicoanálisis
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Introducción: Origen Clásico de la idea de Dios

El paso del mito al logos, concepción central en la historia de la filosofía, articula las ideas racionales como aquellas que necesitan demostración. Casi siempre esta demostración asume criterios tautológicos como los contenidos del logos puro, criterios éticos o incluso estéticos. 

Parménides de Elea, padre del pensamiento analítico-racional puro, al enunciar “el Ser es; el no-Ser no es”, adjudicó la inmovilidad al ser, a la substancia, a lo subyacente. Toda la ontología subsiguiente se hizo eco de la permanencia de aquello que existe en ultimidad; cosa no menor en el pensamiento occidental.

Así, Anaxágoras concebía que en la naturaleza se daba un cierto ente ordenador, llamado ‘nous’. Éste operaba sobre el devenir de la naturaleza, in-formándola, moldeándola, imprimiéndole su configuración diríamos racional, inteligible.

Para Sócrates ciertamente existía una divinidad con carácter imperativo, un demonio (‘daimonio’), que regía su comportamiento moral e intelectual, los cuales ejercía para beneficio de la Polis.

Platón, su discípulo, compactó a su manera ecléctica la idea de nous con la idea moral socrática de divinidad, y así es como nace el Demiurgo: un ente que ciertamente informaba, imprimía formas (‘eidos’) en la naturaleza material y la concepción de las mismas al alma humana, garantizando a través de la anamnesis un conocimiento de lo verdadero a través del ejercicio racional del alma.

Pero ya es con Aristóteles cómo la idea de lo divino adquiere un cariz realista, desbrozado de funciones subjetivas. Éste dios en sí era la causa primera de la totalidad de lo real, en un primerísimo momento, donde ya luego se separaba del mundo al que le imprimió movilidad, conservándose distante en su actualísima sustancia. Cosa no menor, pues su teoría influyó en la teología medieval y moderna.

Dios extra filosófico

La idea filosófica de la divinidad, como todas las ideas, progresó en contenidos y funciones hasta convertirse en idea-fuerza, esto es, idea operatoria en la esfera práctica que permitiría garantizar el desarrollo de la civilización, con repercusiones en la vida anímica a través de la religión y la represión de las pulsiones perversas, como bien nos lo recuerda Freud (1907): “No es quizá, por tanto, una casualidad que a los dioses antiguos se les reconocieran, sin limitación alguna, todas las cualidades humanas —con los crímenes a ellas consecutivos—, ni tampoco una contradicción, el que a pesar de ello no fuera lícito justificar con el ejemplo divino los crímenes propios”. (p.1.342)

Lo divino no era solo ordenador sino creador, la ousia o sustancia era comunicada de su eterna existencia a la finita existencia de las criaturas, con los criterios de ordenación y ubicación subjetiva, hasta influir en el sacrificio de animales, rituales del dolor u ofrendas vegetales en un ceremonial particular.

En el mismo orden del discurso, se le adjudicó a Dios el carácter de autoridad y poder del mundo metafísico (Dios único y omnipotente) y del mundo social-político. Así, en la edad media y moderna, se pensó que la legitimidad en la concepción del derecho divino y de la política de los hombres venía solamente emanada de El.

Sin embargo, cuando el relato divino no pudo capturar en términos de verdad científica la explicación de múltiples parcelas de la realidad, la objetividad de Dios como creador y ordenador, fue sustituida por la necesidad del mundo de la objetividad mundana, de la mano del saber matemático. De ésta manera, Dios sólo podía subsistir en el mundo de la subjetividad.

¿Motérialisme de la idea de Dios?

El repunte definitivo de la objetividad de la idea de Dios, o lo divino como objeto, fue esgrimido por la Substancia (Dios sive Naturaleza) de Spinoza. Este Dios es en sí mismo, sin funcionalidad ni finalidad fuera de la obediencia a las leyes de su propia naturaleza, sea esto la Naturaleza sujeta a las propias leyes de funcionalidad causal emanadas desde sí misma, en su pluralidad e inconmensurabilidad.

Lo que se sigue de Dios es la totalidad de todo lo real, en sus «concordancias, diferencias y oposiciones», es decir, la infinitud de lo real se abre en múltiples interacciones de generación y destrucción (composición y choque) no siendo posible, por inconmensurable, la aprehensión de su infinitud.

Sólo se puede percibir de manera confusa, oscura, subjetiva, una parte de la cadena de interacciones de lo divino en la cual estamos insertos como «cosas entre cosas» (sin ningún privilegio antrópico) cuya percepción se da a través de la imaginación, con las distorsiones que el lenguaje le imprime a aquello que se le denomina realidad. Así, la carga veritativa de lo divino es un producto directo del lenguaje.

Perspectiva de Dios en psicoanálisis

Vemos, por tanto, que si como nos dice Lacan: “la verdad tiene estructura de ficción”, la idea de Dios al asumirse como verdad racional no dispensa de elementos míticos, como también ésta idea se inscribe en la concepción de “origen”.  Mostramos, además, como no se verifica ese tránsito del mito al logos, siendo dicho logos una expresión más del mito.

Dios en psicoanálisis tiene una función de resguardo y garantiza una suerte de estabilidad ante las grandes frustraciones de la vida. La divinidad constituiría una restauración que por vía regresiva nos conlleva a la sensación de protección que tuvimos en la infancia por nuestros padres a quienes admirábamos por su fortaleza, sabiduría y bondad. Siguiendo a Freud (1910): “El Dios omnipotente y justo y la bondadosa Naturaleza se nos muestran como magnas sublimaciones del padre y de la madre, o mejor aún, como renovaciones y reproducciones de las tempranas representaciones infantiles de ambos”. (p. 1.611)

En este sentido, la idea de dios personal está íntimamente vinculada con el “complejo paterno-materno” de la niñez, pues sería una reedición del mismo en la vida adulta y la fuente del sentimiento religioso. Bien afirmó Freud (1914): “la propia figura de Dios no es sino una exaltación de esta imago paterna, tal como se da en la más precoz vida psíquica infantil” (p.1.893)

Pincelazos Lacanianos sobre la idea de Dios en psicoanálisis

Podemos pensar que hay un saber no sabido (Inconsciente) que es operativo por el mero hecho de que hay articulación entre significantes. De allí que Dios sea también un sujeto del lenguaje, es decir, un efecto de sentido entre lo imaginario, lo simbólico y lo real -imposible de enunciar. Con ello aprehendemos que al igual que el Ser, hay dios, pero los hay no en un sentido pleno u óntico. 

Por ende, como “la verdad es inseparable de los efectos del lenguaje” (Sem 17, p.65), la verdad y dios son inseparables del inconsciente; pero la problemática neurótica precisamente aflora al pensar que hay garantías absolutas en Él, quien funcionaría como un “Otro del lenguaje”. 

Así, dios parecería ser una cristalización de una identidad extralingüística, sintetizada en la fórmula del principio de identidad: “A=A” -“Yo soy el que Soy” (יהוה) YHVH- que impediría hacer lugar a la metáfora, pues la identidad remitiría a un sentido absoluto, excluyendo la barra del Significante/significado.

En este sentido, el mérito que tiene el discurso de la histérica es precisamente mantener la pregunta por la relación sexual, es decir, mantener “la fantasía de completud” que hay por lo menos UNO (Dios) que sabe y tiene garantías sobre la existencia, más allá del lenguaje porque “Es el que Es”.

En síntesis, Dios en psicoanálisis tiene la función del sujeto supuesto saber, o en otros términos: sería el Saber no sabido al que se le adjudica un sujeto; una creación de los impulsos psíquicos, con el objeto de resguardar el principio de placer ante las grandes adversidades de la vida.

Dios en el discurso neurótico y psicótico

Como bien apunta Lacan, la neurosis tiene una estructura de pregunta (Sem 4, p.393), por ejemplo, en la histérica ronda sobre la sexualidad ¿Qué quiere decir ser una mujer? Y en el obsesivo por la existencia ¿qué es existir? Dichas preguntas apelan al deseo del Otro: ¿qué tengo que ser para que ese Otro - Dios, me ame y me resguarde?

En un modo directo, la idea de dios promueve la fantasía de un ente observador: de un juez implacable que si bien responde al deseo en términos de un “deber”; al mismo tiempo culpabiliza al Sujeto. Así el neurótico queda en la dinámica de un “medio hacer” respecto a la demanda; cediendo a un Otro la producción de su verdad particular.

No es de extrañar que el mito de Moisés se eleve a una categoría de discurso universitario, donde la religión judeo-cristiana pretende responder universalmente al enigma sobre la “Verdad última” de la existencia, con el fin de sostener el principio “amo” de identidad ¿cuántas peregrinaciones y hasta sacrificios se han hecho para sostener a los dioses?

Como observamos, en la neurosis o en la religión, se puede hacer de la noción de Dios(es) una fantasía y, como bien apuntó Freud, ella es el peldaño de la formación de los síntomas neuróticos. Ahora bien, la psicosis es un modo diferente de establecer un vínculo con la realidad, donde no hay distinción de los 3 registros. ¿Hay en la psicosis chance para la pregunta por el deseo?

Al observar el delirio paranoico y las psicosis alucinatorias, podemos pensar que en lugar de una pregunta, viene ya una respuesta en forma de certeza, como por ejemplo la certeza catastrófica que desmiente otras posibilidades del bien decir. No en vano afirma Jaime Szpilka: “Cuando se hace pareja con Dios, la pregunta siempre falta”.

Autor: Kevin Samir Parra. Psicólogo. Redactor en la Academia de Psicoanálisis, Madrid S.L.


Referencias:
- Freud, S. (2005). Obras completas. Tomo II. XXXIV Los actos obsesivos y las prácticas
religiosas. (1907). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
- Freud, S. (2005). Obras completas. Tomo II. L Un recuerdo infantil de Leonardo da
Vinci. (1910). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
- Freud, S. (2005). Obras completas. Tomo II. LXXVIII. Sobre la Psicología del Colegial.
(1914). Buenos Aires, Argentina: El ateneo editorial.
- Lacan, J. (2008). El seminario de Jacques Lacan. Libro 4: La Relación de Objeto 1956-
1957. Argentina: Paidós.
- Lacan, J. (2008-1969). El seminario de Jacques Lacan. Libro 17, El reverso del
psicoanálisis.1969-1970. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
- Material aportado por la Academia de Psicoanálisis (Módulo II).

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